La fundación de Canberra

Después de confederarse en 1901, Melbourne y Sídney no se pusieron de acuerdo sobre cuál de las dos sería la sede del nuevo Parlamento. Tras años de discusiones, encontraron un sitio intermedio para su capital: una pequeña comunidad rural a 300 km de Sídney.

Canberra

La fiebre del oro despertada hacia 1850 atrajo gran cantidad de inmigrantes. Entre 1855 y 1890, las seis colonias australianas de entonces formaron individualmente su propio gobierno colonial, administrando la mayoría de sus asuntos internos cuando aún formaban parte del Imperio Británico. Para finales del siglo XIX creció la idea de lograr una única capital para todos ellos.

Así nació la controversia: Sidney y Melbourne se disputaban el título de Capital de Australia, y pasaba el tiempo y los políticos no lograban alcanzar ningún acuerdo sobre dónde se ubicaría la sede del Parlamento australiano.

En 1907 se deciden por una solución "científica" encargando el estudio de un par de localizaciones posibles para la futura capital. Se había decidido construir una ciudad desde cero. La primera capital planeada desde sus cimientos.

Siguiendo el ejemplo de Washington DC, Estados Unidos, a la nueva capital se le asignó un territorio especialmente definido para que ningún estado pudiera dominar a los políticos federales.

Se llevó a cabo un concurso internacional para elegir el mejor diseño para la nueva ciudad. Ganó la pareja de arquitectos de Chicago Walter Griffin y Marion, y la construcción de su atrevido proyecto geométrico con círculos, triángulos y hexágonos finalmente comenzó en 1913.

Un siglo más tarde, Canberra es el hogar del Parlamento de Australia -compuesto por el Senado y la Cámara de Representantes-, la Corte Suprema, la Galería Nacional, un gran número de entidades gubernamentales y academias de formación militar.

Sus 350.000 residentes viven en siete distritos, cada uno de ellos con su propio centro comercial.

El peculiar diseño de los Griffin separó los distritos con matorrales frondosos, haciendo que Canberra siempre pareciera estar rodeada de selva. Lo que, según sus detractores, significa que los habitantes han luchado por tener la sensación de comunidad necesaria para lograr la unidad de una ciudad.

Al igual que muchas otras capitales administrativas construidas expresamente -como Brasilia en Brasil, Naypyidaw en Birmania, Islamabad en Pakistán- su diseño no ha logrado capturar el corazón y el alma del país que gobierna.

La inmensa mayoría de los viajeros que quieren visitarla, llegan a Australia vía Sidney (a 300 kilómetros de distancia). En definitiva, la cuestión de la capitalidad se resolvió formalmente, pero la realidad manda y Sidney se lleva todas las miradas.

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