¿Quién fue la primera persona en saltar en paracaídas?

El francés André-Jacques Garnerin fue el primer paracaidista.

 

¿Alguna vez has soñado con volar? Posiblemente sea una de las fantasías más recurrentes en el imaginario del ser humano. Desde la antigüedad hemos intentado desentrañar el misterio del vuelo. Solo que algunos artífices se atrevieron a más, realizando cálculos para, al menos, lograr descender desde grandes alturas sin sufrir ningún daño. Estas ideas forman parte de la historia de la invención del paracaídas, un artilugio para que un hombre pudiera saltar al vacío sin miedo a morir. Tenemos intentos y esbozos antiguos, pero no fue hasta finales del siglo XVIII cuando se materializó con éxito el primer salto en paracaídas.

Desde China al Renacimiento italiano

En el antiguo imperio chino había acróbatas que realizaban espectáculos ante las autoridades del momento. Estos especialistas utilizaron grandes sombrillas confeccionadas con papel y bambú para sostenerse más tiempo en el aire durante sus ejercicios.

La España musulmana tuvo un auge cultural y científico del que emergieron grandes pensadores, inventos e innovaciones en diversos ámbitos como la higiene, la medicina, la filosofía y las matemáticas. En al-Ándalus tampoco se olvidaron del sueño de poder volar y a mediados del siglo IX, Abbas ibn Firnas probó en Córdoba una capa enorme que hiciera las veces de paracaídas. El prototipo estaba muy lejos del artilugio que conocemos hoy, pero al menos fue lo suficientemente efectivo como para no costarle la vida su experimento.

Sin duda, una de las épocas más fructíferas en cuanto a desarrollo de ideas sobre todo tipo de inventos fue el Renacimiento. En las últimas décadas del siglo XV, los eruditos italianos nos dejaron multitud de bocetos, diseños, cálculos y teorías acerca de inventos adelantados a su época. Esbozos de mecanismos y artefactos que a la vista de nuestros ojos actuales parecen sacados de una película steampunk. Uno de los personajes más productivos fue Leonardo da Vinci, de cuyas manos podemos ver un diseño de paracaídas con forma piramidal. Lo acompañó con cálculos que decían:

“Si se provee a un hombre con una tela pegada de lino de 12 yardas de lado por 12 yardas de alto, éste podrá saltar de grandes alturas sin sufrir heridas al caer”.

El 26 de junio del año 2000, el británico Adrian Nicholas tuvo la osadía de llevar a la práctica el ensayo teórico de Da Vinci. Saltó desde un globo aerostático a unos tres mil metros de altura y desplegó el paracaídas diseñado por da Vinci cinco siglos antes. Funcionó.

El primer paracaidista

Podríamos asegurar, por tanto, que da Vinci fue uno de los primeros inventores del paracaídas. Pero estamos buscando al primer hombre conocido que saltó con éxito desde gran altura y aterrizó sin dañarse gracias a la unión de tela y cuerdas.

A este pionero hay que buscarlo en la Francia de finales del siglo XVIII. En 1783, los hermanos Montgolfier inventaron el globo aerostático. Este logro incentivó a varios franceses a continuar indagando acerca de la aerodinámica y las opciones si no de volar, de planear suavemente. Louis-Sébastien Lenormand fabricó lo que él llamó parachute, del griego “para” (contra) y del francés “chute” (caída). Consistía en una tela de lana de dos metros de diámetros atada con doce cuerdas recogidas en una anilla de la que Lenormand se sujetó y saltó desde el observatorio de Montpellier, a una altura de 26 metros.

Pero se considera que André-Jaques Garnerin fue el primer paracaidista de la historia. A este francés de la atribuye la invención del diseño definitivo del paracaídas. En 1797, Garnerin construyó una cúpula de seda de siete metros de diámetro sujeta a una cesta mediante un bastón central y doce cuerdas atadas alrededor del perímetro de la tela. En el parque parisino de Monceau, Garnerin subió con la ayuda de un globo de hidrógeno hasta los 900 metros:

“Cortó el cabo, el globo explotó y el paracaídas descendió rápidamente, aunque haciendo un movimiento de oscilación tan espantoso que un grito de terror escapó a los espectadores y algunas mujeres sensibles se sintieron mal. Entretanto el ciudadano Garnerin se posó en el parque, en medio de una inmensa multitud que mostró su admiración por el talento y valentía de este joven aeronauta”.

Estas palabras fueron escritas Joseph Lalande, un astrónomo que presenció la prueba in situ y que ideó la abertura superior en la tela para reducir las oscilaciones durante el descenso. También estuvo presenta en la exhibición Jeanne-Geneviéve Lambrose, que se terminó casando con Garnerin y en 1799 se convirtió en la primera mujer paracaidista de la historia.

Numerosas pruebas fueron dando distintas claves para mejorar el invento hasta el modelo empaquetado en una mochila que conocemos hoy. Ya en el siglo XX se empezó a utilizar el paracaídas como complemento para los pilotos de aviación, con la idea de salvar su vida en caso de accidente. Durante la Segunda Guerra Mundial se llevaron a cabo los primeros ataques realizados por un cuerpo especializado de paracaidistas.

Referencias:

Morange, C. 2008. El affaire Gernerin. Globos y paracaídas en el Madrid Fernandino. Trienio: Ilustracion y liberalismo 51, 5-46.

Sánchez Arreseigor, J. J. 2012. Paracaídas: el reto del salto al vacío. Historia National Geographic 173, 14-15.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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