Operación Gunnerside: ¡boicot al proyecto nuclear alemán!

Churchill lanzó la Operación Gunnerside para destruir una fábrica de agua pesada en Noruega que Hitler aprovechaba para su proyecto nuclear.

Jesús Hernández
La fábrica noruega de Vemork
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Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la única fábrica de agua pesada del mundo era la planta de Vemork, propiedad de la empresa Norsk-Hydro y situada junto al pequeño pueblo noruego de Riukan, en la región de Telemark. Cuando los alemanes invadieron Noruega en abril de 1940, la planta de Vemork pasó a servir a los intereses del Tercer Reich. La posesión de esa fábrica de agua pesada suponía una ventaja decisiva para los científicos germanos en la carrera contrarreloj por obtener la bomba atómica. Un equipo compuesto por medio millar de especialistas se desplazó hasta allí para acelerar la producción de agua pesada; si hasta ese momento se obtenían 500 kilos de dicho material al año, el objetivo era que en 1942 la cantidad se elevase a 5.000.

El servicio secreto británico no era ajeno a los esfuerzos alemanes por avanzar en el proyecto atómico, en el que el agua pesada jugaba un papel tan imprescindible. Londres contaba con toda la información relativa a la planta, gracias a los datos que les proporcionaba por radio un ingeniero noruego que trabajaba allí. Desde el verano de 1941, la destrucción de Vemork se convertiría en un objetivo primordial. Winston Churchill optó por la solución más rápida y efectiva, ordenando que esas instalaciones fueran arrasadas por los bombarderos de la RAF. No obstante, la resistencia noruega advirtió de los daños que podía causar el ataque a la población vecina de Riukan. El gobierno noruego exiliado en Londres consiguió que la opción del bombardeo acabase siendo sustituida por otra acción limitada y llevada a cabo por un grupo de comandos.

Para preparar el terreno a los comandos, el 19 de octubre de 1942 se lanzó en paracaídas a cuatro soldados noruegos adiestrados en territorio británico. Esta primera fase del plan se denominaría Operación Grouse. Un error de cálculo hizo que los hombres tocaran tierra a muchos kilómetros del objetivo; tardaron dos días en reunir todos los contenedores con material que habían sido arrojados y luego se pusieron en marcha hacia Riukan. Debido a la nieve, y a que había que sortear glaciares y lagos, se demoraron tres semanas hasta llegar al objetivo marcado.

El 17 de noviembre, llegaron los 34 comandos que debían destruir la fábrica en la llamada Operación Freshman. Esta segunda fase adoleció también de graves problemas de organización, como el no tener en cuenta la previsión meteorológica. El mal tiempo hizo que los dos planeadores en los que viajaban se estrellasen, el segundo junto al avión que lo remolcaba. Los supervivientes, entre los que había varios heridos graves, fueron capturados por los alemanes. Siguiendo la orden de Hitler de octubre de 1942, por la que los comandos capturados debían ser ejecutados de inmediato, la Gestapo procedió de ese modo. En total, la fracasada operación costó 41 vidas británicas entre comandos y tripulantes. Además, gracias a un mapa recuperado de uno de los planeadores, los alemanes descubrieron las intenciones aliadas, por lo que incrementaron las defensas en torno a la planta hidroeléctrica.

En Londres no se dieron por vencidos y decidieron organizar otra misión, pero en este caso protagonizada únicamente por noruegos, denominada Operación Gunnerside. El 16 de febrero de 1943, seis comandos saltaron en paracaídas. Una vez en tierra, se encontraron con cuatro noruegos que habían llegado en octubre del año anterior.

Saboteadores noruegos

El asalto tuvo lugar el 27 de febrero. Esa noche, después de descender al cauce de un río y escalar sigilosamente una pared de roca, los noruegos llegaron a la puerta que cerraba el acceso a la fábrica, cortaron la cadena con una cizalla y la abrieron. Mientras un grupo permanecía como cobertura, los saboteadores entraron en el sótano principal por un pasaje. Allí estaban las cámaras de electrólisis de agua pesada. Colocaron cargas explosivas con una mecha suficientemente larga como para tener tiempo de escapar. Apenas los noruegos salieron de la planta, las cargas comenzaron a detonar, destruyendo por completo las cámaras. Cuando las alarmas empezaron a aullar y los soldados germanos a buscarlos, los saboteadores ya se encontraban al otro lado del río, deslizándose sobre esquíes. La operación había sido un éxito, pero sólo en apariencia. De inmediato, los alemanes iniciaron los trabajos de reconstrucción de la fábrica. Tan sólo seis meses después del asalto, los británicos pudieron saber por medio de su informador que los daños habían sido ya reparados y se volvía a trabajar con normalidad.

 

Más información sobre el tema en el artículo La batalla del agua pesada, escrito por Jesús Hernández. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a ¿Héroes o locos? Kamikazes y otras misiones suicidas de la II Guerra Mundial.

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Etiquetas: II Guerra mundial, bomba atómica

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