Los huesos de los muertos en Waterloo podrían haberse vendido como abono

Un nuevo estudio sugiere que los huesos de los caídos en la batalla de Waterloo, librada el 18 de junio de 1815, pudieron haber servido para fabricar harina de hueso para abonar los campos. Los arqueólogos responsables de la investigación no cierran por completo el caso de la falta de restos humanos en la zona de la contienda.

La batalla de Waterloo supuso el fin definitivo del sueño de Napoleón Bonaparte de recuperar su poder sobre Europa. Los franceses perdieron contra las tropas británicas, alemanas, neerlandesas y el ejército prusiano un 18 de junio de 1815. El resultado de la contienda marcó el fututo del emperador, que fue de nuevo desterrado, esta vez a la isla de Elba, bien alejado de tierra firme para evitar que se fugara de nuevo. En la batalla de Waterloo los hombres murieron por miles. Sin embargo, son pocos los restos humanos que se han encontrado. ¿Qué ha pasado con ellos? Un nuevo estudio parece estar más cerca de ofrecer una respuesta.

Tony Pollard ha llevado a cabo una investigación para averiguar por qué son tan escasos los restos humanos, teniendo en cuenta la cantidad de bajas que se produjeron en la batalla. El profesor de la Universidad de Glasgow cree que lo más probable es que los huesos de los caídos se vendieran como fertilizante para el campo. Sin embargo, no da por cerrado el caso.

Batalla de Waterloo
La batalla de Waterloo, óleo de William Sadler, Wikipedia

En las conclusiones del profesor, que se han publicado en la revista Journal of Conflict Archaeology, el también director del Centro de Arqueología de Campos de Batalla de la Universidad de Glasgow muestra datos originales que incluyen descripciones y dibujos del campo de batalla recién encontrados y que fueron realizados por personas que visitaron la zona en los días y semanas posteriores a la derrota del emperador francés.

Entre estos documentos se encuentran las cartas y las memorias personales de James Ker, un comerciante escocés que vivía en Bruselas en el momento de la batalla y que visitó el lugar días después de la contienda. Ker describe a los hombres que murieron en sus brazos.

Los relatos de los visitantes describen la ubicación exacta de tres fosas comunes que contenían hasta 13 000 cuerpos. Entonces ¿dónde están los huesos? “A pesar de la licencia artística y la hipérbole sobre el número de cuerpos en las fosas comunes, los cuerpos de los muertos fueron claramente eliminados en numerosos lugares a lo largo del campo de batalla, por lo que es algo sorprendente que no haya ningún registro fiable de que se haya encontrado una fosa común", dijo Pollard en un comunicado.

Sobre el uso de huesos humanos para fabricar abono, el profesor afirma que "al menos tres artículos periodísticos de la década de 1820 en adelante hacen referencia a la importación de huesos humanos de los campos de batalla europeos con el fin de producir abono”. Y continúa: "Los campos de batalla europeos pueden haber proporcionado una fuente conveniente de huesos que podrían ser molidos en harina de hueso, una forma eficaz de fertilizante. Uno de los principales mercados para esta materia prima eran las islas británicas".

Pollard afirma que nada más acabar la contienda en Waterloo, la gente se acercó a la zona con distintas intenciones. "Muchos vinieron a robar las pertenencias de los muertos, algunos incluso robaron dientes para hacer prótesis, mientras que otros vinieron simplemente a observar lo que había sucedido. Es probable que un agente de un proveedor de huesos llegara al campo de batalla con grandes expectativas de asegurar su premio. Los objetivos principales serían las fosas comunes, ya que tendrían suficientes cuerpos para merecer el esfuerzo de excavar los huesos”. Y en esta tarea pudieron ayudar los propios habitantes de la zona. "Los habitantes de la zona habrían podido indicar a estos agentes la ubicación de las fosas comunes, ya que muchos de ellos tendrían recuerdos vívidos de los entierros que se realizaron, o incluso podrían haber ayudado a cavar”, dijo Pollard.

Aunque todo apunta a que la práctica ausencia de restos de cadáveres en Waterloo se deba al uso de los huesos como fertilizante, Pollard quiere asegurarse. Para ello dirigirá un estudio geofísico que va a durar varios años y en el que van a participar veteranos que se unirán a la excavación para proporcionar información a arqueólogos de talla mundial.

"La siguiente etapa es volver a Waterloo, para intentar trazar las tumbas resultantes del análisis de los relatos de los primeros visitantes de los que se informa aquí”, dijo en el comunicado. "Si los restos humanos han sido extraídos a la escala propuesta, entonces debería haber, al menos en algunos casos, evidencia arqueológica de las fosas de las que fueron extraídos, por muy truncadas y mal definidas que estén”.

En 2015, mientras se estaba construyendo un museo y un aparcamiento en la zona, se descubrió un esqueleto humano. Cuatro años más tarde el equipo de Waterloo Uncovered desenterró en una excavación del principal hospital de campaña aliado los huesos de una pierna humana que fue amputada. También hay un esqueleto de procedencia desconocida en el museo de Waterloo. No se han encontrado otros restos significativos.

 

Referencia: Pollar, T. 2022. These spots of excavation tell: using early visitor accounts to map the missing graves of Waterloo. Journal of Conflict Archaeology. DOI: https://doi.org/10.1080/15740773.2021.2051895

Mar Aguilar

Mar Aguilar

Aprendiendo cada día un poco más. Puedes escribirme a maguilar@zinetmedia.es

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