La Lanza del Destino: el objeto codiciado por Hitler

El líder nazi se obsesionó con esta reliquia desde su juventud. No paró hasta hacerse con ella y la protegió cuanto pudo para no caer preso de su maldición.

 

La leyenda decía que su poseedor tendría un poder incomparable. Pasó de mano en mano entre diversos reyes y líderes de la historia. Hitler supo de su existencia en su juventud y cuando tuvo oportunidad no dudó en hacerse con ella. La Lanza del Destino fue una de las reliquias más codiciadas por el líder nazi y no escatimó en recursos para proteger su preciado tesoro.

La Lanza del Destino, Lanza sagrada o también llamada Lanza de Longino, pues fue Longino el soldado romano que clavó su punta en el costado de Jesucristo en la cruz. La rodeaba una leyenda:

“Quien la sostenga con sus manos, sostendrá, para bien o para mal, el destino del mundo”.

Pero también contenía una maldición: el que se separara de ella sufriría la derrota más amarga e incluso la muerte. Los ingredientes perfectos para que este objeto se convirtiera en la obsesión de un maníaco como Hitler. El líder nazi buscó varias reliquias como el Arca de la Alianza o el Santo Grial. De guion de película, sí. Pero los mayores esfuerzos los puso en encontrar la Lanza del Destino.

Según el evangelio de San Juan:

“Fueron pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua”.

Jesús de Nazaret y dos condenados más fueron crucificados por los romanos un viernes. Como el día siguiente, el Sabat, es el día sagrado para los judíos, no podía haber nadie agonizando. Los romanos rompieron las piernas de los dos crucificados que acompañaban a Jesús, quien parecía sin vida, así que le clavaron la lanza para certificar que estaba muerto y que no llegaría al sábado padeciendo. Unos considerados estos romanos.

Se dice que Cayo Casio Longino fue el romano encargado de comprobar que Cristo estaba muerto. El soldado sufría una ceguera parcial. Al clavar su lanza, le salpicó sangre y agua de Jesús en los ojos y recuperó la vista. Un milagro que le hizo convertirse al cristianismo. En la basílica de San Pedro del Vaticano hay una espectacular escultura barroca de Longino, que acabó siendo reconocido como Santo por la Iglesia, obra del siglo XVII por las manos de Bernini.

Un objeto de reyes

Se cuenta que la lanza estuvo en manos del rey Herodes, de los emperadores Constantino y Teodosio, y de los reyes bárbaros Alarico y Teodorico. En el 732 Carlos Martel llevaba la lanza cuando derrotó a los árabes en Poitiers. Su nieto, Carlomagno venció en todas sus batallas hasta que perdió la lanza. Federico I Barbarroja murió ahogado cuando, al vadear un río en la actual Turquía, se le cayó la Lanza.

Parece que para Hitler el poder atribuido a la lanza pesaba más que la maldición.

De joven artista a líder nazi

Adolf Hitler supo de la lanza cuando era joven. Durante un tiempo intentaba vender sus acuarelas en Viena, obras de un artista frustrado tras suspender el examen de acceso a Bellas Artes. Cierto día, a sus 23 años, Hitler entró en el Palacio Hofburg. Allí se exponía la reliquia cristiana, parte del tesoro imperial de los Habsburgo, presentada como un objeto de gran poder místico.

Se trataba de la Lanza de Viena, que más que una lanza solo era una punta de unos 50 centímetros de largo. Partida en dos y reparada con alambre de plata. Un clavo en el centro y una cobertura de oro donde se puede leer “Lancea et Clavus Dominus” (la lanza y el clavo del Señor).

Desde entonces, Hitler no se sacó de la cabeza aquel objeto. Investigó a fondo su historia con la ayuda de su amigo Walter Stein, experto en ocultismo y, curiosamente, judío. En 1938, veintiséis años después, el joven que paseara alrededor de la vitrina de la lanza se había convertido en el líder de la Alemania nazi. En cuanto se hizo con el control de Viena fue a tomar su ansiada reliquia.

Hitler tenía en su poder la Lanza del Destino. Ahora había que ponerla a buen recaudo. Cinco meses tardaron en preparar el viaje de la reliquia junto a otras piezas del tesoro que Hitler saqueó en Viena. En un viaje secreto, la lanza fue transportada por un tren blindado y escoltado hasta Nuremberg. Allí la reliquia fue escondida en un búnker antiaéreo.

Hay quien cuenta que Hitler se suicidó cuando supo que los Aliados le habían arrebatado la lanza. Por si no había suficientes ingredientes místicos. Pero la realidad es que la lanza fue hallada por los americanos meses después de la muerte del Führer.

Una reliquia falsa

En 1947, Estados Unidos devolvió la lanza a Viena. Para comprobar que no se trataba de una réplica fue sometida a diversos análisis. Con la prueba del Carbono 14 quedó demostrado que se trata de una lanza del siglo VII, por lo que no es el arma romana que clavaron en el costado de Cristo.

Existen otras reliquias mostradas como la Lanza Sagrada. Destacan dos: la lanza de Echmiadzin, en Armenia, que por su forma queda descartada como lanza romana. Y la del Vaticano, de la que desconocemos su cronología puesto que la Iglesia no permite hacerle pruebas.

Referencias:

Rozas Pashley, M. 2003. La lanza que no mató a Jesucristo. elmundo.es

Villatoro, M. P. 2015. Hitler y su misteriosa búsqueda de la lanza con la que atravesaron a Cristo en la cruz. abc.es.

 

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

Continúa leyendo