‘Pedro y el Capitán’, la obra más revolucionaria de Mario Benedetti

Esta obra de teatro, escrita en 1979, plantea un tenso diálogo sobre la libertad y las responsabilidades asumidas entre un prisionero político y su cruel captor.

“Escenario despejado: una silla, una mesa, un sillón de hamaca o de balance”. Con esta sencilla descripción y todavía más simple decoración comienza Pedro y el Capitán, obra de teatro del uruguayo Mario Benedetti escrita en 1979, mientras se encontraba en el exilio huyendo de la dictadura cívico-militar que había tomado su país seis años antes. Benedetti, como pensador de izquierdas perseguido y persona inconformista contra los abusos de poder, convirtió esta obra en uno de sus textos más crudos, complejos y personales.

El gobierno inconstitucional de la dictadura, encabezada por una cúpula de militares, tomó como directrices principales la prohibición de los partidos políticos y sindicatos, la desaparición de la libertad de prensa y persecución y asesinato de cualquier persona que se opusiera al régimen establecido sin importar cuál fuese su ideología. Es cierto que los sectores que más activamente combatieron contra los militares fueron los sectores de izquierda, pero la represión acabó por extenderse a ideologías moderadas, conservadoras y hasta a la propia iglesia. Las desapariciones, asesinatos políticos y torturas estaban a la orden del día.

Es precisamente este último elemento en torno al que Benedetti compone su obra. La idea original era una novela titulada El cepo pero el escritor acabó por plantearla como una obra de teatro, tal vez debido a la importancia que el diálogo tiene en la historia. Toda la acción se centra en la conversación que un torturador tiene con su torturado y en la peculiar relación que surge entre ambos personajes. Si bien es cierto que se puede situar la historia en algún momento de la dictadura uruguaya (y todo apunta a que Benedetti la usó como una denuncia de lo que ocurría en su país natal), el escritor consiguió distanciar lo suficiente la historia como para que se aplique a cualquier dictadura de cualquier lugar y cualquier momento.

En los papeles protagonistas, los dos únicos que aparecen en la obra, encontramos a Pedro y al Capitán. Pedro es la encarnación de los valores revolucionarios y de resistencia contra los regímenes autoritarios; encarna el compromiso con la lucha y la voluntad de sacrificio por el bien común. Bajo el alias de Rómulo, Pedro es uno de los líderes opositores que ha sido capturado y debe defenderse de las torturas y las presiones impuestas por el Capitán con su único recurso: el “no”. Mientras que al principio se le muestra como un personaje desarmado y derrotado con todas las de perder, poco a poco vemos cómo va mostrando sus verdaderas cartas y acaba por tomar las riendas del duelo dialéctico, llegando a poner de rodillas al todopoderoso militar.

Por su parte el Capitán, que no es su rango sino su alias, encarna el conflicto moral de la obra. Benedetti realiza una interesante aproximación a los motivos que pueden llevar a una persona cualquiera a volcar sus esfuerzos en hacer sufrir a otros con el único objetivo de perpetuar un sistema opresivo, injusto y violento. Conforme la negativa de su prisionero va debilitando sus defensas, el Capitán muestra las dudas y miedos que cualquier ser humano puede sentir y acaba por justificar sus actos más en un intento de sobrevivir que en un convencimiento ideológico que ha ido quebrándose.

Para acabar de cerrar esta obra llena de matices, Benedetti saca todo su potencial literario con dos elementos. En primer lugar, consigue reproducir la dura situación de una tortura brutal sin llegar a mostrarla nunca pero manteniéndola presente en el escenario como una sombra permanente en las numerosas menciones a las picanas electrificadas, las palizas o la técnica del submarino. Por otro lado, destaca la brillante construcción de diálogo fruto del estilo y talento del uruguayo. La historia avanza como una bola de demolición que acaba por destruir tanto a los protagonistas como a los lectores y espectadores que probablemente terminen reconsiderando el precio de la libertad y teniendo muy presentes las distintas ocasiones en las que nosotros mismos le hemos puesto cadenas.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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