La Alemania nazi, casi en quiebra

De 1933 a 1939, los nazis acabaron con el paro, subieron las pensiones, construyeron una nueva red de autopistas..., pero acabaron al borde de la bancarrota.

Auxilio social en Berlín, 1935

Todas las transferencias de dinero a la población en forma de subsidios, pensiones, ayudas y vacaciones pagadas, unidas a los proyectos de obra pública y al rearme del ejército, supusieron una enorme sangría para el Estado nazi alemán. Y aunque, con la caída del desempleo, la factura de las prestaciones a parados bajó, ese ahorro era insuficiente para compensar el inmenso gasto que la política del Tercer Reich había impuesto al país. La realidad era que tanto el Estado del bienestar como la producción de armamento tenían un coste importante.

Este problema presupuestario se ocultó desde el primer momento. Ya en 1933, el Ministerio de Finanzas falseó las cuentas públicas para evitar que la confianza en la economía alemana se resquebrajara. De haber ocurrido así, se habría vuelto a la inflación de los años veinte y comienzos de los treinta, el desempleo habría subido otra vez y el nazismo habría perdido el control de la opinión pública. La única salida era, por tanto, hacer trampas con los números.

La manipulación fue pronto tan descarada, que los datos ya no se podían dar a conocer. El balance habría mostrado a las claras que el nazismo estaba conduciendo al país a la quiebra, por lo que, en 1935, Hitler simplemente prohibió la publicación de presupuesto.

Uno de los trucos ideados por el Ministerio de Finanzas para ocultar el enorme déficit público fue hacer que la industria armamentística le prestara dinero al Estado con el objetivo de rearmar al ejército. Para ello, los fabricantes de armas, junto con el gobierno, crearon una entidad que operaba bajo el inocente nombre de Sociedad para la Investigación Metalúrgica (MEFO).

En teoría no había ninguna conexión entre el Estado y la MEFO, que no contaba con fondos propios. A pesar de ello y valiéndose de un truco contable, la sociedad encargaba todos los años armamento por valor de miles de millones de marcos imperiales. El coste se satisfacía por medio de pagarés emitidos por los fabricantes de armas, cuyo valor el Estado devolvería a medida que obtuviese ingresos. Hasta 1938, prácticamente la mitad del presupuesto militar se sustentó en pagarés de la MEFO.

Los judíos pagaron el precio

De donde el nazismo sacó el dinero fue de los judíos, a los que, a partir de 1933, empezó a acosar con prohibiciones y leyes especiales. Al principio la intención era que, hartos de vivir en Alemania, emigrasen. Para poder abandonar el país, sin embargo, debían pagar el llamado “impuesto de huida”, que a menudo les obligaba a malvender sus bienes y que reportó a las arcas del Reich 1.000 millones de marcos. No era suficiente: a finales de 1937, el Ministerio de Finanzas dio la voz de alarma. La situación era desesperada, por lo que el expolio comenzó de verdad. Todo judío que poseyera más de 5.000 marcos debía traspasar su fortuna al Estado a cambio de unos bonos. De esta forma, el gobierno consiguió 8.000 millones.

En noviembre de 1938, las alarmas volvieron a sonar, esta vez provenientes del Banco Central, que advertía de la urgencia de obtener 2.000 millones de marcos para evitar la suspensión de pagos del Reich.

La información llegó al poco del asesinato en París del diplomático alemán Ernst vom Rath a manos de un judío polaco. El suceso condujo a la Noche de los Cristales Rotos, en la que 1.400 sinagogas y muchas propiedades y tiendas de judíos fueron destruidas. Posteriormente, Göring impondría a los judíos una multa de 1.000 millones de marcos.

 

Más información sobre el tema en el artículo La salida de la crisis (1933-1939). Aparece en el último MUY HISTORIA, colección II Guerra Mundial, dedicado a El ascenso del Tercer Reich.

 

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