La Revolución que acabó con la monarquía en Alemania

La llamada Revolución de Noviembre empezó en octubre de 1918, mientras la I Guerra Mundial daba sus últimos coletazos. De ella nació la República de Weimar.

Revolución de Noviembre

Aunque hoy está poco presente en la memoria colectiva de los alemanes, la Revolución de Noviembre es uno de los acontecimientos más importantes de la Historia de la Alemania contemporánea, fundamentalmente por su principal consecuencia a largo plazo: el cambio en la forma del Estado, que pasó de la monarquía constitucional del Kaiserreich (Imperio alemán) a una república parlamentaria y democrática. Pero el fracaso de la República de Weimar nacida de aquella revuelta y los subsiguientes horrores del nazismo y el Tercer Reich han oscurecido la trascendencia de lo sucedido entre octubre de 1918 y agosto de 1919. Sí, porque la Revolución de Noviembre empezó, realmente, el 29 de octubre de 1918: fue ese día cuando los marineros de la flota de guerra se amotinaron en el puerto de Kiel, capital del estado federado de Schleswig-Holstein. La causa: cuando la I Guerra Mundial ya estaba perdida –el 11 de noviembre, Alemania aceptaría las condiciones del armisticio–, se negaron a salir al mar del Norte para librar una última e inútil batalla contra Inglaterra, como ordenaban sus superiores.

Una concentración de protesta fue disuelta a tiros y murieron nueve personas; los marinos respondieron disparando y matando al oficial que había ordenado la represión, y el motín se convirtió en revuelta armada. Pronto se les unieron los trabajadores y los soldados de otros cuerpos del Ejército, y el 4 de noviembre los revolucionarios –40.000 en total– se hicieron con el control de la ciudad. Aunque los socialdemócratas del SPD lograron reconducir la situación en Kiel, la noticia de la Revolución ya había trascendido y su espíritu se propagó por todas las grandes ciudades de Alemania. Para el día 7, triunfaba ya en el país entero; el 8, los soldados desplegados en Berlín para contener la revuelta rehusaron disparar a sus conciudadanos; de este modo, el 9 de noviembre, el káiser Guillermo II se vio forzado a abdicar y, en los días sucesivos, le siguieron todos los príncipes gobernantes en los estados del agonizante Imperio. El último sería el soberano Gunter Víctor de Schwarzburgo, con cuya renuncia al trono el 23 de noviembre de 1918 quedaba abolida la monarquía en toda Alemania y nacía la República de Weimar.

Las principales causas de la Revolución de Noviembre fueron el gran sufrimiento de la población alemana durante los cuatro años de la Primera Guerra Mundial, el desmoronamiento del Imperio a consecuencia de la derrota y la creciente tensión entre las clases populares y la élite gobernante, compuesta por miembros de la aristocracia y la alta burguesía. Estas tensiones, empero, no desaparecieron con la caída de la monarquía. El SPD, encabezado por Friedrich Ebert –nombrado primer presidente de la República–, temía que los radicales desencadenaran una guerra civil y se alió con la derecha para reprimirlos ferozmente. Así, el Levantamiento Espartaquista –nombre que se da a la huelga general y los enfrentamientos armados acaecidos en Berlín del 5 al 12 de enero de 1919– fue desarticulado a sangre y fuego por fuerzas paramilitares, que también secuestraron, torturaron y asesinaron a sus dos principales líderes, los comunistas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Concluía así trágicamente el sueño revolucionario, cuyo epílogo fue la aprobación de la Constitución de Weimar en agosto de ese año.

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