Los 300 pueblos que Franco creó durante la dictadura

El Instituto Nacional de Colonización coordinó la vida de 60.000 familias en sus nuevos hogares.

 

Son muy sonadas las construcciones de pantanos por parte de Francisco Franco, pero este proyecto tenía un objetivo claro: repoblar zonas agrarias, convertidas en plantaciones de regadío con un campesinado autosuficiente. Así fue como el Instituto Nacional de Colonización coordinó el mayor desplazamiento humano de la Península Ibérica del siglo XX.

El 18 de octubre de 1939 se creó el Instituto Nacional de Colonización (INC). Dependía del Ministerio de Agricultura y su razón de ser era la de organizar la nueva política agraria franquista. La estrategia tomaba el relevo de la reforma agraria que ya procurara la Segunda República, pero el régimen franquista sustituyó la redistribución de la tierra por una política de colonización.

La idea era paliar los problemas económicos y sociales que había dejado la guerra. Los famosos embalses formaban parte de la reforma agraria implementada por el franquismo, que convirtió zonas de secano en plantaciones de regadío. A la vez que un intento de recuperación económica, el sistema recompensaba a los grandes propietarios que apoyaron el golpe de Estado de 1936.

Entre 1940 y 1970, la dictadura creó más de 300 pueblos repartidos por 27 provincias, la mayoría entre Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. Unas 60 000 familias fueron trasladadas a estos pueblos de nueva edificación, recibieron un lote y se convirtieron de la noche a la mañana en propietarios con casa y tierras de regadío.

Por supuesto, esto tenía un precio. A las familias se les asignaba un lote: un carro con aperos, algún animal de tiro, una vaca, una parcela para cultivar la tierra y una casa a pagar en cuarenta años. De los beneficios que sacaba las familias, una parte (alrededor de un tercio, aunque depende de a quien preguntes la realidad puede ser bien distinta) iba a parar al Estado. El Instituto Nacional de Colonización ejercía un férreo control sobre los colonos, que tenían unas directrices acerca de cómo trabajar. En cada pueblo había como mínimo un mayoral que vigilaba y se encargaba de tutelar a los colonos. Por encima del mayoral estaba la figura del perito y, a su vez, este rendía cuentas ante un ingeniero agrónomo. Si no cumplías lo que el Instituto Nacional de Colonización ordenaba, te echaban y otra familia ocupaba tu lugar.

¿Cómo se escogían los colonos?

La teoría dice que por sorteo. Pero, obviamente, el régimen franquista no dejaba nada al azar. Había preferencias por las familias numerosas (la idea era recuperar demográficamente ciertas zonas), sobre todo con hijos varones (la mano de obra indicada para el campo por aquel entonces), pero, si el INC sabía que alguien tenía vínculos con el bando perdedor, estaba totalmente descartado.

El reto de construir 300 pueblos nuevos

Sin duda, uno de los aspectos más curiosos del proceso. El régimen franquista seleccionó a jóvenes arquitectos, artistas, diseñadores y demás oficios afines a la causa que habían adquirido recientemente su licenciatura. Estos novatos iniciaron una tarea propia de la megalomanía del dictador, sin embargo, muchos de ellos acabarían siendo nombres destacados del siglo XX español en el ámbito artístico y urbanístico.

El Instituto Nacional de Colonización presentaba un ideario común para todos los proyectos, bajo la supervisión de José Tamés, jefe del INC, quien se inspiró en el Agro Pontino italiano, un sistema similar al franquista que implementó el régimen fascista de Mussolini, y los kibutz, comunas agrícolas en Israel.

Los pueblos fueron creados desde cero. Los encargados de dar forma a estas colonias pusieron mucho celo en todos los detalles. Se desarrollaba como un todo el urbanismo, la arquitectura, las necesidades sociales, los servicios como la escuela y la iglesia. Tanto es así, que muchos artífices fueron unos adelantados a su tiempo.

Obras franquistas rechazadas por la Iglesia

Muchos pueblos se situaron cercanos a los caudales de los grandes ríos de la mitad sur del país, donde aprovechaban los pantanos para el regadío de sus cultivos. La planta de los pueblos seguía un orden cuadriculado y simétrico, a la manera de las urbanizaciones que hoy día se levantan a las afueras de las ciudades. Los niños se equivocaban de casas los primeros días. Todas iguales, las plazas se repetían y las calles presentaban fachadas idénticas.

Retablo en Villalba de Calatrava (Ciudad Real), obra de Pablo Serrano]
Retablo en Villalba de Calatrava (Ciudad Real), obra de Pablo Serrano]

Pero en esta ordenación racionalista, se podían ver fuentes surrealistas como las de Bazana (Badajoz) y soluciones constructivas y artísticas empleadas en Iglesias que chocaban con los ideales del momento. Retablos, vidrieras, pinturas y esculturas diseñadas por jóvenes licenciados que, como suele ocurrir con cada nueva generación, rompían con la estética precedente.

Se dieron así situaciones como la vivida en Villalba de Calatrava (Ciudad Real), donde el obispo se negó a bendecir el retablo obra de Pablo Serrano. María Teresa Eguibar fue una escultura que se encargó de realizar varias imágenes de la Virgen María y otras santas, repartidas por Iglesias de estos pueblos de colonos. Hubo curas que vieron demasiado provocativas estas esculturas. En este sentido, no tiene desperdicio el artículo de Enriqueta Antolín, “Artistas infiltrados. Rojos, ateos y abstractos en los pueblos de Franco”.

María Teresa Eguibar y sus obras
María Teresa Eguibar y sus obras

Repercusiones en la actualidad

Desde 2007, la Ley de Memoria Histórica prohíbe la existencia de "menciones conmemorativas de exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura". Desde entonces, la mayoría de estos pueblos pasan por cambios de nombres, readaptaciones y debates acerca de sustituir o no el nombre tradicional (pero franquista) del pueblo y muchas de sus calles. Queipo de Llano (Sevilla), Águeda del Caudillo (Salamanca), Llanos del Caudillo (Ciudad Real) o Villafranco del Guadalquivir, la actual Isla Mayor en Sevilla... 300 localizaciones del territorio español han pasado o están pasando por estas circunstancias.

Algunos pueblos han seguido creciendo, otros se han despoblado y los que allí siguen viviendo tienen una historia distinta para cada casa. Juan Antonio Altozano llegó con 12 años a Villalva de Calatrava tras pasar muchas penurias y hambre, por lo que para él fue un sueño su nueva realidad. “Había un cuarto de baño, con su taza y su lavabo. ¡Y en aquellos años eso no lo tenía nadie!”. Otras familias, en cambio, se quejan de no tener acceso a luz ni agua cuando llegaron a su casa. Hay quien añora aquellos buenos tiempos. Hay quien se sentía esclavo de mayorales abusones.

Durante y tras el franquismo convivieron en los pueblos de colonos personas de todos los bandos. En palabras de Víctor Merino, alcalde de Entrerríos: “la cohesión de la necesidad”. Para Amelia Hernán, vecina centenaria de Enterreríos, da igual si su calle se llama José Antonio o Clara Campoamor, a ella le preocupaba que la ambulancia no sepa encontrar su casa.

El riesgo de despoblamiento de muchos de estos pueblos de colonos no impide movimientos importantes que buscan poner en valor un patrimonio que sufre una marca difícil de salvar: lo creó el franquismo.

Referencias:

Antonlín, E. 1983. Artistas infiltrados. Rojos, ateos y abstractos en los pueblos de Franco. Cambio 16, 592. fernandezdelamo.com

Amado, A. y Patiño, A. 2020. Habitar el agua. La colonización en la España del siglo XX. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Turner.

Hernando, S. 2018. Los pueblos que se inventó Franco. El País Semanal.

Zurutuza, K. 2019. Los pueblos que Franco se encontró en un cajón. Jot Down Magazine.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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