Mao, el rodillo de la Revolución Cultural

Estudiantes, artistas, intelectuales..., toda China sufrió la delirante Revolución Cultural de Mao con la que pretendía reforzar el modelo comunista y acabar con cualquier atisbo de oposición interna

Imagen: Getty Images.

"Delega en el timonel cuando navegues en el mar; delega en el pensamiento de Mao cuando hagas la revolución”. Este editorial de un rotativo chino de 1968 refleja la mentalidad orwelliana de la Revolución Cultural que vivió China desde 1966 y hasta 1976 en la que el régimen comunista de Mao Zedong llevó a cabo una purga masiva y un intento de restructuración de la sociedad en su totalidad.

Mao había sido la gran autoridad del Partido Comunista durante y tras la guerra con el Kuomintang y la buena acogida que había recibido la reforma agraria que realizó al poco tiempo de instaurar la República Popular China habían asentado su lugar como líder absoluto del país. Sin embargo, el intento de crear una industria que pudiera competir con la Unión Soviética (el llamado Gran Salto Adelante) no salió como se esperaba y la excesiva concentración de poder que Mao estaba llevando a cabo levantó voces críticas contra él. Para tratar de recuperar su maltrecho liderazgo, el presidente chino anunció en 1960 su campaña para liquidar los denominados Cuatro Viejos: las costumbres, hábitos, cultura y modos de pensar válidos hasta el momento debían ser completamente aniquilados.

Con el Libro Rojo como manual de cabecera y miles de jóvenes engrosando las filas del recién creado Ejército Rojo, el líder comunista repudió todo elemento “reaccionario” que rezumara olor a intelectualidad o simple pensamiento propio. Mao pretendía recuperar su situación privilegiada reavivando el recuerdo de la revolución comunista y lanzándose contra todo aquello que pudiera considerarse burgués. Dentro de los sospechosos de ser infiltrados había estudiantes, artistas, profesores e incluso miembros del Partido Comunista (PCCh) que fueron “reubicados” en remotos pueblos para trabajar en el campo y “reeducarse”. Muchos de ellos serían asesinados y otros sufrirían el escarnio público. 

 

Castigo ejemplar

En un principio, la Revolución Cultural se centró en el ámbito educativo e institucional. Intelectuales y estudiantes que habían sido animados por el propio gobierno para buscar formas de mejorar el régimen se habían convertido en un estorbo para Mao y pasaron a ser los objetivos de la Guardia Roja, jóvenes procedentes de ciudades que eran reclutados en movilizaciones masivas. Esta fuerza armada no tenía supervisión ni control, por lo que en los primeros momentos de la Revolución Cultural se produjo una situación de anarquía y violencia en la que los miembros de la Guardia Roja eran libres de acusar, perseguir y asesinar a placer. La brutalidad no desapareció cuando se estructuró una cadena de mando y las purgas acabaron por extenderse a miembros de alto rango del Partido Comunista. De estos últimos se destaca el caso de Deng Xiaoping.

La Revolución Cultural terminó en 1976 tras la muerte de Mao Zedong y la detención de la llamada Banda de los cuatro, un grupo formado por simpatizantes de Mao. El último proyecto de Mao Zedong había provocado entre 500.000 y 2 millones de muertes, el desplazamiento y arresto de millones de personas y un deterioro de la situación económica del país. Aunque la intención de Mao era reforzar el sistema comunista y acabar con cualquier disidencia, la barbarie desatada provocó el efecto contrario. El PCCh siguió en el poder pero decidió liberalizar y romper las restricciones del modelo maoísta acercándose poco a poco a un capitalismo camuflado que bautizaron como economía de mercado socialista.

El elegido para suceder a Mao fue nada menos que Deng Xiaoping, el mismo que fue perseguido y tuvo que exiliarse durante las persecuciones políticas de la Revolución Cultural. Xiaoping estableció las primeras aproximaciones con Estados Unidos y siguió tensando la relación con la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría.

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