Nazis: eutanasia selectiva

Los nazis no querían judíos, pero tampoco gitanos, homosexuales o discapacitados. La terrorífica 'solución final' comenzó su campo de pruebas con estos últimos.

Carlos Hernández de Miguel
El castillo de Bernburg
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La eugenesia fue sólo el paso previo necesario para lanzarse, más tarde, al asesinato de discapacitados. El propio Hitler oficializó el programa de "eutanasia" en una orden de octubre de 1939, firmada de su puño y letra. Así nació la organización T4, que acabaría gestionando seis centros eutanásicos en los que se instalaron las primeras cámaras de gas. Entre diciembre de 1939 y enero de 1940 fueron gaseados los primeros discapacitados en Bernburg, Brandenburg y Grafeneck. La cercanía de algunas de estas primeras "fábricas de la muerte" a grandes núcleos urbanos del Reich provocó protestas por la llegada continua de pacientes a los que no se volvía nunca a ver y, sobre todo, por el intenso olor a carne quemada que desprendía el humo negro vomitado por las chimeneas de los crematorios. Hitler tuvo que dar por finalizado el programa en agosto de 1941, aunque los responsables del mismo hicieron un balance muy positivo de su capacidad liquidadora: 70.000 hombres, mujeres y niños que, de no haber sido exterminados, habrían supuesto un coste de mantenimiento para el Estado de 885 millones de marcos.

La eliminación de los discapacitados continuó, aunque de forma más descentralizada y discreta. No menos de 130.000 fueron víctimas de la llamada "eutanasia salvaje" que se practicó hasta el final de la guerra en multitud de hospitales. Además, tres de los seis viejos centros eutanásicos se reconvirtieron en lugares donde eliminar a prisioneros de los campos de concentración. La nueva operación fue bautizada como “tratamiento especial 14f13” y se cobraría la vida de un mínimo de 20.000 internos. Bernburg y Sonnenstein recibieron deportados de Buchenwald, Flossenbürg, Gross-Rosen, Neuengamme, Ravensbrück y Sachsenhausen. El castillo de Hartheim eliminó a prisioneros de Dachau y, sobre todo, de Mauthausen. Podemos afirmar, por tanto, que pese a su defunción oficial en agosto del año 1941 el espíritu de la T4 siguió muy presente en la estrategia represiva nazi y supuso, además, un importante y siniestro banco de pruebas para aportar la "Solución Final al problema judío".

Una de las lecciones que Heinrich Himmler aprendió de la experiencia de la T4 fue que no podía levantar fábricas de la muerte frente a los domicilios de "los alemanes de bien". Esta fue una de las razones por las que elegiría, principalmente, el territorio polaco como base para construir los campos donde exterminar masivamente a sus enemigos raciales y políticos.

Represión y negocio

El Reichsführer SS se había consolidado como número dos del régimen acaparando el control de su infinito aparato represivo, un instrumento que el propio Hitler comenzó a construir 12 años antes de alcanzar el poder con la creación de las Sturmabteilung o SA. El puñado de camisas pardas, que en 1921 ya amedrentaban a sindicalistas en las calles de Múnich y expulsaban violentamente a quienes osaban interrumpir el desarrollo de un mitin del NSDAP, acabó convirtiéndose en un ejército paralelo compuesto por más de tres millones de voluntarios. En 1934, su poder llegó a ser temido por el propio Führer, que a la vez era consciente del profundo malestar que este cuerpo paramilitar generaba en la cúpula del Ejército regular alemán. La ocasión era propicia para Himmler, que desde 1929 comandaba las SS, y no la desperdició. Ayudado por el que muy pronto se convertiría en su número dos, Reinhard Heydrich, y por Hermann Göring, dirigió la eliminación de decenas de oficiales de las SA, entre ellos su máximo responsable, Ernst Röhm. De paso, también asesinó o encarceló a dirigentes del Partido Nazi cuya lealtad era cuestionada y a un importante grupo de nacionalistas de derechas. Terminaban los años de gloria del otrora todopoderoso Röhm y comenzaba la era de las SS; la era de Heinrich Himmler.

Más información sobre el tema en el artículo Ni locos ni yonquis, escrito por Carlos Hernández de Miguel. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Los Nazis y el Holocausto

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Etiquetas: Alemania, Hitler, II Guerra mundial, Nazis

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