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Batallas de la Segunda Guerra Mundial

Leones contra águilas en Carentan

Consciente de la importancia de defender esa zona, el alto mando germano decidió protegerla enviando allí al 6º Regimiento de Paracaidistas, liderado por un veterano comandante, el barón Friedrich August von der Heydte.

Carentan
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En la estrategia de la operación Overlord, antes del amanecer del Día D era necesario tomar los puentes de la retaguardia para evitar que los alemanes enviasen refuerzos a la costa, así como neutralizar los cañones ubicados a varios kilómetros de las playas. Los encargados de esa peligrosa misión serían también paracaidistas, pertenecientes a la 82ª División Aerotransportada y la mítica 101ª, cuyas heroicidades, concretamente las de la Compañía Easy del 506º Regimiento, narradas por el historiador Stephen Ambrose en su libro Hermanos de sangre (Band of Brothers)darían lugar a la célebre serie de televisión del mismo título. El plan consistía en que los hombres de la 82ª asegurasen la localidad de Sainte-Mère-Église, cortando la línea ferroviaria que conducía a Cherburgo, mientras que la 101ª debía arrebatar a los alemanes Sainte-Marie-du-Mont y apoderarse posteriormente de Carentan, una pequeña población de cuatro mil habitantes situada en una posición estratégica en la base de la península de Cotentin, a medio camino entre Cherburgo y Caen. Su posesión resultaba absolutamente vital para los aliados, ya que ese pueblo era el punto en el que debían unirse las fuerzas norteamericanas tras asegurar las playas de Utah y Omaha.

Consciente de la importancia de defender esa zona, el alto mando germano decidió protegerla enviando allí al 6º Regimiento de Paracaidistas, liderado por un veterano comandante, el barón Friedrich August von der Heydte, que había combatido en muchos países: Polonia, Francia, Creta, el norte de África, Rusia e Italia. Un batallón quedó estacionado en Carentan, otro fue enviado unos diez kilómetros al noroeste, a Sainte-Mère-Église, y un tercero tomó posiciones seis kilómetros al norte, en Sainte-Marie-du-Mont. En esa área se decidiría el éxito de la ofensiva aliada en el sector occidental.

Duelo decisivo

A lo largo del día 6 de junio, los paracaidistas de la 101ª, conocidos como los Screaming Eagles o “Águilas Aulladoras”, se enfrentaron en las localidades de Sainte-Marie-du-Mont y en Saint-Côme-du-Mont a los hombres de Von der Heydte que las protegían, en lo que sería una lucha encarnizada. El propio Von der Heydte resultaría herido leve en un brazo, por lo que tuvo que continuar dirigiendo a sus tropas con el brazo en cabestrillo. Los alemanes acabaron cediendo en la defensa de esos pueblos para evitar ser rodeados, dirigiéndose a Carentan. Esa momentánea retirada parecía anunciar una rápida victoria de los hombres de la 101ª, pero nada más lejos de la realidad.

El duelo decisivo se iba a dirimir en Carentan. Los batallones germanos empeñados en la defensa de los pueblos situados más al norte se encontraban mermados tras dos días de duros combates, pero Von der Heydte todavía podía contar con unos 6.500 hombres para atrincherarse en Carentan e impedir que cayese en manos aliadas.

La orografía se mostraba cómplice con los intereses alemanes; para salvar los escasos tres kilómetros que separaban Saint-Côme-du-Mont de Carentan, los paracaidistas norteamericanos debían atravesar ni más ni menos que cuatro ríos (Jourdan, Douve, Groult y Madelaine). Los alemanes habían derrumbadolos tres primeros puentes y bloqueado el último con una “puerta belga”, un obstáculo de hierro de más de una tonelada montado sobre cilindros de hormigón. No existía una alternativa clara de avance, ya que por el este debían salvar el ancho canal que une Carentan con el mar, lo que resultaba impracticable, y atacar por el oeste suponía dar un gran rodeo en el que tampoco faltaban canales y riachuelos. Los civiles fueron evacuados para que no estorbasen en una defensa que se preveía numantina. Por último, el ingrediente épico lo había puesto Rommel, al transmitir a Von der Heydte la orden de Hitler de resistir “hasta el último hombre” en Carentan, lo que anticipaba la lucha desesperada que estaba a punto de tener lugar allí.

El 9 de junio los norteamericanos efectuaron un reconocimiento aéreo, comprobando la dificultad de tomar el pueblo, lo que fue corroborado por una patrulla que salió a explorar el terreno durante la noche. Incluso así, se decidió lanzar el asalto en la tarde del día siguiente, 10 de junio, para el que se contaría con el apoyo de la artillería. El ataque comenzó de forma prometedora para los hombres de la 101ª, ya que los tres primeros ríos fueron salvados, pero al llegar al cuarto se vieron sometidos a un intenso fuego de ametralladora procedente de una casa de campo situada en la otra orilla. No sería hasta las cuatro de la madrugada cuando los norteamericanos lograron hacerse con el puente y retirar la “puerta belga”, pudiendo ya irrumpir al otro lado del río.

Ahora sí podían atacar aquella casa desde donde los paracaidistas alemanes les estaban ametrallando con sus MG 42 de sonido inconfundible y aterrador. La lucha por la casa fue brutal, utilizándose desde granadas a cuchillos. Finalmente, los atacantes lograron tomar el edificio y silenciar las ametralladoras, aunque con un alto coste en bajas, que obligó a detener el avance a la espera de que llegasen los refuerzos, consistentes en efectivos de infantería de la 29ª División procedentes de la playa de Omaha.

Con los paracaidistas norteamericanos ya bien asentados en la orilla sur del último río, no había ningún obstáculo natural que los separase del centro de Carentan. Pero quedaba un obstáculo más insalvable que cualquiera de tipo orográfico, como era el tenaz espíritu de resistencia de los paracaidistas germanos. Para evitar un baño de sangre, desde las líneas estadounidenses se hizo llegar a Von der Heydte un mensaje conminándole a la rendición, pero la oferta fue declinada con una pregunta que constataba su firme resolución a seguir combatiendo: “¿Qué harían ustedes en mi lugar?”.

El asalto al pueblo comenzó la tarde siguiente a la toma de la casa de campo, después de una preparación de artillería que se esperaba que ablandase a los defensores teutones, pero que apenas causó algún efecto. Unos setecientos hombres de la 101ª iniciaron el avance por las primeras calles del pueblo. Bien atrincherados en los edificios, los Fallschirmjäger estaban preparados para rechazar a los norteamericanos las veces que hiciera falta. Apostados en las ventanas, comenzaron a disparar con sus ametralladoras a todo aquel que tratara de acercarse. Los norteamericanos debían exponerse a las balas para poder atravesar a la carrera la calzada y tratar así de llegar a las casas de las que partían los disparos, para acabar con los servidores de las ametralladoras lanzando granadas de mano a través de las ventanas.

Al caer la noche, apenas 132 soldados estadounidenses seguían combatiendo; el resto o habían muerto o habían sido retirados a consecuencia de sus graves heridas. Carentan seguía resistiendo y nada hacía pensar que fuera a ser tomada en poco tiempo. Se inició entonces otro avance por la ruta oeste, dando el rodeo anteriormente apuntado, para situarse al sur de la poblaci ón. Los alemanes, concentrados ahora en la defensa del casco urbano, no podían ya impedir el despliegue de las tropas aliadas por los alrededores. A última hora de la tarde de ese 11 de junio, ese desplazamiento ya se había completado por lo que, a la orden de ataque, esos hombres de refresco intentarían conquistar el pueblo desde el sur, cortando la ruta natural de retirada del enemigo, mientras sus compañeros empujarían nuevamente desde el norte.

Retirada germana

Con la descrita maniobra en pinza, la suerte de los alemanes estaba echada, y así lo advirtió enseguida Von der Heydte, quien no estaba dispuesto a resistir “hasta el último hombre” para complacer al Führer. Ante la escasez de víveres y municiones, el gran número de heridos, y la imposibilidad de seguir defendiendo Carentan, tomó esa misma noche la decisión de ordenar la retirada. En esa tesitura, seguramente agradeció el hecho de no poder ponerse en contacto con el cuartel general. Así pues, dejó a un centenar de hombres encargados de mantener a los norteamericanos a raya con ametralladoras y fuego de mortero, mientras el grueso de las tropas escapaba por el sur, antes de que esa vía quedase cortada y se encontrasen atrapados en una ratonera. Cuando los norteamericanos pudieron por fin entrar en Carentan, ya no quedaba ningún alemán.

El 6º Regimiento de Paracaidistas se había batido con bravura en la defensa del pueblo, una hazaña que les haría ganarse el apodo de Die Löwen von Carentan (“Los leones de Carentan”). Pero ese duelo entre leones y águilas no había terminado todavía. Mientras se estaban retirando, Werner Ostendorff, SS-Brigadeführer, al mando de la 17.ª División SS de Granaderos Panzer, se presentó ante Von der Heydte y le comunicó ásperamente que él estaba ahora al mando del regimiento. Había sido enviado allí con la consigna de mantener Carentan a toda costa, por lo que debían reconquistarla.

Al día siguiente, 12 de junio, Ostendorff lanzó un ataque al frente de sus tropas, que habían llegado frescas, dando un respiro a los baqueteados hombres de Von der Heydte. Los norteamericanos, después de tomar Carentan, habían establecido una línea de defensa un kilómetro y medio al sudoeste. Eran conscientes de que, si las fuerzas de refresco germanas se abrían paso y tomaban el pueblo, seguirían avanzando como una cuña entre las playas de Utah y Omaha, con resultados desastrosos. Los alemanes intentaron repetidas veces el asalto a esa línea, siendo siempre rechazados, por lo que acabaron cejando en su empeño para intentarlo al día siguiente con fuerzas renovadas.

La defensa de Carentan resistía, pero Ostendorff no era un hombre dispuesto a dar su brazo a torcer ni a ponerlo fácil. Así pues, el 13 de junio lanzó un nuevo y vigoroso ataque, para el que, ahora sí, sumó el regimiento de Von der Heydte. Parecía que la reconquista de la ciudad de Carentan era inminente; los alemanes comenzaban ya a paladear la victoria. Pero sobre las cuatro y media de la tarde, cuando la situación para los defensores era más desesperada, hizo su aparición, como en las películas del Oeste, el Séptimo de Caballería al rescate, aunque en esta ocasión quien acudía en el último momento era la 2ª División Blindada, procedente de la playa de Omaha. Para alegría de los paracaidistas norteamericanos, llegaba con 60 tanques y, además, acompañada de más soldados de la 29ª División. Carentan estaba salvada.

Avance posterior

El avance aliado, alimentado por la continua llegada de hombres y material a las playas, resultaría incontenible. Con el lanzamiento de la operación Cobra el 25 de julio, apoyada por intensos bombardeos desde el aire, los norteamericanos consiguieron por fin rebasar las defensas germanas, haciendo ya posible un avance veloz de las columnas blindadas para dejar atrás el difícil terreno del bocage. Esos rápidos movimientos provocaron el embolsamiento de tropas alemanas, aunque los hombres de Von der Heydte, que se hallaban en la localidad de Coutances, lograron escapar abriéndose paso a través de las líneas enemigas. El 6 de agosto tomaron parte en el contraataque de Mortain, la última vez que los alemanes trataron de llevar la iniciativa en Normandía, pero ese intento desesperado fracasó.

El 12 de agosto de 1944, el 6º Regimiento Paracaidista recibió la orden de abandonar Normandía. Para entonces, la batalla estaba definitivamente perdida y el único objetivo para los alemanes era escapar de la maniobra de cerco que se estaba cerrando en Falaise, que acabaría atrapando a más de cincuenta mil soldados. Los “leones de Carentan” habían estado combatiendo prácticamente cada día desde el 6 de junio; las bajas de la unidad habían sido de unos trescientos hombres, entre muertos, heridos y desaparecidos, pero ese sacrificio se había revelado inútil. El ejército aliado ya avanzaba hacia la capital francesa, París, a donde llegaría el 25 de agosto, certificando así el éxito del desembarco en Normandía.

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