¿Qué les pasaba a los soldados desertores en la Segunda Guerra Mundial?

Considerados unos cobardes, la historia apenas ha dedicado estudios sobre aquellos que huyeron de la guerra.

 

La historia de la Segunda Guerra Mundial está plagada de actos heroicos. Estamos acostumbrados a percibir el mayor conflicto militar de la historia como un horror bélico en el que valientes soldados fueron a darlo todo por su país, a morir si hacía falta por defender su causa. Sin embargo, hubo más de 300 000 soldados que huyeron de la guerra. No es de extrañar, y de hecho debería parecernos completamente lógico, que muchos jóvenes no pudieran soportar las sangrías que se cometían antes sus ojos. Estos fueron los repudiados, los cobardes que apenas han tenido menciones a pesar de las páginas y más páginas que se publican sobre la contienda. ¿Cuál es la historia de los desertores de la Segunda Guerra Mundial?

En un conflicto que abarcó tantos espacios distintos por todo el planeta y que se alargó durante seis años (1939-1945) la casuística individual de un número tan elevado de desertores es tan amplia como la de cualquier grupo humano que se quiera estudiar enmarcado en este contexto bélico. Pero vamos a procurar algunos apuntes que dejen una idea general sobre el destino de estos soldados según el bando y el país para el que luchaban.

No tan cobardes

La imagen del desertor suele ser la de un cobarde que ante el temor a perder la vida huye abandonando a sus compatriotas. La realidad es bien distinta. Aunque, por supuesto, se dieron casos así, la mayoría de los desertores combatieron durante meses y su huida tiene otro tipo de valor. Hubo quien escapó por amor hacia alguien del bando enemigo, el que no combatió por ideales contrarios a los de su facción y aquellos a los que su cuerpo y mente les dijeron “basta”, tras meses enteros en primera línea de batalla. Y la decisión de huir era tan difícil como la de seguir combatiendo, en ambos casos te jugabas la vida. Los desertores eran, en gran medida, cobardes que merecían morir. Así que los altos mandos militares condenaban a muerte a los soldados que abandonaban su puesto.

El mundo occidental perdonó la vida a la mayoría

Cierto es que en Estados Unidos y Reino Unido las condenas se solían rebajar, pues no convenía ir acabando con tus propias filas. Pero tenemos el caso de Eddie Slovik, un exconvicto estadounidense que fue llamado a filas. En octubre de 1944 se acercó a sus superiores y les comunicó que prefería la cárcel a la guerra. El ingenuo Slovik quizás pudo correr mejor suerte si no hubiese sido tan honrado y sincero. Lo condenaron a muerte y este soldado sí que la cumplió sin rebajas.

La propaganda jugó un papel esencial en todos los países implicados en el conflicto. Cada bando jugaba sus cartas para mantener motivados a sus soldados y a la población en general, a la par que intentaban minar la confianza del enemigo, desacreditando y deslegitimando su causa. Nada nuevo en política, vaya. Por ello, la prensa nunca se hacía eco de las deserciones de sus filas y, en cambio, animaba a los soldados enemigos a abandonar su facción y unirse al lado bueno.

Es por ello que la ejecución de Eddie Slovik se llevó a cabo para dar ejemplo a los militares, pero procurando que fuera un secreto para la población civil. A Slovik se le atribuye la siguiente frase:

“No me fusilan por desertar del Ejército de los Estados Unidos; miles de tipos han hecho eso. Tan solo necesitan dar un ejemplo con un tipo, y yo soy ideal porque soy un exconvicto. Robaba cosas de crío, y es por eso que me ejecutan. Me fusilan por el pan y los chicles que robé cuando tenía doce años”.

Nazis y soviéticos se mostraron implacables

Distinto era desertar de las filas nazis o soviéticas. En estos casos la compasión no se contemplaba. La única posibilidad de salir con vida tras huir de la batalla era que no te pillaran.

El líder soviético durante la Segunda Guerra Mundial, Iósif Stalin, dictó la Orden 227, por la que se establecía que cualquier soldado que se retirase sin recibir un orden expresa para ello, podía ser disparado por sus oficiales sin juicio previo. Esta política de “ni un paso atrás” hacía que se necesitara más valor para retirarse del ejército soviético que para avanzar en primera fila de batalla. En lado nazi, Adolf Hitler dejó por escrito en su “Mein Kampf” (“Mi lucha”):

“Quien combate en el frente puede morir; quien deserta, debe morir”.

Además de la glorificación del militarismo por parte de la ideología nazi, en Alemania existía una reputación negativa sobre los soldados que lucharon en la Primera Guerra Mundial. Muchos pensaban que Alemania no fue derrotada en batalla, sino traicionada por soldados que abandonaron la lucha y los ideales alemanes sin que cayera sobre ellos ninguna sanción contundente. Durante la Segunda Guerra Mundial, los altos mandos se negaron a que se rumorease lo mismo sobre su ejército y fueron implacables con los desertores. Hasta donde sabemos, unos 23 000 soldados fueron ejecutados por sus propios tribunales militares acusados de deserción. Quizás, estas prácticas respondan a la inevitable reflexión del historiador Charles Glass:

“Lo sorprendente no es que tantos hombres desertaran, sino que lo hicieran tan pocos”.

Referencias:

Glass, C. 2014. Desertores: una historia silenciada de la Segunda Guerra Mundial. Ariel.

Joric, C. 2019. El destino de los desertores en el Tercer Reich. lavanguardia.com.

Tur, F. 2018. Desertores en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. serhistorico.net

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

Continúa leyendo