Mólotov, el rostro del régimen soviético

Mólotov, que en ruso significa "gran martillo", fue el sobrenombre con el que se conocía a Viacheslav Mijailóvich Scriabin, un político soviético que fue testigo de la Historia de su país a lo largo de todo el siglo XX.

Mólotov y Stalin

Testigo de todos los vaivenes históricos de su país a lo largo del siglo XX, Viacheslav Mijailóvich Scriabin nació el 9 de marzo de 1890 en Sovetsk y manifestó su compromiso revolucionario desde edad muy temprana. Cuando cursaba sus estudios de secundaria en Kazán, ingresó en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y participaría en numerosas actividades subversivas, que le costaron en 1909 el arresto y el destierro durante dos años a la región de Vologda. Cumplida su condena se trasladó a San Petersburgo y cursó estudios universitarios en el Instituto Politécnico a la vez que continuaba su intensa actividad política: participó en la fundación del periódico bolchevique Pravda, donde firmaba sus artículos con el sobrenombre Mólotov (gran martillo), con el que se le conoció desde entonces.

Nuevamente apresado en 1913, fue exiliado a Siberia; regresó a la capital a tiempo de participar activamente en la Revolución de 1917 como miembro del Comité Revolucionario Militar. Se convirtió en uno de los hombres fuertes del régimen bolchevique y uno de los mejores aliados de Lenin y Stalin. Fue precisamente su incondicional apoyo al segundo y a sus purgas lo que propició que, durante más de tres décadas, se convirtiera en uno de los políticos con más poder de la Unión Soviética, a cargo de la política exterior. En 1930, Stalin le agradeció los servicios prestados nombrándolo presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, cargo que ejerció hasta 1941. Más allá de su activa participación en la represión estalinista, fue uno de los principales promotores del proceso de colectivización de la agricultura, pero ha pasado a la Historia fundamentalmente por su papel como ministro de Asuntos Exteriores, cargo que desempeñó desde 1939 y desde el cual se encargó de gestionar las relaciones con la Alemania nazi, firmando el 23 de agosto de ese mismo año el célebre tratado Ribbentrop-Mólotov. Este pacto de no agresión entre las dos potencias, según algunos historiadores, incluía el reparto de esferas de influencia en el Báltico, Finlandia y Polonia.

La invasión alemana de Rusia en 1941 empujó al ministro a alinearse con el bando aliado y firmar un tratado con el embajador británico, Richard Cripps, para hacer causa común contra Hitler. Terminada la guerra, Mólotov jugó un papel determinante en las numerosas conferencias internacionales de paz que configuraron el nuevo tablero político global.

Poco a poco fue perdiendo el favor de Stalin, que planeaba deshacerse de toda la vieja guardia. En 1948 su esposa fue arrestada y condenada al exilio y un año después el propio Mólotov fue cesado. A la muerte de Stalin, volvió a la primera línea de la política como ministro de Exteriores de Kruschev, con el que no tardó en enemistarse. Fue embajador ruso en Mongolia antes de ser expulsado del PCUS en 1961. Murió en 1986.

Un arma que lleva su nombre

El cóctel molotov es una bomba incendiaria de fabricación casera cuyo objetivo es esparcir todo lo posible el líquido inflamable contenido en el interior de un recipiente, generalmente una botella de vidrio. La relación entre este tipo de arma y la figura de Mólotov data de la Guerra de Invierno librada entre la Unión Soviética y Finlandia en 1939-1940. Para perplejidad de los fineses, durante la campaña Mólotov envió un mensaje a través de la radio para “tranquilizar” a la población asegurando que en realidad la aviación del Ejército Rojo no estaba lanzando bombas, sino alimentos. Con ironía, los fineses rebautizaron las bombas rusas como “canastas de pan Mólotov” y añadieron que, si Mólotov se encargaba de poner la comida, ellos pondrían los cócteles. Y cuando comenzaron a usar botellas incendiarias para atacar a los tanques rusos, las llamaron “cócteles molotov”.

 

Más información sobre el tema en el dossier Diez figuras claves de la Revolución, escrito por Roberto Piorno. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a De Lenin a Putin. 100 años de la Revolución rusa.

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