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Música en la II Guerra Mundial

La música de los campos de concentración: 8000 piezas escritas por prisioneros

El pianista que lleva 30 años recuperándolas señala que algunas de ellas son verdaderas obras maestras

Música en el Holocausto
Ron Porter

Desde hace más de 30 años el pianista italiano Francesco Lotoro se ha dedicado a una misión: rescatar, interpretar y en algunos casos hasta terminar las más de 8000 piezas musicales escritas por prisioneros de los campos de concentración nazis durante la II Guerra Mundial.

Más de un millón de personas fueron asesinadas en Auschwitz-Birkenau, el campo de exterminio establecido por los alemanes en 1940 como parte de la Solución Final de Hitler. Allí, más allá del sonido de los trenes, los ladridos de los perros, las órdenes de los soldados y la constante maquinaria de muerte, había también música. De acuerdo con Lotoro, algunas de las composiciones que ha rescatado  eran “verdaderas obras maestras que podrían haber cambiado el rumbo del lenguaje musical en Europa”.

Muchas de estas obras han sido recuperadas gracias a que fueron heredadas por hijos de supervivientes y se mantuvieron ocultas e ignoradas. Algunas estaban infestadas de polvo, moho o insectos y fue necesario realizar una limpieza profunda antes de trabajar en ellas.

En total Lotoro ha recopilado y catalogado más de 8.000 piezas musicales, incluidas sinfonías, óperas, canciones populares y melodías gitanas garabateadas en todo, desde envoltorios de comida hasta telegramas, incluso sacos de patatas. Por análisis químicos realizados a algunas de ellas y por losrelatos de supervivientes se sabe de algunas de ellas que fueron compuestas utilizando el carbón que le habían dado como medicina para la disentería y papel higiénico para escribir una sinfonía completa que luego fue sacada de contrabando a través de la lavandería del campo. Para este pianista italiano si esta música no se toca, es como si todavía estuviera prisionera en el campo.

La misión de Lotoro comenzó en 1988 cuando supo sobre la música creada por los prisioneros en el campo de concentración checo Theresienstadt. Los nazis habían establecido este campo de concentración como supuesta “ciudad spa” para que los judíos alemanes mayores pudieran retirarse. A los reclusos se les permitía crear y representar piezas musicales, muchas de las cuales sobrevivieron. Al poder estudiarlas, Lotoro se asombró del nivel que mostraban y se preguntó si habría más ejemplos. Fue entonces cuando se acercó a Bret Werb, responsable del archivo musical del Museo Conmemorativo del Holocausto de EE. UU., en Washington D.C. y juntos consiguieron lo que parecía imposible: no solo recuperar las piezas, sino también conocer a sus creadores. O creadoras.

Una de ellas fue Alma Rosé, directora de la orquesta de Auschwitz-Birkenau. Rosé fue una virtuosa del violín y también la sobrina del célebre compositor vienés Gustav Mahler. Anita Lasker-Wallfisch, una de las últimas supervivientes de este campo, señala que Rosé tenía una disciplina férrea y era por un motivo: ella sabía muy bien que si no lograba hacer una orquesta respetable, no sobreviviría.

Otro ejemplo fue el polaco Jozef Kropinski, quizás el compositor más prolífico y versátil de todos los que fueron encarcelados. Kropinski fue encerrado por colaborar con la resistencia polaca y lo enviaron a Auschwitz, donde se convirtió en el primer violinista de la orquesta masculina y comenzó a componer en secreto, primero para él y luego para otros prisioneros. En total escribió cientos de piezas musicales, desde  tangos, valses, canciones de amor hasta una ópera en dos partes,  durante sus cuatro años en Auschwitz y luego en Buchenwald.

En abril de 1945, cuando los aliados se acercaron a Buchenwald, el campo fue evacuado y los presos fueron obligados a realizar una marcha de la muerte. Kropinski pudo sacar de contrabando su violín y cientos de piezas musicales, algunas escondidas en su estuche de violín y otras en el bolsillo secreto de su abrigo, pero solo 117 sobreviven hoy. En la marcha, sacrificó el resto para encender un fuego.

Hasta la fecha, Francesco Lotoro ha arreglado y grabado 400 obras compuestas en los campos de concentración.

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