La Resistencia griega contra las fuerzas del Eje

La heroica rebeldía helena consiguió frenar a las fuerzas del Eje, que no lograban asentar allí su poder.

Nazis en la Acrópolis

La llamada Batalla de Grecia (nombre por el que se conoce a la invasión alemana de la península Helénica) arrancó el 6 de abril de 1941 y, a pesar de los enconados intentos del Ejército griego por detener el rodillo germano, veinticinco días después, con la toma de Kalamata, la Grecia continental claudicaba ante la superioridad de la maquinaria bélica del Tercer Reich. Pero no todo eran buenas noticias para el mando alemán en la Hélade. En el continente todo parecía estar bajo control, pero en Creta se libraba la batalla más feroz de la guerra en este frente. De entre los escasos atractivos que el país heleno tenía para los alemanes, uno era el control de la isla egea. En primer lugar, porque proporcionaba una plataforma envidiable para las incursiones aéreas en el continente, y en segundo lugar, porque otorgaba una ventaja estratégica excepcional –que permitiría eventualmente barrer la presencia británica del Mediterráneo oriental– y una inmejorable cabeza de puente para lanzarse posteriormente a por el control del Canal de Suez y de Chipre.

Creta fue, de hecho, el escenario de una de las mayores operaciones aéreas germanas de toda la guerra. La invasión de la isla fue ejecutada por un contingente de 8.000 paracaidistas, que forzaron la evacuación británica. En diez días, la isla cayó bajo control germano, pero el precio pagado fue extraordinariamente alto. Tanto es así, que la Batalla de Creta fue rebautizada como “Cementerio de la Fallschirmjager” (nombre en alemán de las unidades de paracaidistas), ya que el Ejército del Reich sufrió más de seis mil quinientas bajas. Fue la primera gran operación protagonizada por los paracaidistas y también la última. Los cretenses vendieron muy cara su piel, y fue precisamente durante la batalla cuando los alemanes se toparon por vez primera en Grecia con la oposición de una Resistencia organizada, a la que se sumaron incluso mujeres y niños.

La mecha de la rebeldía

El 1 de junio de 1941, Grecia, incluidas las islas, estaba ya bajo control alemán, pero sus habitantes habían demostrado ser fieros combatientes y la semilla de la Resistencia estaba germinando. El rey Jorge II, entre tanto, puso rumbo a Egipto, donde se constituyó un Gobierno en el exilio plenamente reconocido por los aliados, pero no tanto dentro de la propia Grecia, donde era contestado por los sectores más izquierdistas. Como respuesta, los alemanes constituyeron su propio Gobierno títere encabezado por el general Georgios Tsolákoglu, que fue incapaz de evitar la anexión forzosa de amplios territorios de Macedonia y Tracia a Bulgaria, lo que provocó la indignación de la inmensa mayoría de la ciudadanía griega, golpeada además por una gran hambruna que comenzó a causar verdaderos estragos a finales de 1941. El nuevo Gobierno no gozaba de ningún refrendo popular, y sólo se mantenía en pie gracias al apoyo de los invasores alemanes e italianos, generando cada vez más desconfianza y oposición entre una población civil decidida a sacudirse el yugo teutón por cualquier medio necesario. La mecha de la rebeldía en el continente la encendieron, al abrigo de la noche del 30 de mayo de 1941, dos estudiantes universitarios, Apóstolos Santas y Manolis Glezos, trepando en secreto hasta la Acrópolis para quitar la bandera nazi allí instalada por las fuerzas de ocupación. Fue un acto simbólico de gran resonancia popular que despertó la furia de atenienses y griegos, sembrando la semilla de un movimiento de Resistencia que se iba a revelar como uno de los más aguerridos de toda Europa.

Más información sobre el tema en el artículo El coraje de los griegos de Roberto Piorno. Aparece en el último MUY HISTORIA, dedicado a Las Resistencias en la II Guerra Mundial. Ciudadanos en armas contra los nazis.

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