Negreros y esclavos: historias en barcos de terror

Pocos procesos históricos tienen más ejemplos dramáticos y terroríficos como la trata de esclavos en el Atlántico.

 

La historia de la esclavitud forma parte de las peores prácticas que los humanos hemos llevado a cabo desde la Antigüedad hasta nuestros días. Pero hay una época histórica concreta que, por su magnitud y repercusiones políticas, económicas y sociales a escala global, se lleva el ignominioso premio de ser considerada la edad dorada de la esclavitud. Desde finales del siglo XV hasta los últimos años del XIX, 12,4 millones de personas fueron transportadas desde África hasta el otro lado del Atlántico, al Nuevo Mundo, el continente americano, que pasó a formar parte del circuito comercial y político del mundo occidental.

Dos tercios del total de esos esclavos, se concentran en traslados realizados en apenas cien años, de 1700 a 1808. De la masa de esclavos vendidos como mercancía, 1,8 millones ni siquiera llegó a poner pie en tierra de nuevo. Perecieron en el viaje y sirvieron de alimento a los tiburones que siempre seguían a los barcos negreros, sabedores de las opciones de comer. De los 10, 6 millones restantes, la mayoría sobrevivió en pésimas condiciones, trabajando sin parar en plantaciones o minas. En palabras del historiador y activistas afroamericano William E. B. Du Bois, estamos ante:

“el drama más tremendo de los último mil años de la historia humana […] diez millones de seres humanos arrancados de la oscura belleza de su continente natal y trasladados al recién descubierto Eldorado de Occidente. Fue un descenso al infierno”.

Existen muchos y buenos libros sobre la trata de esclavos en el Atlántico. Datos, reflexiones, modos de vida, resistencias, ingeniera naval e incluso algunos textos están escritos en tono empresarial, ya que la esclavitud fue uno de los negocios más rentables de la época. Un negrero con una flota de barcos esclavistas era considerado un emprendedor exitoso, “hecho a sí mismo”, como los grandes empresarios de las multinacionales actuales. Por supuesto, siempre hubo voces contrarias y, por suerte, parece que se acabaron imponiendo de manera general.

Pero en este artículo no vamos a analizar ninguno de esos aspectos. Esta vez solo nos dedicaremos al drama. Un par de ejemplos de lo que suponía ser esclavizado, situaciones que ocurrieron en un barco de esclavos, que nos sirvan para reflejar algunos de los elementos de uno de los procesos históricos más duros de la historia humana.

Ilustración  de un barco negrero
La esclavitud fue uno de los negocios más rentables de la época.

Intentar escapar de un barco de esclavos: una mala idea

En la isla de Bunce, en Sierra Leona, cierto día llegó un cautivo a la factoría de John Leadstine. En este punto de embarque, el cautivo destacaba entre el resto de prisioneros por su altura, robustez y carácter combativo. Había recibido duros latigazos por resistirse a obedecer. Hubo negreros que preguntaron a Leadstine por aquel esclavo desafiante. Se trataba del capitán Tomba, un jefe de aldeas próximas al río Núñez, que había reunido a un grupo para hacerle la vida imposible a los que participaban de la trata.

Había quemado chozas y asesinado a comerciantes de esclavos. Leadstine, cansado de perder tiempo y dinero, organizó una expedición para capturar al líder. Tomba consiguió llevarse por delante a un par de hombres de Leadstine pero, finalmente, fue capturado y vendido como esclavo.

Encadenado en la bodega del Robert, un barco de Bristol, Tomba se negó a someterse una vez más. Planeó su fuga con algunos de sus paisanos y la ayuda de una esclava que tenía más libertad de movimiento por la embarcación (te puedes imaginar a qué precio). Esta esclava avisó una noche al capitán Tomba: era el momento esperado. La mujer cedió un martillo a Tomba, que rompió sus cadenas y las de todo el que quiso acompañarle. Tomba llegó a matar a tres marineros en su huida, pero el capitán del barco, Richard Harding, logró dejar inconsciente a Tomba y volvieron a encadenar a los que intentaron fugarse. El capitán, siempre con el beneficio en la cabeza, pensó que el valor económico de los rebeldes sería mayor al contar su intentona, así que únicamente mandó azotarlos.

Para sembrar el terror y erradicar las ganas de volver a escapar, utilizó tres esclavos de menor valor. Mató a uno de ellos y obligó a los otros dos a comerse el corazón y el hígado del cadáver. A la esclava que ayudó a Tomba la colgó de los pulgares, la azotó y acuchilló hasta la muerte delante de los demás esclavos.

Una travesía de miedo

Las playas exóticas de las costas africanas no tenían nada de agradables para los esclavos que llegaban encadenados. La visión de una enorme embarcación de madera fascinaba y asustaba a la vez. Muchos de ellos solo conocían pequeñas barcas para moverse por los ríos. Poner un pie en la cubierta de un guineaman, como se conocía también a los barcos de esclavos, era sentir la incertidumbre más amarga. Rodeados de africanos que hablaban distintas lenguas, todos entendían a la perfección el hedor que emanaba de las puertas que los conducía a la bodega del barco: el olor a muerte.

No es de extrañar que ante una conmoción así, muchos se negaran a comer e incluso algunos intentaran suicidarse. Pero los esclavistas no podían permitirse perder su mercancía. A bordo llevaban médicos para mantener con vida a los esclavos y hacían uso del speculum oris, un artefacto para abrir gargantas por las que introducir gachas y alimentar a la fuerza a los esclavos renuentes.

Estos sucesos se daban en el Katherine o el Sarah, barcos que llevaban el nombre de la familia de Humphry Morice, miembro del Parlamente británico, gobernador del Banco de Inglaterra y dueño de una flota de barcos que transportaba esclavos en sus bodegas.

Referencias:

Rediker, M. 2021. Barco de esclavos. La trata a través del Atlántico. Capitán Swing.

Thomas, H. 2001. La trata de esclavos. Historia del tráfico de seres humanos de 1440 a 1870. Planeta

Del Rey, M et all. 2014. Esclavos. Comercio humano en el atlántico. Edaf.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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