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Los muchos exilios de Juan Carlos I

Su abuelo, Alfonso XIII, ha huido a Italia unos años antes. Su padre, don Juan, es el incierto heredero al trono, tras las renuncias de sus hermanos mayores. Para diferenciarlo de su padre, al niño le llamarán siempre Juanito.

Juan Carlos I
Wikimedia Commons

5 de enero de 1938. Clima prebélico en Europa y Guerra Civil en España. En Roma, la princesa María de las Mercedes da a luz a un niño. En el bautismo, oficiado por el futuro papa Pío XII, recibirá el nombre de Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias. Su abuelo, Alfonso XIII, ha huido a Italia unos años antes. Su padre, don Juan, es el incierto heredero al trono, tras las renuncias de sus hermanos mayores. Para diferenciarlo de su padre, al niño le llamarán siempre Juanito.

Relaciones tirantes

Don Juan, heredero al trono, se presentó voluntario en agosto de 1936 para combatir en el bando nacional en Dancharinea, un pequeño pueblo navarro. Fue conducido a Burgos, donde se entrevistó con miembros de la Junta de Defensa Nacional franquista, que le disuadieron. Al fallecer su padre, se acercó al régimen nazi para restaurar la monarquía, pero la diplomacia alemana le manifestó que no iba a apoyarle.

El progresivo reconocimiento internacional del régimen de Franco propicia el acercamiento de don Juan a Franco. Así, se concierta una entrevista en el yate Azor y se decide que el príncipe Juan Carlos estudiará en Madrid, con un grupo reducido de alumnos. Antes, ha estado interno en Friburgo. Como recordará Juan Carlos en su libro de conversaciones con José Luis de Vilallonga, “sus padres no le llaman por teléfono para forjar su carácter”.

La llegada a España

Su llegada en el Lusitania Express es desangelada. Es el 9 de noviembre de 1948 y las autoridades franquistas le hacen apearse en el modesto barrio de Villaverde, una estación de transporte de mercancías cercana a Madrid, ya que se temían un gran recibimiento monárquico. Tras pasar por el cerro de los Ángeles, le llevan a Las Jarillas, una finca reconvertida en colegio. El tira y afloja de su padre con Franco hará que no regrese a España en septiembre del año 1949. Resuelta la tensión, vuelve en otoño de 1950 junto a su hermano pequeño, Alfonso, que fallecería de un tiro en la cabeza en Estoril en las vacaciones de Semana Santa de 1956, en un incidente que nunca se ha terminado de aclarar.

José Luis Leal era uno de los niños que estudió en Las Jarillas. “Me uní en enero del año 1949: vivíamos de lunes a jueves allí y yo pasaba los fines de semana en casa, mientras que él viajaba por España para conocerla. Aunque alguna vez le acompañé, como cuando fuimos a Santander, a las cuevas de Altamira y al pueblo de Santillana del Mar. El segundo año, aunque no estaba el príncipe, continuamos las clases en el palacio de Montellano, en el centro de Madrid. Cuando se reincorporó, nos fuimos a San Sebastián, al palacio de Miramar, y se añadieron también Alfonso y sus ocho compañeros. El nivel de estudios era alto, profesores del instituto San Isidro nos comprobaban el nivel. Y el trato del profesorado, al ser tan pocos, era individualizado”, recuerda.

Formación militar

Tras finalizar el bachillerato, en el verano de 1954, comenzará su formación militar en las Academias de Tierra, Marina y Aire. Posteriormente, la complementará con diferentes asignaturas de Derecho, Economía y Hacienda.

1954 también es un año clave: Juan Carlos conoce a Sofía en el crucero de 13 días organizado –y pagado– por la reina Federica de Grecia con el doble objetivo de promocionar el turismo del país heleno y de fomentar los matrimonios reales. Pero no sería hasta junio de 1961 en Londres, en la boda de los duques de Kent, cuando se enamoran. El compromiso se anunciará tres meses después y la boda se concierta para el 14 de mayo de 1962. La ceremonia, por el rito ortodoxo y católico, estuvo a punto de retrasarse por una lesión sufrida por Juan Carlos mientras practicaba judo. Franco decidió que se habilitara el palacio de la Zarzuela, un antiguo pabellón de caza en el monte de El Pardo, para que residiera allí la real pareja. En 1963, nacería Elena y, un par de años después, Cristina. Felipe nacería el 30 de enero de 1968.

Relación con Franco

Juan Carlos confesará a Vilallonga que aprendió de Franco “a ver, oír y callar” y que le trató “como el hijo que no tuvo”. A la periodista británica Selina Scott le recalcó que no permitía que nadie hablara mal de él en su presencia. El principal consejo del dictador fue que se diera a conocer recorriendo toda España.

Pero este acercamiento entre ambos despertó recelos en el conde de Barcelona, que se acrecentaron en 1966, cuando se celebró un acto en Estoril para conmemorar el 25 aniversario del fallecimiento de Alfonso XIII. En realidad, era un intento de reafirmar la legitimidad de don Juan. En el último momento, aconsejado por su esposa, Juan Carlos canceló su asistencia alegando una indisposición. Y , pese a que había declarado a la prensa que jamás aceptaría la corona con su padre vivo, en 1969, Franco inventa el título de príncipe de España y las Cortes le designan sucesor a título de rey, causando la ruptura entre padre e hijo durante ocho años.

Pero un nuevo frente sucesorio se abre apenas tres años después: en 1972 se casa Carmen Martínez-Bordiú con Alfonso de Borbón. La nieta de Franco con el primo de Juan Carlos, que se considera heredero al trono al ser hijo del primogénito de Alfonso XIII. La boda se celebra en el Pardo y a ella asisten personalidades como Balduino y Gracia de Mónaco, Imelda Marcos...

Pese a los intentos de Carmen Polo y otros jerarcas franquistas partidarios del inmovilismo, la opción de coronar a Alfonso de Borbón no prosperó. El matrimonio acabó en separación siete años después y él falleció decapitado en 1989, a los 52 años de edad, en un accidente de esquí en Colorado.

Atentado a carrero blanco

El declive de la salud de lcaudillo se acentúa a partir de 1970, qu e empeora cuando ETA asesina a Carrero Blanco en diciembre de 1973. Siete meses después, sufre una flebitis. Este hecho propicia que el príncipe asuma interinamente la jefatura del Estado, pese a su intención de que el traspaso fuera definitivo. La agonía comienza el 25 octubre de 1975 y Juan Carlos renuncia a asumir temporalmente el poder. Cinco días después, se le informa de que la enfermedad es terminal, por lo que sí acepta en esta ocasión.

De la ley a la ley

Al día siguiente de la muerte de Franco, Juan Carlos acata los Principios del Movimiento y es proclamado rey de España un día después. Elige entonces al jurista Torcuato Fernández Miranda para derribar, “de la ley a la ley”, el entramado jurídico franquista y convertir la dictadura en una democracia, con una nueva constitución. Como piloto de la ya denominada Transición, elige a Adolfo Suárez “por ser joven y moderno”, como confesó a Vilallonga.

El advenimiento de la democracia tendrá que enfrentarse a numerosas dificultades, como la crisis económica, el terrorismo etarra o la resistencia al cambio de determinados estamen tos. La legalización del Partido Comunista causa también un gran malestar en algunos sectores del ejército. El denominado ‘ruido de sables’ amenaza primero con el intento de golpe de estado de la operación Galaxia, a finales de 1978: se pretendía, aprovechando un viaje a México del rey, asaltar el palacio de Moncloa, secuestrar a Suárez y forzar un cambio de régimen.

Uno de los asistentes denunció a sus compañeros de complot, que fueron condenados a unos pocos meses de cárcel. Entre ellos, se encontraba el coronel Antonio Tejero, que volvió a intentar otro golpe la tarde del 23 de febrero de 1981. Suárez, harto de las tensiones de su partido UCD y desencantado por lo que consideraba una falta de apoyo del rey, había decidido dimitir. Durante la votación de investidura en las Cortes del nuevo presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, el guardia civil entra pistola en mano mientras que sus compañeros de armas disparan al techo. La sesión estaba siendo retransmitida por radio y el ruido de los tiros y los gritos de los golpistas causan estupor e incertidumbre en la opinión pública, que observa también horrorizada los tanques por las calles de Valencia y la toma de los estudios de Televisión Española de Prado del Rey.

La noticia llega a Zarzuela mientras el rey juega al squash. Se organiza un gabinete de crisis, liderado por el secretario de la Casa Real Sabino Fernández Campo, al que asiste el príncipe heredero. Juan Carlos comprueba, con horror, que el general Armada –uno de sus preceptores– está implicado. Las sucesivas llamadas a las diferentes regiones militares muestran que el golpe carece de apoyos suficientes. Se consigue que un cámara se desplace al palacio y Juan Carlos graba un mensaje reclamando la rendición de los sublevados. Se graban dos discursos y se mandan a TVE dos cintas por dos conductos distintos, para asegurarse de que llegue al menos una. La emisión del mensaje, ya de madrugada, permite respirar a la ciudadanía. A la mañana siguiente, Tejero abandona.

¿Estaba implicado en el golpe?

Durante décadas se ha especulado sobre el tema, pero no ha aparecido ningún documento o testimonio que lo pruebe. Su actuación cimenta su figura, que se va acrecentando cuando el Partido Socialista Obrero Español gana, por mayoría absoluta, las elecciones de 1982 y se produce el traspaso de poderes sin altercado alguno y como ejemplo de democracia.

Primeras fisuras

En los 80, España se consolida como un país moderno, ingresando en la Unión Europea en 1986. El despegue económico propicia la celebración, primero, del mundial de fútbol y, diez años después, de los Juegos Olímpicos y la Expo.

Sin embargo, justo antes de que comiencen las competiciones atléticas, aparecen las primeras fisuras en su imagen: una información del diario El Mundo de junio de 1992 provoca una gran polémica al hablar por primera vez de la vida privada del monarca, revelando que se encontraba en Suiza en un asunto privado. Apenas dos meses después, se publicó el nombre de una supuesta amante, Marta Gayá. También despertaron mucha polémica la exclusiva concedida a la periodista británica Selina Scott, con acceso ilimitado a la Zarzuela y a Marivent, y el libro de memorias dictado al aristócrata y escritor español José Luis de Vilallonga.

“En aquel entonces, sentó muy mal aquella escapada a Suiza: había mucho respeto y no se criticaba nada. Todo eran aplausos al rey. Había una especie de pacto de silencio por el bien del país y de la economía. Pero incluso en ese ambiente de respeto y alabanza continua, se criticó. Había que ser muy osado para meterse con la casa real entonces”, subraya Beatriz Cortázar, periodista experta en crónica social del diario ABC.

El goteo de informaciones sobre posibles negocios irregulares del monarca, así como de otras amantes, es constante. José García Abad fue el primero que, en 2004, publica un libro en el que denunciaba casos como KIO. “Se titulaba La soledad del rey y expliqué todas las aventuras financieras del monarca. Desgraciadamente, no conseguí que la prensa se hiciera eco”.

Campechanismo y más escándalos

Las sucesivas bodas reales de las infantas y el príncipe proporcionan un baño de multitudes a la corona, con numerosas alusiones al campechanismo del rey y su cercanía a la gente. Pero el escándalo es imparable cuando se imputa en 2011 a Iñaki Urdangarín, casado con su hija Cristina. “Fui también el primero en publicar este tema en 2006 y entonces el rey me mandó mensajes de preocupación. Hasta me llamóUrdangarín indignado. Pero pasaron muchos años hasta que la prensa se ocupó del tema”, lamenta García Abad.

Pero el vaso se desborda en 2012 cuando sufre –con el país sumido en una grave crisis económica– una fractura de cadera durante una cacería de elefantes en Botsuana, en la que estaba acompañado por la empresaria alemana y ‘amiga entrañable’ Corinna Larsen. Pese a que pedirá disculpas al salir de la clínica en la que fue intervenido, su imagen pública estaba ya muy deteriorada y empeoró más al conocerse las comisiones multimillonarias que, supuestamente, recibió por cerrar diferentes negocios en los países del golfo Pérsico.

“Todos estos escándalos dejan una mancha que toca su reputación, su figura y oscurece su papel como monarca: todos reconocen su importancia clave en la Transición, pero es inevitable que todo lo que ha pasado deje huella en su imagen”, opina el experto en comunicación política Euprepio Padula, presidente de Padula & Partners.

“Un rey, me dijo mi padre, no debe abdicar. No tiene derecho a hacerlo”, recalcó a Vilallonga en su libro. Sin embargo, abrumado por las circunstancias, lo hizo en junio de 2014. No cesaron de publicarse informaciones escandalosas, lo que propició, primero, su retirada de la vida pública a mediados de 2019 y su salida de España, en agosto de 2020, con destino a la cap ital de los Emiratos Árabes, Abu Dabi. “Morir en el exilio debe ser lo peor que le puede suceder a un hombre”, había confesado en el citado libro.

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