La tregua de Navidad, un instante de paz en las trincheras

La Navidad de 1914 dejó uno de los momentos más sorprendentes de la Gran Guerra: una improvisada tregua entre alemanes, franceses y británicos

Tregua de Navidad
Imagen: Wikimedia Commons

Aquella era la primera Navidad de la Gran Guerra. Los soldados llevaban meses en las trincheras, con el barro hasta las rodillas y el frío clavándose hasta sus huesos mientras esperaban que alguien diera la orden de cargar y se preguntaban si serian los proyectiles, los fusiles, las ametralladoras o el acero de las bayonetas lo que acabaría con ellos. Pero aquella Nochebuena de 1914, para dar un pequeño descanso a sus hombres, el káiser Guillermo II ordenó mandar al frente abetos decorados y raciones extra de pan, salchichas y licores. La Navidad había llegado a tierra de nadie.

Los soldados franceses y británicos que estaban de guardia debieron quedar perplejos. La línea enemiga se estaba llenando de lo que parecían árboles iluminados y con adornos. Del lado enemigo empezaron a llegar susurros de una canción familiar, que evocaba el calor de una estufa y el abrazo de un ser querido. Los alemanes empezaron a cantar el villancico Noche de paz y, poco después, una voz se alzó en el lado británico y se sumó a ellos, a quienes eran sus enemigos, a quienes debía odiar. Alemanes, franceses e ingleses, cada uno en su idioma, unieron sus voces para confortarse en aquella noche en la que ninguno de ellos deseaba estar en las trincheras ni luchando.

La mañana llegó, pero el hechizo seguía vivo. Desde el lado alemán, algunos soldados alzaron banderas blancas y salieron desarmados de sus posiciones, avanzando muy despacio entre los alambres de espino hacia tierra de nadie. Los aliados vacilaron en un primer momento, temiendo una trampa y siendo conscientes de que seguían estando en guerra, pero confiaron en ellos y salieron a su encuentro. Ese lugar baldío y terrible, ese campo de la muerte que los separaba, se llenó de soldados y oficiales de bajo rango (los que de verdad pasaban sus días combatiendo en la primera línea) que habían soltado sus fusiles para estrechar la mano y abrazar al enemigo. El día de antes se habían matado, pero entonces compartían sin miramientos el poco tabaco, alcohol o chocolate del que disponían. No distinguían uniformes, idiomas o nacionalidades, solo veían personas a las que se habían unido por un fuerte vínculo de fraternidad.

La tregua se prolongó durante la jornada. Se pactó que cada bando pudiera retirar los restos mortales de sus compatriotas caídos en combate para darles una digna sepultura y oficiar ceremonias religiosas, incluso alguna conjunta con gente de ambos bandos. Los soldados compartieron sus experiencias, se confesaron sus inquietudes y se tomaron fotografías juntos. Aquel día, los disparos y las explosiones fueron sustituidos por las risas, los aplausos y las ovaciones. El único enfrentamiento que hubo fue un amistoso e improvisado partido de fútbol entre ambos bandos. Los jugadores acordaron disputarse la revancha al día siguiente, pero esto nunca llegó a ocurrir.

Tregua de Navidad
Imagen: Getty Images

 

La noticia de la tregua y de todos los gestos de fraternidad de los soldados con sus enemigos llegaron a los cuarteles generales de ambos bandos y los oficiales de salón que orquestaban la guerra y mandaban a sus hombres a morir sin miramientos no se mostraron para nada conformes. Toda la Primera Guerra Mundial había estallado tras pasar años promoviendo unos ideales probelicistas y ultranacionalistas que dibujaban a los otros países como enemigos mortales y colocaba a los ciudadanos en una difícil posición: ‘o ellos o nosotros’. Una tregua como la vivida durante el día de Navidad podía tirar por tierra todo eso e incluso hacer pensar a más de uno que aquella guerra en la que morirían alrededor de 60 millones de personas era un sinsentido (que lo era). Los soldados alemanes que habían participado en la tregua fueron retirados de esas posiciones y enviados al frente oriental, cientos de franceses fueron fusilados para servir de ejemplo y los periódicos británicos fueron censurados para que no se conociera la peculiar escena que se había vivido.

Los altos cargos y gobiernos de tres países que presumían de ser totalmente contrarios los unos de los otros coincidieron al intentar silenciar y hacer desaparecer cualquier prueba de que sus soldados preferían la paz antes que la guerra y que, bajo sus uniformes y sus banderas, seguían siendo seres humanos y no carne para el matadero.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

Continúa leyendo