Las primeras corredoras de bolsa

Que una mujer pisara las baldosas de Wall Street, y que lo hiciera teniendo su propia firma, era algo impensable hasta que Victoria Woodhull apareció en el mundo de los negocios.

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Convencida de que todo lo que pudiera ser soñado podía llevarse a la realidad, Victoria Woodhull pasó de vivir en una humilde familia donde no todos los días había algo para comer sobre la mesa a convertirse en agente de bolsa y acabar ganando una fortuna.

Dos años después de llegar con su hermana Tennessee a Nueva York, abrió junto a ella la agencia de valores Claflin & Company, lo que causó un gran escándalo en Wall Street. La noticia del nacimiento de esta nueva firma bursátil dirigida por  mujeres sedujo a los periódicos de la América decimonónica, que llamó a las hermanas Claflin –su apellido antes de casarse– “las reinas de las finanzas”. Era 1870, y hasta entonces ninguna mujer había sido agente de bolsa.

El buen instinto para las finanzas de Victoria le permitió cumplir uno de sus sueños: abrir un periódico, el Woodhull & Claflin’s Weekly, con el que revolucionó la sociedad de su tiempo a través de manifiestos en favor del amor libre, entendiendo que este conllevaba libertad para casarse, divorciarse y tener hijos sin que el Gobierno tuviera nada que decir al respecto. No fue su única cruzada. También se convirtió en una dura activista en favor de las reformas laborales y los derechos de las mujeres, y jugó un papel decisivo en la defensa del voto femenino.

En 1871, el Frank Leslie’s Illustrated Newspaper inmortalizó el discurso que realizó ante el Judiciary Committee norteamericano –comité de la Cámara de Representantes– con un grabado en el que aparecía intentando convencer a los allí presentes de la necesidad de que las mujeres formaran parte de las decisiones políticas permitiéndoles votar. Un año después, sorprendía al mundo entero con otra noticia: su presentación oficial como candidata a la presidencia del país representando al partido Equal Rights (Igualdad de Derechos). Se convertía así en la primera mujer en aspirar a la presidencia de Estados Unidos y, aunque fue detenida el día de las elecciones acusada de haber publicado un artículo obsceno y nunca llegó a ocupar el cargo, consiguió que otras mujeres vieran que también ellas podían ser líderes políticas.

 

Artífices de emporios empresariales

Victoria Woodhull fue una de las mujeres más destacadas de su época, pero no la única que abrió camino derribando el techo de cristal. Hubo quienes, teniendo en mente el firme propósito de sacar adelante a sus hijos, acabaron formando un auténtico emporio empresarial que ni siquiera ellas soñaban con crear. Fue el caso de Teresa Benelli, quien tras quedar viuda decidió invertir todo lo que tenía en un taller mecánico con el que esperaba que sus seis hijos pudieran tener un futuro. Fue así como nació en 1911 el garaje Benelli, dedicado no solo a la reparación de automóviles y motocicletas, sino también a producir los repuestos que necesitaban. Hoy es una famosa firma de motos que forma parte del gran consorcio chino Qianjiang.

La historia de Teresa Benelli puede considerarse una excepción en el mundo del motor, donde han sido muy escasas las mujeres que han conseguido emprender. Sin embargo, en la industria de la cosmética fueron varias las pioneras que acabaron creando auténticos imperios a base de esfuerzo e imaginación. Una de ellas, Estée Lauder, aseguraba que no se limitaba a soñar con el éxito, sino que había trabajado para llegar él, y lo cierto es que se preparó durante años antes de fundar su legendaria empresa de cosméticos.

 

Más información sobre el tema en el artículo Las primeras en romper el techo de cristal de Beatriz González.Aparece en el especial MUY HISTORIA, dedicado a Pioneras. Ellas abrieron el camino.

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