La Dama de Elche, un gran hallazgo de la arqueología ibérica

Esta famosísima escultura íbera, datada entre los siglos V y IV a.C., fue encontrada casualmente por unos trabajadores agrícolas el 4 de agosto de 1897.

Dama de Elche

Hoy es una de las piezas de mayor valor e importancia que se exhiben en el Museo Arqueológico Nacional de España (Madrid), y su autenticidad y antigüedad –que algunos estudiosos pusieron en duda– han sido demostradas. Se trata de la escultura conocida como Dama de Elche, busto de una mujer íbera en piedra caliza datado entre los siglos V y IV a.C. Mide 56 cm de altura, pesa 65 kg y tiene en la parte posterior una cavidad casi esférica que probablemente servía para depositar reliquias o cenizas de difuntos; se han encontrado otras figuras íberas de carácter religioso y funerario con parecidos huecos en la espalda. La escultura está en buen estado de conservación, aunque con golpes y erosiones, pero ha perdido casi toda su policromía original, así como la pasta vítrea que se cree que rellenaba los ojos.

La mujer representada, de rasgos faciales perfectos que revelan una fuerte influencia de la escultura griega, está espléndidamente ataviada con ropajes, adornos y joyas característicos de los íberos. Así, viste una túnica y una mantilla –sujetada por una peineta semejante a una tiara– en la que aún quedan restos de pintura rojiza (color que también ha dejado rastros en los labios). En cuanto a las joyas, lo más llamativo son las ruedas que le cubren las orejas y que cuelgan de unas cadenitas sujetas a la tira de cuero que le ciñe la frente; además, lleva numerosos collares, cadenas y filigranas. Según los expertos, son reproducciones de joyas que tuvieron su origen en Jonia en el siglo VIII a.C. y que de allí pasaron a Etruria y más tarde a Iberia. Artemidoro de Éfeso, viajero del siglo I a.C., describió a las mujeres íberas con atuendo y ornamentos muy similares a los de la Dama.

Su nombre proviene de haber sido encontrada en una finca de La Alcudia, a 3 km de la ciudad de Elche (Alicante). El hallazgo tuvo lugar el 4 de agosto de 1897 por pura casualidad, cuando los obreros de la finca cavaban para hacer el desmonte de una loma con fines agrícolas. Hay dos versiones de los hechos: según la primera, fue un chico de 14 años, Manuel Campello Manolico, que echaba una mano a los trabajadores, quien en un descanso de estos para almorzar topó con la escultura al dar un golpe de azadón en la tierra (la marca del golpe ha quedado en la Dama). Según el informe oficial, el autor del hallazgo fue el trabajador Antonio Maciá. Sea como fuere, el lugar del descubrimiento es hoy un yacimiento arqueológico de gran importancia, en el que se han desenterrado piezas íberas y romanas muy valiosas.

La trayectoria posterior de la Dama de Elche ha sido azarosa. El hermano del suegro del dueño de la finca, Pedro Ibarra Ruiz, archivero municipal de Elche, enseguida supo reconocer el valor de la Reina Mora, como la llamaron al principio, y difundió fotografías de la talla internacionalmente. Su fama llegó al punto de ser adquirida por el Museo del Louvre (París), donde estuvo expuesta hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Tras varios traslados, Franco logró recuperarla en 1941 mediante un intercambio de obras con el gobierno de Vichy, y su hogar fue el Museo del Prado hasta 1971, cuando finalmente se incorporó a la colección del Arqueológico. En 1995, el estadounidense John F. Moffitt cuestionó su datación y autenticidad, pero los análisis llevados a cabo por María Pilar Luxán en 2005 no dejaron lugar a dudas: la Dama de Elche es un gran hallazgo íbero.

CONTINÚA LEYENDO