La heroica resistencia de los judíos en el gueto de Varsovia

Tras la ocupación de Polonia, los nazis encerraron a los judíos de Varsovia en un gueto minúsculo en condiciones infrahumanas. No contaban con su resistencia.

Resistentes del gueto de Varsovia

Las condiciones de vida en el Gueto fueron lamentables desde el primer momento. La cantidad de comida que se asignaba a sus habitantes por los nazis, amparándose en la economía de guerra, era muy inferior a la que cualquier dieta asignaría a una persona: tan sólo unas 400 calorías diarias, y eso como máximo. En cambio, los alemanes consumían diariamente 2.600 calorías por persona. Las fotografías que se tomaron de los habitantes del Gueto de Varsovia nos muestran un desolador panorama de hambre y desnutrición, con adultos y niños caídos por la calle, falleciendo a causa de la falta de alimentos. Y eso que, lógicamente, los judíos del Gueto no se conformaron con lo que se les asignaba, sino que trataron de conseguir comida por medios clandestinos, lo que dio pie a la industria más floreciente de aquel tenebroso lugar: el mercado negro.

Tanto los polacos como los propios soldados y mandos nazis convertían en negocio la carestía en la que se encontraban sumidos los habitantes del Gueto. Los alimentos que no se proporcionaban oficialmente podían obtenerse por otros medios, que enriquecían o hacían más llevadera la vida a los que participaban en el lucrativo comercio. De hecho, una de las principales acusaciones que se lanzó contra el ya de por sí impopular Consejo Judío fue la de que quienes formaban parte de él participaban también de la corrupción y sacaban tajada de ella. Los judíos de a pie, en cambio, no tenían otra alternativa que convertirse en mano de obra forzosa participando en una subterránea economía del trueque: proliferaron talleres que trabajaban a destajo manufacturando productos que se pasaban fuera del Gueto para obtener comida a cambio de ellos.

De todas formas, aquello no era suficiente para alimentar adecuadamente a los centenares de miles de habitantes del Gueto y la situación empeoró con rapidez: se calcula que entre 1940 y mediados de 1942 habían fallecido ya 83.00 judíos, principalmente a causa del hambre, las enfermedades y las penosas condiciones de vida. Esta cifra viene a significar que, en menos de dos años, un 20% de la población del Gueto había muerto, una inusitada tasa de mortalidad.

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De camino a la muerte

Además, a partir de julio de 1942, los nazis pusieron en marcha deportaciones masivas de sus habitantes hacia los campos de concentración, como parte de la Solución Final al problema judío que había sido diseñada desde las postrimerías de 1941 por Adolf Hitler y los principales jerarcas del régimen nacionalsocialista.

Habían circulado rumores sobre las deportaciones, pero se ejecutaron con germánica precisión y no dieron tiempo a que cuajara una resistencia. En tan sólo dos meses se sacó del gueto a 300.000 judíos, con destino al campo de Treblinka y a otros. Además, las detenciones en el gueto no estuvieron exentas de tensión y actos de terrible brutalidad, en tan elevada magnitud que se ha calculado que murieron unas 10.000 personas sin salir de aquel perímetro.

Más información sobre el tema en el artículo La revuelta del Gueto, escrito por José Ángel Martos. Aparece en el último monográfico de MUY HISTORIA, dedicado a Los Nazis y el Holocausto

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