Las fuentes de inspiración de «Casa de locos», de Francisco de Goya

En «Casa de locos», Goya muestra la oscuridad humana con una estampa que retrata la vida en una institución mental.

Francisco de Goya y Lucientes pintó «Casa de locos» entre los años 1812 y 1819. El cuadro muestra una imagen sobrecogedora: un grupo de enfermos ocupan un edificio austero, oscuro y con una única ventana enrejada en lo alto, que más parece cárcel que institución para la salvaguardia de los pacientes mentales. Vemos figuras desnudas en un estado de frenesí que se agitan, o que lloran y se lamentan tirados en el suelo. Un hombre privado de ropa lleva un tricornio, mientras un segundo porta la imitación de una mitra mientras hace el gesto de bendecir con la mano derecha y un tercero corona su cabeza rizada con una tiara hecha de cartas de juego. Otros personajes se distribuyen por la escena. Algunos embozados, quizás frailes y monjas, observan la escena, y uno de ellos besa la mano de un hombre con tocado de plumas y arco a la espalda. Entre las sombras, al fondo, sucede una escena de sexo. Onírico y grotesco en su concepción, «Casa de locos» entronca, en la oscuridad y la intensidad emocional que la atraviesan, con las pinturas negras del autor.

Casa locos
Imagen: Wikicommons

Este cuadro de dimensiones modestas, pintado sobre madera y conservado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, nació de una visita que el pintor hizo al manicomio de Zaragoza. La institución hospitalaria de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza acogía a los que se diagnosticaban como locos, pero entre sus paredes a menudo acababan pobres, niños expósitos, enfermos de epilepsia y otras personas en dificultad.

Los internos dormían en habitaciones comunitarias y eran divididos por género en base a su docilidad entre locos furiosos y locos menos furiosos. Los que se consideraban más peligrosos dormían en jaulas. Tanto hombres como mujeres trabajaban en el hospital, en los huertos y viñedos, en la panadería y la botica de la propia institución, o cosiendo y lavando. Esta terapia ocupacional parecía ayudar en la recuperación. La gestión de la institución recibió los elogios de figuras internacionales de la medicina como Philippe Pinel, quien propuso la adopción del modelo zaragozano para los hospitales psiquiátricos franceses.

La aparente ejemplaridad de la gestión hospitalaria zaragozana de la que hablan los documentos parece contrastar con la experiencia mostrada por Goya. Además de ser una representación de los claroscuros de la mente humana, «Casa de locos» también puede tomarse como una expresión de los sufrimientos personales del propio artista. Aquejado de una enfermedad que lo condenó a la sordera permanente y con tendencia a sufrir depresiones, la sucesión de problemas y preocupaciones insuflaron en el pintor zaragozano un ánimo sombrío que trasluce en sus obras de esta época.

Corral locos
Imagen: Wikicommons

De igual manera, «Casa de locos» funciona como crítica social. Algunos de los personajes representados aparecen portando símbolos, como el tricornio y la mitra, de los poderes y estamentos de la época. El cuadro es la expresión artística de un contexto sociopolítico convulso. Como también puede observarse en la serie Los desastres de la guerra, que muestra la violencia sobre la población ejercida por las tropas francesas invasoras, en «Casa de locos» Goya muestra una crueldad cruda, directa y oscura, sin florituras ni embellecimientos. Su carácter grotesco entronca igualmente con el perfil fantástico y extraño de sus series de grabados Los disparates.

«Casa de locos», además, cuenta con antecedentes en otra pintura goyesca titulada «Corral de locos». Realizada entre 1793 y 1794, muestra a dos hombres luchando desnudos entre un corro de personas disturbadas mientras el guardián intenta separarlos con azotes. Algunos de los internos llevan túnicas blancas denominadas sacos que, según revela la documentación de la época, vestían los pacientes más conflictivos, mientras que los más calmos se distinguían por la librea verde que, en «Corral de locos», lleva el personaje posicionado de espaldas a la derecha. Según una carta fechada en 1794 que el propio Goya envió a Bernardo de Iriarte, la escena representada también se basa en lo que el pintor presenció durante una visita al manicomio de Zaragoza.

 Pintura oscura de sentimientos exacerbados, Goya la compuso mientras intentaba recuperarse de una enfermedad que lo doblegaba físicamente y lo sometía a una intensa presión psicológica. «Corral de locos» y «Casa de locos», por tanto, también funcionan como exploraciones personales sobre la ansiedad derivada de un estado de salud precario y de un miedo personal a volverse loco. En la producción del artista, marcan la exploración consciente de un mundo hecho de sombras y terrores.

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Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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