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La cartoteca de las brujas, un peculiar proyecto del nazismo

Con la cartoteca de las brujas, la inteligencia nazista quiso probar que la caza de brujas había sido un ataque judeocristiano contra el pueblo alemán.

Heinrich Himmler
Imagen: Wikicommons

La Hexenkartothek o cartoteca de las brujas supuso uno de los muchos proyectos de investigación que se desarrollaron durante el nazismo. ¿Su objetivo? Recoger y sistematizar toda la documentación disponible sobre la persecución de la brujería a partir de la Edad Media.

Fue Heinrich Himmler, jefe de las SS, quien impulsó esta pesquisa. El interés del jerarca por las brujas nació de una anécdota que pertenece a la historia genealógica de su familia: se cuenta que un tal Passaquay, un antepasado del propio Himmler, había sido quemado en la hoguera en 1629 bajo la acusación de haber prestado culto al diablo. En un estado totalitario integrado por personajes que hacen gala de personalidades excéntricas, las circunstancias personales terminan por convertirse en intervenciones políticas. Esta historia en apariencia menor dio pie a un proyecto de grandes aspiraciones: Himmler debía demostrar la teoría de que la iglesia, con sus persecuciones sistemáticas y la quema indiscriminada de brujas, había intentado demoler la tradición germana y el espíritu milenario de su pueblo.

La cartoteca de las brujas se integra en el trabajo auspiciado por la Ahnenerbe, la institución de las SS que buscaba elaborar teorías, desde la historia, la arqueología y los estudios folclóricos, que sustentasen los principios racistas arios del nazismo. El proyecto también se inspiró en los trabajos de Alfred Rosenberg, ideólogo de las teorías raciales nazis, quien sostenía que la caza de brujas había sido una operación judía para asesinar la feminidad alemana, y de Otto Höfler, que sostuvo que los brujos y los brujos debían considerarse guerreros salvajes, poseídos de un frenesí al que habrían dado rienda suelta para defender el territorio. Desde este punto de vista, los practicantes de la brujería de raíz germana habrían cultivado valores recios, masculinos y salvajes.

Quema brujas
Imagen: Wikicommons

Una unidad de investigación de la que formaron parte oficiales como Rudolf Levin y Wilhelm Spengler se dedicó a examinar, entre los años 1935 y 1943, más de 250 bibliotecas y archivos buscando evidencias sobre la caza de brujas en Europa desde la Edad Media en adelante. Buscaban reconstruir las consecuencias que había tenido la caza de brujas para la evolución de la raza y la historia alemana, así como el papel que desempeñaron las mujeres en los procesos como víctimas preferentes de la persecución.

Los oficiales recogieron información sobre casos concretos de persecuciones, procesos, juicios y condenas relativos tanto a la geografía germana como al resto del mundo. Este proceso de sistematización produjo más de 33000 fichas y una documentación total que supera los 130000 documentos. El trabajo que realizaba la unidad no era únicamente una labor de oficina. Haciéndose pasar por estudiantes universitarios, sus miembros se infiltraban en casas particulares de pueblos de montaña en busca de evidencias de esa persecución feroz.

Para Himmler, la caza de brujas significó una afrenta a la raza germana y en especial a sus mujeres. Recuperar el tema de la brujería implicaba revivir una parte enterrada de la cultura nacional previa al dominio del catolicismo, al tiempo que legitimaba las violencias del régimen nacionalsocialista. Si el espíritu germano había sido reprimido y abatido durante siglos, desde la idiosincrasia nazi era lícito responder con la violencia contra esos poderes, entre los que los nazis daban una responsabilidad preeminente a los judíos que, supuestamente, buscaban seguir reprimiendo la nación. Esta supuesta cruzada contra el pueblo germánico justificaba, a ojos de los nacionalsocialistas, las deportaciones masivas y las masacres sistemáticas en los campos de concentración.

La investigación antropológica también permitía establecer lazos con un pasado idealizado de esplendor de una religión celta y germana basada en la naturaleza. Estas teorías histórico-antropológicas ya habían sido propuestas por anterioridad por figuras como el historiador Jules Michelet, que vio en las brujas a sanadoras de un saber arcano, y por la antropóloga británica Margaret Murray en su estudio pionero El culto de la brujería en Europa occidental, de 1921. En la elaboración de la cartoteca, como en sus demás proyectos históricos, los nazis hicieron uso de un celo acrítico. Puesto que su intención era, únicamente, sustentar una ideología desde presuntos presupuestos científicos, los oficiales manipularon las fuentes y utilizaron aquellas que mejor servían a su objetivo.

Himmler también auspició la recuperación de la temática brujeril en otros sectores y la incluyó en la política de propaganda del partido. Planeó la realización de películas y libros infantiles que popularizasen una imagen positiva de las brujas. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el proyecto acabó por abandonarse en 1943. En la actualidad, la cartoteca se encuentra en Polonia.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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