Las gemelas de Auschwitz que sobrevivieron a Mengele

En uno de los vídeos más famosos de la Segunda Guerra Mundial, aparece una ristra de niños que caminan en orden entre un pasillo de alambradas.

La escena es de finales de enero de 1945, y refleja la liberación de Auschwitz por parte de los soviéticos. Gorros, mantas, pañuelos… Están abrigados y varias mujeres llevan a los más pequeños en brazos. La vista se pierde entre tantas cabezas hasta el fondo de la imagen, y una chaquetilla de rayas es la prenda más repetida. La Historia nos ha enseñado qué significaba ese pijama de rayas, y en el cuerpo de un niño, el escalofrío es más agudo.

Unas de las primeras en cruzar delante de la cámara soviética son una pareja de niñas que van de la mano, y que son gemelas. Y si la historia nos enseñó el significado de aquellos pijamas de rayas, también nos mostró el triste destino de los gemelos en los experimentos del doctor Josef Mengele. Muchas décadas después, una de ellas se convirtió en un símbolo de la reconciliación cuando perdonó públicamente a algunos de sus verdugos.

Eva y Miriam Mozes habían nacido el 31 de enero de 1934 en Portz, un pequeño pueblo rumano cerca de la frontera con Hungría. Antes de cruzarse con Mengele, la familia de las gemelas ya había sentido el antisemitismo en su tierra natal. El padre había propuesto emigrar a Palestina ante la alarmante situación en Europa. La madre se negó, “no voy a emigrar con cuatro niñas” le dijo.

Miembros de la Guardia de Hierro, un movimiento fascista rumano, habían encarcelado en 1935 al padre con acusaciones falsas. En 1940, Hungría invadió la franja de Rumanía en la que vivían. El antisemitismo subió varios niveles, pero la familia confiaba que en aquel remoto lugar de Transilvania no llegarán las garras del Tercer Reich y su plan genocida.

Error. En 1944, los padres y las cuatro hermanas, fueron expulsados de su hogar. Unos meses en un gueto, y el traslado en tren a Auschwitz.

Docenas de judíos fueron hacinados en el vagón de ganado. La locomotora se detuvo y varios guardias de las SS comenzaron el proceso de selección. En resumidas cuentas, los adultos que estaban en condiciones para trabajar eran apartados y conducidos a barracones. El resto, enfermos, niños y ancianos serían asesinados en cuestión de minutos.

En ese momento de la selección, la “suerte” se cruzó en el camino de las gemelas cuando un oficial de las SS las vio vestidas igual. En medio de centenares de personas recién salidas del tren, la costumbre de la madre de ponerles idéntica ropa, salvó la vida de sus hijas. El guardia se llevó a las hermanas tras confirmar que se trataba de gemelas, para complacer los sueños del doctor Mengele.

Eva y Miriam Mozes
Eva y Miriam Mozes

Así recordaba Eva los últimos momentos con su familia:

“Un guardia que corría apresurado se detuvo justo frente a nosotras. Se fijó en Miriam y en mí y en nuestros vestidos a juego.
—¿Son gemelas? —le preguntó a mamá. Ella dudó por un instante.
—¿Es algo bueno?
—Sí —dijo el guardia.
—Son gemelas —contestó ella.
Sin decir una palabra, nos agarró a Miriam y a mí y nos separó de mamá.
—¡No!
—¡Mamá! ¡Mamá! ¡No!
Miriam y yo gritamos y lloramos tratando de no separarnos de mamá, quien a la vez luchaba por seguirnos con sus brazos extendidos mientras un soldado la sujetaba, hasta que finalmente la empujó violentamente al otro extremo de la plataforma”.

Fue el último momento en el que las gemelas vieron con vida a sus padres y sus otras dos hermanas. Las gemelas, tras ser desinfectadas y rapadas, fueron marcadas como ganado con un tatuaje en el brazo. A-7063 para Eva, A-7064 para Miriam. Después fueron conducidas a Auschwitz II a la que sería su nueva casa. Unas barracas pestilentes en las que se encontraron con varias decenas de gemelas de entre 2 y 16 años.

A la mañana siguiente conocieron al doctor Mengele. Entró en las barracas ataviado elegantemente con un uniforme de las SS, llevaba guantes blancos, unas relucientes botas de montar y portaba un bastón.

Josef Mengele era un doctor en Antropología y Medicina especializado en el estudio genético, e imbuido por la ideología racial nazi. En el mayor infierno criminal ideado por el hombre, Mengele se sentía cómodo. Había encontrado en Auschwitz el laboratorio perfecto, donde poner a prueba sus acientíficas ideas sobre la mejora de la raza. La deshumanización hacia los judíos y otros grupos le permitía poder experimentar directamente sobre humanos. Las ratas habían sido sustituidas en las pruebas médicas por hombres, mujeres y niños que pasaban a ser un conjunto de órganos y células con los que entretenerse.

Y dentro de la experimentación, los gemelos eran la joya de la corona en su mentalidad genocida, ya que le ofrecía la oportunidad de ver la evolución de distintos tratamientos o patógenos inoculados en cuerpos que eran exactamente iguales.

A Eva le impresionó el físico de Mengele, le pareció guapo como una estrella de cine. Ese mismo día estuvieron unas ocho horas midiendo cada parte de su cuerpo, el color de tono de los ojos, la longitud de las orejas…

También ese día conocieron a una enfermera a la que todas llamaban la víbora. Esta sanitaria gustaba gastar el tiempo insultando y amenazando a las niñas: ¡Sucias asquerosas judías! ¡Os vamos a matar a todas!

Piojos, frío, hambre, el temor por el destino de la familia y continúas humillaciones acompañaban el día de las jóvenes. La rutina de las hermanas consistía en tres días a la semana con exhaustivos análisis y pruebas que les dejaban agotadas. En un brazo les sacaban sangre y en el otro les inyectaban algo que ellas desconocían.

Con este sistema, las dos hermanas enfermaron gravemente y Miriam estuvo a punto de morir. De haber fallecido una de ellas, la otra hermana hubiera sido trasladada al laboratorio, y habría sido asesinada con algún fármaco para poder realizar una autopsia simultánea y así comprobar las diferencias en dos cuerpos idénticos.

Finalmente, un día de enero, los nazis simplemente desaparecieron de Auschwitz ante la inminente llegada de los soviéticos. Tras pasar por Rumanía e Israel, las dos hermanas hicieron su vida en Estados Unidos.

Eva tuvo dos hijos y junto a su hermana fundó en 1984 una asociación para encontrar a los niños de los experimentos de Mengele. Desde joven Miriam había comenzado a sufrir problemas renales y las pruebas médicas revelaron que sus riñones no habían crecido desde los experimentos de Auschwitz.

En 1987, Eva le donó uno de sus riñones y le regaló otros seis años más de vida. Aunque las pesadillas y los traumas vividos le acompañaron durante el resto de su vida, Eva supo perdonar a los verdugos de su familia.

En 2015, durante el juicio que condenó a Oskar Groening, conocido como el contable de Auschwitz, Eva abrazó a Oskar ofreciéndole su perdón.

Referencias:

Mozes, E. Sobrevivir al ángel de la muerte
Rees, L. Auschwitz

 

 

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