¿Maltrata España a sus héroes?

Son muchos los personajes destacados de la historia de España que terminaron vilipendiados, en el cadalso u olvidados siglos más tarde.

La rendición de Breda
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Es una de las afirmaciones más comunes que uno puede encontrar cuando habla de la historia del país ibérico, lo mal que tratamos a los héroes que ha dejado el pasado y lo rápido que los olvidamos. Al hablar de héroes uno suele referirse a soldados, oficiales y rebeldes que lucharon por X causa o por su país y que cumplieron grandes hazañas dignas de aparecer en los libros de historia y causantes de que sus nombres sean recordados y estudiados siglos después mientras que tantos otros permanecen en el olvido y el anonimato.

Lo cierto es que a la afirmación no le falta razón y más si se compara con la aberrante industria de cine patriótico que existe en países como Estados Unidos y que te saca héroes de acción hasta de debajo de las piedras. Los historiadores, investigadores, periodistas, estudiosos y demás criaturas suelen coincidir en que ese rechazo que España siente hacia algunas de las grandes figuras de su historia se debe al abusivo uso político que se ha hecho de ellos. En todas las épocas, de uno y otro lado y con toda clase de intenciones, han sido muchos los que han tomado el esfuerzo y sacrificio de estos héroes para beneficio propio y los han enarbolado en esta o aquella causa. Lo hizo la Primera República con la figura de Rafael de Riego; se volvió a hacer durante el gobierno de Alfonso XIII en un absurdo intento de restaurar el honor y la gloria de España y se requetehizo hasta la saciedad durante el franquismo, tan dado como era a la propaganda y la exaltación nacional. Actualmente no son pocos los políticos y las figuras del ámbito público que siguen objetivizando a estos personajes fuera de su contexto y con claros intereses partidistas.

Y mientras figuras y conceptos más cercanos a la leyenda que a la historia como el Cid o la Reconquista son alabados de manera constante, los verdaderos héroes de España quedan fuera del foco salvo en las contadas ocasiones en las que conviene recordarlos o alguien decide rescatarlos. Pero esto tampoco es algo nuevo, la verdad. España tiene una larga tradición maltratando a sus héroes y aquí exponemos algunos casos que lo demuestran.

Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán
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Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán

Se trata de uno de los grandes nombres que ha dejado la historia militar de España. Comenzó su carrera apoyando la causa de Isabel I de Castilla y se destacó durante la guerra contra el reino de Granada no solo por su habilidad y coraje, sino también por su astucia y capacidad estratégica. Virrey de Nápoles y responsable de las grandes victorias conseguidas en la campaña en Italia revolucionó el funcionamiento del ejército con sus técnicas innovadoras en las que se combinaba caballería, infantería y artillería y se cambiaba el modelo medieval de choque por una estrategia basada en la defensa-ataque. Sabedor de los altos costes que ocasionaba la guerra, siempre intentaba reducir al máximo posible las bajas de cualquier enfrentamiento y esto hizo que se ganara el respeto y la admiración de sus hombres.

Quien cambiara la forma de hacer la guerra a principios del siglo XVI y creara un cuerpo de arcabuceros precursor de los míticos Tercios acabó siendo cuestionado y rechazado por el rey Fernando el Católico a quien tantas veces había servido. Su fama era tal que el propio monarca acabó temiendo que le arrebataran su protagonismo y lo apartó del frente, le negó las recompensas que se le habían prometido y que se había ganado (entre ellas la Maestría de la Orden de Santiago) y le dejó pasar sus últimos momentos como alcalde de Loja, un puesto menor alejado de la corte y del frente. Murió el 2 de diciembre de 1515 a causa de unas fiebres cuartanas que contrajo luchando por el mismo rey que le dio la espalda.

Gran Duque de Alba
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Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, Gran Duque de Alba

Líder histórico de los imbatibles Tercios y azote de turcos, piratas y protestantes, se dice que el Duque de Alba provocaba tal temor en el enemigo que los holandeses amenazaban a los niños con que vendría para llevárselos si no se dormían como si se tratara de algún tipo de Hombre del saco.

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel venía de una familia de militares y, como tal, acabó uniéndose al ejército y luchando por primera vez en tiempos de Carlos I, destacando por su coraje y por las grandes victorias que logró. Se convirtió en una de las personas de confianza de Felipe II, le acompañó a Inglaterra durante su matrimonio con María Tudor y encabezó a los ejércitos españoles en las luchas de religión contra los protestantes y las rebeliones de los príncipes holandeses. La leyenda negra habla de un hombre sádico y cruel pero parece que la realidad no era exactamente esa, sin quitar que reprimió a los protestantes con dureza y que no le temblaba la mano cuando tenía que dictar sentencias y ejecuciones.

La guerra no parecía terminar por mucho que se sangraran las arcas del reino y la corte empezó a llenarse de rumores e historias sobre las atrocidades cometidas en el frente. Felipe II decidió sustituir al Duque de Alba por Luis de Requesens y mandó desterrarlo y exiliarlo en Uceda. Lo curioso es que, en 1580, el rey volvió a solicitar sus servicios para tomar Portugal y asumir así la corona lusa.

Ambrosio Spínola
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Ambrosio Spínola

Considerado como el último gran militar español del siglo XVII y representado para la posteridad en Las lanzas de Diego Velázquez, Ambrosio Spínola fue uno de los grandes militares que consiguieron las últimas victorias en una guerra que se sabía perdida. De amplia formación académica, fue un gran estratega y hombre capaz que no solía embarcarse en empresas que sabía imposibles. Respetaba a sus hombres y les acompañaba en la lucha como uno más. Entre sus éxitos militares se destaca la toma de Breda en 1625. La vida en el ejército era todo lo que Spínola conocía y a lo que había dedicado tantos años de su vida. En determinado momento llegó a gastar todo lo que había ganado en la guerra y la fortuna de su familia para pagar a su tropa.

Enfrentado con el Conde Duque de Olivares, a quien consideraba un político nefasto que estaba arrastrando a la ruina al país (cosa que era verdad), el valido del rey acabó por sobreponerse e hizo que Spínola fuera relegado y vilipendiado. Olvidado por la corte, arruinado y ridiculizado por su rival político, la salud de Ambrosio de Spínola se deterioró rápidamente y murió el 25 de septiembre de 1630. Se dice que sus últimas palabras fueron ‘Honor y Reputación’.

El Empecinado
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Juan Martín Díez, el Empecinado

Vallisoletano que se ganaba la vida como labriego y que tenía experiencia militar tras su participación en la Guerra del Rosellón, el Empecinado nunca llegó a fiarse de los franceses que entraban a España con la excusa de invadir Portugal. Comenzó su lucha contra el invasor antes incluso del levantamiento del 2 de mayo, robando mensajes en el camino entre Madrid y Burgos, y encabezó una lucha guerrillera que le convertiría en un héroe nacional y uno de los personajes más respetados por la sociedad de la época. Convencido liberal, apoyó la causa de las Cortes de Cádiz y luchó por el regreso de Fernando VII confiando en que el deseado rey mantendría la Constitución de 1812.

Fernando de Borbón puso en el punto de mira al Empecinado cuando este le dio en persona una carta en la que le pedía que respetara la Carta Magna. Tampoco le gustó que rechazara sus intentos de soborno para entregarles a los liberales que se le oponían. El hombre cuya valentía le había devuelto al trono acabó recluido en su tierra, exiliado en Portugal y hecho prisionero bajo el pretexto de una amnistía. El Empecinado pasó dos años en la prisión de Roa donde fue torturado, vejado y ridiculizado. Se le ahorcó el 19 de agosto de 1825 e incluso entonces, tras tanto tiempo de encierro y maltrato, logró romper sus grilletes e intentó escapar.

Rafael de Riego
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Rafael de Riego

Este asturiano se formó en la Universidad de Oviedo e ingresó en la Guardia Real, un cuerpo de difícil acceso en el que permaneció hasta el Motín de Aranjuez. Continuó con la carrera militar y acabó combatiendo contra los franceses durante la Guerra de Independencia pero fue hecho prisionero y llevado a Francia durante cuatro años. Sería en este periodo en el que entraría en contacto con el mundo del liberalismo, la ideología revolucionaria y la masonería. En 1820, sin comerlo ni beberlo, Riego se alzó como líder del pronunciamiento en Cabezas de San Juan defendiendo la Constitución de 1812 y contra el absolutismo de Fernando VII. Las protestas se extendieron por todo el país y el rey tuvo que jurar la Constitución (“trágala, perro” le cantaban). Este fue el primer pronunciamiento militar de la historia moderna de España.

Riego, que como tantos otros había defendido y luchado por una España constitucional y democrática en la que los grilletes del Antiguo Régimen desaparecieran, fue capturado en 1822 tras la entrada de los Cien Mil Hijos de San Luis a España. Si bien el rencor de Fernando VII podría considerarse comprensible teniendo en cuenta la clase de personaje que era, no así el odio con el que lo trató el pueblo madrileño cuando fue trasladado hasta la plaza de la Cebada, ahorcado y decapitado. Los españoles se habían olvidado del hombre que les devolvió la libertad y los derechos por un breve periodo de tiempo.

Isaac Peral
Imagen: Gtres Online.

 

Isaac Peral

Isaac Peral y Caballero es una de esas personas que, de haber nacido en otro tiempo y otro lugar, tal vez ostentaría un sitio distinto en la historia. Ingresó en el Colegio Naval Militar de San Fernando a los 14 años (la edad mínima para alistarse) y fue destinado a Filipinas. Curioso por naturaleza y brillante, estudió matemáticas, física, ingeniería naval e ingeniería eléctrica y en 1885 diseñó un submarino movido por energía eléctrica y capaz de disparar torpedos sin necesidad de salir a flote. El proyecto contó con el beneplácito de la reina regente María Cristina de Borbón y las pruebas que se hicieron con él entre 1888 y 1890 fueron bastante exitosas.

Peral, que había dedicado su vida a la Marina Española y había trabajado en un invento que podría revolucionar los combates marítimos, vio sus sueños truncados a causa de las envidias y la inmovilidad de determinados sectores del ejército, las presiones de potencias extranjeras que no querían que España dispusiera de un arma así y las reticencias de políticos que no supieron valorar la situación que estaban afrontando. Tras el rechazo del proyecto, Peral pidió licenciarse y abandonó la Armada para siempre. Murió en 1895 por una infección durante un postoperatorio.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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