Las muchas caras de la operación ‘Argo’

El cine y la propaganda estadounidense han convertido en una emocionante aventura esta operación encubierta en territorio iraní.

Reolución iraní

El 4 de noviembre de 1979, la ciudad iraní de Teherán llevó las consecuencias de la reciente Revolución iraní hasta su último extremo. Durante una manifestación multitudinaria en recuerdo de la matanza de estudiantes que el anterior régimen había llevado a cabo el año anterior, un grupo de unos 500 estudiantes seguidores del ayatolá Jomeini se detuvo ante la fachada de la embajada estadounidense. En teoría tendrían que haber seguido su ruta hacia la Universidad de Teherán, pero los planes habían cambiado.

El asalto se produjo en poco tiempo. Los estudiantes saltaron la valla de seguridad y entraron a la fuerza en la embajada ante la visión del personal de seguridad poco armado y en inferioridad abrumadora. Los 73 empleados que trabajaban allí intentaron destruir la mayor cantidad posible de información comprometida  que allí se guardaba, ya que la embajada estadounidense había sido un centro de operaciones para la CIA en Irán. Mientras que 66 personas eran tomadas como rehenes del régimen teocrático de Jomeini, seis diplomáticos conseguían huir por la puerta de atrás y refugiarse en las embajadas de Suiza y de Canadá, donde acabarían por reunirse a la espera de ayuda.

Conflictos sin resolver

Históricamente, las malas relaciones y empeños intervencionistas entre Estados Unidos e Irán vienen de mucho antes que la propia Revolución iraní y la instauración del régimen teocrático del ayatolá. En el año 2000, periodistas del ‘New York Times’ sacaron a la luz las actividades que la CIA llevó a cabo en el país en 1952. Por aquel entonces, Irán estaba gobernado por Muhammad Mossadegh, primer ministro elegido democráticamente que decidió nacionalizar la industria petrolífera y enfrentarse a las aspiraciones de Gran Bretaña.

En respuesta a esta acción, Estados Unidos financió y promovió un golpe de estado que situaría en el poder al manejable shah Muhammad Reza. El 22 de agosto de 1953 este plan se hizo efectivo y el shah Pahlaví ocupó el cargo dentro de un régimen autoritario hasta octubre de 1979, momento en que viajó a Nueva York para ser tratado de cáncer y su ausencia provocó un levantamiento popular con la llamada Revolución iraní encabezada por el ayatolá Jomeini. Muchos consideran que la toma de la embajada fue una venganza por el golpe de estado de 1952 y, a cambio de la liberación de los rehenes, el gobierno iraní pedía la entrega del shah Pahlaví para que fuese juzgado.

Operación Argo

Ken Taylor, el entonces embajador de Canadá en Teherán, acogió en su residencia a los diplomáticos huidos y se puso en contacto con el gobierno estadounidense para encontrar una forma de sacarlos de allí. Se produjo una estrecha colaboración entre ambos administraciones y Taylor jugó un papel clave a la hora de idear el plan de huida y de conseguir a los diplomáticos documentación falsa con la que huir del país.

El servicio de inteligencia de los Estados Unidos encargó la misión a Tony Méndez, un agente especializado en crear perfiles falsos convincentes con los que los agentes encubiertos pudieran infiltrarse en entornos hostiles. La tensión entre ambos países hacía muy difícil que un estadounidense pasara desapercibido, por lo que tuvieron que idear un pretexto tan exótico y llamativo que nadie dudase de él: Tony Méndez y un compañero fingirían ser parte de un estudio de Hollywood que buscaba localizaciones para una nueva película de ciencia ficción.

Para evitar que los iraníes dudasen de su versión, se crearon todo tipo de detalles contrastables sobre el proyecto cinematográfico. La productora de la película se llamaba Studio 6, como las personas a las que tenían que sacar; se escribió el guion de la película y se hicieron algunos storyboards de la historia e incluso se le dio un título falso: ‘Argo’. El engaño de Taylor y Méndez funcionó y los diplomáticos salieron del país en un vuelo con dirección a Zúrich sin apenas más problemas.

A pesar de los riesgos que suponía una operación de este tipo, el gobierno estadounidense de Jimmy Carter y la CIA le dieron luz verde pensando que, si tenían éxito, podrían introducir a un segundo equipo de obreros para construir los decorados que estaría formado por unidades Delta del ejército.

¿Y el resto de rehenes?

Las negociaciones para liberar a los 66 rehenes trajeron problemas desde un primer momento. El demócrata Jimmy Carter se negó a ceder a las exigencias de Jomeini y entregar al shah a cambio de la liberación de los estadounidenses. En 1980 rompió relaciones diplomáticas con Irán, realizó un embargo económico, congeló los fondos iraníes en Estados Unidos y se centró en la opción de una misión militar como posible solución.

La llamada 'Operación Garra de Águila' era una operación encubierta que coordinaba una infiltración en territorio iraní, ataques selectivos de distracción y una acción de rescate con la que sacar a los rehenes del país. El intento de llevar a cabo esta acción militar se vio frustrado por los constantes problemas técnicos y tuvo que abandonarse la idea.

En 1980, Muhammad Reza moría por el cáncer contra el que llevaba luchando años y la guerra entre Irán e Irak que acababa de comenzar hizo que el régimen de Jomeini se replanteara la situación con los rehenes. Para evitar una intervención abierta de los Estados Unidos de Reagan, por entonces aliados de Sadam Husein, Irán solicitó el cumplimiento de unas condiciones aceptables para los Estados Unidos y puso en libertad a los 66 rehenes tras 444 días de cautiverio.