¿Quién inventó el fin de semana?

La creación del concepto «fin de semana» como momento de reposo semanal surge como consecuencia de la industrialización y el auge del capitalismo a partir del siglo XIX.

El fin de semana, ese momento en el que recuperamos fuerzas después de una semana de trabajo, parece haber estado siempre ahí. Sin embargo, su génesis es más reciente de lo que pudiera parecer. Para trazar su origen, debemos remontarnos al siglo XIX y al apogeo del proceso de industrialización en la Europa occidental. En las fábricas que proliferaban en las ciudades se exigía que los trabajadores dedicasen largas jornadas a sus tareas, en prejuicio del tiempo familiar y de reposo. El descanso se reducía a un único día a la semana que, por lo general, coincidía con el domingo, una costumbre derivada la tradición cristiana.

Ante lo que se consideraba un abuso, la organización interna de los trabajadores y el incipiente sindicalismo empujó a protestas y huelgas que exigían más tiempo de descanso. Desde grupos sindicales como la Early Closing Association británica, se propuso que se cerrasen las fábricas en el mediodía del sábado para que los trabajadores pudiesen reposar, practicar actividades al aire libre o cultivarse intelectualmente. Por otro lado, en Gran Bretaña los artesanos y trabajadores especializados solían reservarse el lunes para prolongar el descanso iniciado el domingo. Después de una intensa semana de producción continuada, ese día extra les ayudaba a recuperarse físicamente para retomar sus actividades productivas.

Los descansos del lunes, además, llevaron a que salas de conciertos y teatros, por ejemplo, ofrecieran espectáculos para que los trabajadores pudiesen disfrutar al máximo de esos días semanales de asueto. Se organizaban partidos de fútbol y se ofrecían billetes de tren a tarifas reducidas para animar a los excursionistas a desplazarse a otras localidades. Por otro lado, en los Estados Unidos los obreros también exigieron el sábado como día de descanso, que coincidía con el Sabbat de la tradición judía. De todas estas luchas, reivindicaciones y costumbres practicadas en los contextos de la producción industrial del siglo XIX nace la semilla que dará pie al establecimiento del fin de semana como período de descanso.

Café teatro
Imagen: Wikicommons

Desde el ámbito religioso también se presionó para que se ampliase el período semanal de descanso de los asalariados. Con el objetivo de incentivar que los fieles asistiesen a la iglesia durante el domingo, se propuso que se fijase el sábado como día extra de descanso en lugar del lunes. Los sindicatos, por otro lado, exigían que se regulasen los períodos de reposo desde la ley y a través de convenios, y no desde las prácticas consuetudinarias, más propensas a la laxitud. Aunque las presiones sindicales por mejorar las condiciones laborales consiguieron reducir la jornada laboral y asegurar para los trabajadores un descanso regular, para llegar al asentamiento del fin de semana como concepto habría que esperar al cambio de siglo. Hacia finales del siglo XIX se extendió de manera homogénea la práctica del descanso del sábado en las fábricas, pero el reconocimiento del fin de semana de 48 horas llegó en pleno siglo XX. El sindicato nortemaericano Amalgamated Clothing Workers of America fue uno de los primeros en lograr en 1929 la reducción de la semana laboral a cinco días y, por tanto, el reconocimiento del fin de semana como momento de descanso por derecho.

Por otro lado, los empresarios y dueños de fábricas se hicieron conscientes de que, si disponían de más tiempo libre, los operarios consumirían más bienes, incluidos los producidos en las industrias en las que ellos mismos trabajaban. Henry Ford, fundador de la compañía de automóviles americanos Ford, se cuenta entre los primeros que, a principios del siglo XX, liberó a sus asalariados del trabajo durante el fin de semana con esta idea en mente: hacer que sus subordinados dispusieran de tiempo de ocio para comprar y conducir los vehículos producidos en las cadenas de montaje de sus propias fábricas. Fue así como, a través de las reivindicaciones sindicales, el trabajo de las empresas de ocio por ofrecer actividades lúdicos a los obreros  y el interés de propia patronal por empujar al consumo a sus trabajadores contribuyeron a la institución del fin de semana.

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Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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