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La historia de la única medalla olímpica mita bronce mitad plata

Detrás de ella están los nombres de Shuhei Nishida y Sueo Oe, dos saltadores de pértiga que compitieron en Berlín 1936

Juegos Japón
Asahi Shinbun

Charles Dickens lo definió perfectamente con su sarcasmo y su crudeza, aunque lo haya hecho casi 80 años antes. El inglés hablaba de dos ciudades, pero podría tratarse de una sola: Berlín, en 1936. “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas”.  Son muchas las historias que hablan sobre aquellos Juegos Olímpicos retratando la miseria humana y también la esperanza. Pero una de las más inolvidables es al mismo tiempo una de las menos conocidas: la historia de los japoneses Shuhei Nishida y Sueo Oe. Para Nishida no eran los primeros JJOO. Ya había participado en Los Ángeles, en 1932, donde ganó la medalla de plata. En cambio Oe, cinco años más joven, había acudido por primera vez.  Ambos participaban de evento de salto de pértiga.

El día de la final, cuatro atletas competían por el oro, los dos japoneses y dos estadounidenses: Earle Meadows y Bill Sefton. El primero de ellos había salvado la altura de 4,35 metros mientras que los otros tres luchaban por alcanzarle. Sería imposible y Meadows se alzó con el oro. Sefton y los dos japoneses quedaron para disputarse las otras dos medallas y el cuarto puesto ya que estaban empatados en 4,25 metros de altura. Para ello se decidió un desempate: quien superara la mayor altura se haría con la plata. Sefton no logró pasar de los 4,15, mientras que Nishida y Oe se quedaron en 4,25. Había que decidir quien de los dos se quedaba con la plata y quien con el bronce. Los jueces dejaron la decisión en manos del equipo japonés que se la otorgó a Nishida, por haber superado los 4,25 en el primer intento (Oe necesitó dos saltos). Pero la decisión, aunque salomónica y que sirvió para establecer un precedente olímpicoen caso de empates, no satisfizo a Nishida ni a Oe, ambos quería compartir los honores. Lo solicitaron a los jueces y estos desestimaron la demanda. La historia llegó a oídos de Leni Riefenstahl y se hizo un hueco en la película de los JJOO, Olympia.

La solución de Nishida y Oe llegó al regresar a Japón. Llevaron sus medallas a un joyero que las cortó por la mitad. Luego unieron la mitad de la medalla de plata con la mitad de la medalla de bronce, creando una medalla mitad plata, mitad bronce para cada uno de ellos. Desde ese momento pasaron a conocerse como "Las medallas de la amistad”.

Una amistad que no duraría muchos años más. Mientras la vida de Nishida continuó en lo deportivo, ganando un bronce en los juegos asiáticos de 1951 y formando parte del Comité Olímpico Japonés desde 1959 hasta 1997, la suerte de Oe fue otra. En 1937 estableció un récord nacional salto de pértiga: 4,35 metros, una marca que se mantuvo durante 21 años. Pero Oe no llegó a verlo: murió en acción en la Batalla de la Isla Wake el 24 de diciembre de 1941.

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