La fiesta más grande de la historia

Orson Wells, el shah de Persia y la fiesta más grande del mundo

Fue en 1971, se gastaron más de 700 millones de euros y acudieron 12 casas reales de Europa y 50 líderes mundiales

Sí, es cierto: a lo largo de la historia los líderes políticos han ofrecido grandes fiestas. Belsasar, el corregente de Babilonia, organizó una gran fiesta para 1.000 de sus amigos más cercanos que bebieron de copas ceremoniales de oro. El cumpleaños de John Kennedy convocó a más de 15.000 personas, entre ellas a Marilyn Monroe cantando. Pero todas estas se quedan pequeñas en comparación con el ágape organizado en 1971 por el Sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi para celebrar el 2500 aniversario del imperio persa que fue fundado por Ciro el Grande. La fiesta fue programada para llevarse a cabo en las antiguas ruinas de Persepolis pero como estas  se encuentran en un desierto inhóspito, se transformó la zona en una recreación de lo que fue Persia en sus orígenes. Se excavaron cuatro hectáreas de tierra y se importaron 15.000 árboles, 50.000 aves a los que se sumaron 20.000 gorriones traídos directamente de Europa…la mayoría murió después de la fiesta cuando la zona dejó de recibir riego.

 

Para recibir a los dignatarios (entre los que se encontraban 15 representantes de las casas reales de Europa, Asia y África, como el emérito rey Juan Carlos y la reina Sofía) se construyeron 50 tiendas de campaña para recibir a los dignatarios. Cada una tenía aire acondicionado, dos dormitorios, dos baños y una cocina con camareros y cocineros disponibles las 24 horas del día. Cada tienda tenía conexiones directas de teléfono y télex a los países de origen de los visitantes. Las 50 edificaciones se distribuyeron en cinco avenidas que representan los cinco continentes del mundo. A esto habría que agregarle una tienda específica con salón de belleza para que las mujeres pudieran maquillarse, bajo la atención de estilistas profesionales traídas desde Europa.

 

Los invitados menos notorios y la prensa se alojaron en uno de los dos hoteles construidos para el evento, cada uno de 150 habitaciones. Por si esto fuera poco, también se construyó un aeropuerto a 50 km de la zona del evento, una carretera para conectar el sitio con el aeropuerto y se utilizaron 250 limusinas antibalas Mercedes-Benz 600, de color rojo, para trasladar a los invitados desde el aeropuerto y viceversa.

La mayor fiesta de la historia
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Invitados, menú y revolución

Entre los que asistieron se pueden citar al príncipe Felipe de Gran Bretaña y su hija, la princesa Ana, Imelda Marcos (la controvertida líder de Filipinas), el general Tito (Yugoslavia), los líderes de Alemania, Austria, Finlandia y Portugal. Los presidentes de India, Pakistán, Líbano, Bulgaria, Brasil, Turquía, Indonesia, Hungría… En total unos 100 líderes de otros tantos países del planeta. Algo que nunca se había visto hasta entonces…y no se ha vuelto a ver. Por ello no es extraño que cada país llevara su propia seguridad, a la que se sumaron 65.000 miembros del ejército de Irán.

 

La comida, durante los 4 días que duró la celebración, entre el 12 y el 16 de octubre, fue responsabilidad del restaurante de París, Maxim’s, que cerró sus puertas en la capital francesa durante casi dos semanas para prepararse para el evento. La vajilla era de porcelana de Limoges y los uniformes de todo el personal fue diseñado por la casa de moda Lavin.

Obviamente, si no se hablaba de esta fiesta en el resto del mundo era como si no hubiera existido. Por ello se realizó una película y la versión en inglés fue narrada nada menos que por Orson Wells.  La suma, según los diferentes cálculos , habría ascendido a unos 700 millones de euros actuales.  Pero tuvo un precio más alto que el económico para el Sha de Persia.  Para garantizar la seguridad, en las semanas previas, muchos activistas y estudiantes fueron arrestados. También se cerraron escuelas y universidades y hasta se cerraron las fronteras del país. Y, como guinda del pastel, ningún miembro del gobierno del país, ministros, embajadores en el extranjero y delegados, fue invitado. Esta deshonra, sumada a los enormes gastos de la celebración, habrían sido la semilla para la revuelta que destituyó a Mohammad Reza Pahlavi de su puesto y provocó la revuelta de Jomeini.

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