Lady Julian: sexualidad y prostitución en un barco del siglo XVIII

La nave Lady Julian transportaba un pasaje de mujeres a las colonias penales australianas. Lo que sucedió a bordo ¿fue un acto de libertad o de libertinaje?

Zarpó el 29 de julio de 1789 desde las costas de Plymouth. La nave, conocida también como Lady Juliana, transportaba a un cargo de reos británicos que debían ingresar en la colonia de Nueva Gales del Sur en la lejana Australia. Contaba con una peculiaridad que la hacía única: el pasaje estaba constituido íntegramente por mujeres.

La tripulación, por el contrario, estaba formada por hombres. George Aitken capitaneaba el barco, Richard Alley ejercía de médico a bordo y el teniente Thomas Edgar, que había navegado las costas del Pacífico junto a Cook, tomó el encargo de representar los intereses del gobierno y de ocuparse de que las cláusulas del contrato se respetasen. La nave tenía como misión transportar mujeres hasta la colonia penal que se había fundado en 1787 con la llegada de la Primera Flota, el primer destacamento europeo que se instaló en Australia. Faltaban mujeres con las que crear núcleos de población que pudieran crecer y prosperar.

Gracias a las memorias de John Nicol, uno de los miembros de la tripulación del Lady Julian, de hecho, conocemos algunos detalles de los preparativos del singular viaje y de la travesía. Cuenta Nicol que se vaciaron las prisiones de Inglaterra para poder llenar la nave de las prisioneras que deberían ayudar a repoblar la recién creada colonia de ultramar. A bordo de la nave viajaban entre 225 y 240 mujeres, algunas incluso niñas menores de 14 años. En su mayoría, las mujeres del Lady Julian habían sido condenadas por pequeños robos (algunas de joyas, otras de grano o tejidos) o por ejercer la prostitución.

La segunda mitad del siglo XVIII fue un período complejo de gran pobreza para Inglaterra. El aumento de la población provocó, entre otras cosas, una persistente escasez de alimentos y altas tasas de desempleo. Tras la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, además, las ciudades vieron como una masa de soldados destituidos se instalaba de nuevo en Gran Bretaña, en muchos casos mutilados, sin posibilidad de ganarse la vida de manera honrada. Estos factores favorecieron los pequeños crímenes.

Es, además, el período en el que todavía están vigentes los Códigos sangrientos o Bloody Codes del sistema legal inglés. Este sistema legislativo y penal castigaba con brutalidad desproporcionada cualquier crimen: el hurto de unos metros de tela o de un saco de harina podía conllevar la muerte. A las viajeras del Lady Julian se les ofreció, como alternativa a la pena de muerte, la instalación en las colonias australianas. El estado conmutó sus penas y las mujeres aceptaron la aventura.

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Escena en una taberna. Imagen: Wikicommons

El periplo fue largo y se prolongó durante más de 10 meses. La nave cruzó el Atlántico cargada de ganado, pollos y tejidos. Antes de poner rumbo hacia el continente americano, la Lady Julian hizo escala en el noroeste de la Península Ibérica, las Islas Canarias y Cabo Verde. Casi todas las pasajeras llegaron a su destino 309 días después. Gracias a una buena alimentación, a la libertad de movimientos de las mujeres en cubierta y a la limpieza y desinfección periódica de los espacios, el Lady Julian pudo presumir de una tasa de mortalidad muy baja para la época: tan solo se produjeron cinco muertes a bordo de la nave. Llegaron a la colonia en un momento en el que los primeros pobladores occidentales de la zona estaban padeciendo hambre y carestía. Esto no ayudó a que recibiesen con agrado a aquellas 200 mujeres que también habría que alimentar.

La Lady Julian, sin embargo, se ganó la fama de ser un prostíbulo flotante, un espacio para el libertinaje y el desenfreno en el que la tripulación podía dar rienda suelta a sus apetitos sexuales. Algunas fuentes sostienen que, cuando la nave atracaba en puerto, las mujeres tenían libertad para intimar con la tripulación de otros barcos. A veces, también se producían altercados y peleas entre las viajeras. Abocadas a compartir un espacio limitado con la tripulación durante muchos meses, las viajeras establecieron a bordo relaciones, algunas fugaces y otras duraderas. El caso del Lady Julian sugiere un espacio de libertad que funcionaba fuera de los esquemas sociales que regían la vida en tierra firme.

Reducir las vidas de las reas del Lady Julian a meros ejemplos de prostitución y disipación no hace justicia a la historia. Las autoridades religiosas de la época percibían a las mujeres condenadas como seres viciosos y dados al desorden. Es un modo despectivo de concebir la sexualidad femenina y la capacidad de las mujeres de establecer relaciones afectivas incluso en los contextos menos amables. Lo que la historia parece sugerir es que, con sus luces y sus sombras, el Lady Julian funcionó como un microcosmos en el que también había espacio para el afecto, los cuidados y la esperanza de una vida mejor. Nicol, en sus memorias, presenta el carácter humano de las convictas y resalta la ayuda que se prestaban entre ellas para aliviar las necesidades de las más pobres.

Referencias

Damousi, Joy (April 1995). "Chaos and order: Gender, space and sexuality on female convict ships". Australian Historical Studies, 26(104). DOI:10.1080/10314619508595969.

Rees, S. 2001. The Floating Brothel: The Extraordinary Story of the Lady Julian and its Cargo of Female Convicts Bound for Botany Bay. Sydney: Hodder Headline Australia.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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