Karen Blixen, “la honorable leona”

El 7 de septiembre de 1962, la escritora Karen Blixen, que en 1937 publicó "Memorias de África", con el pseudónimo Isak Dinesen, murió en su casa de Rungsted (Dinamarca).

Karen Blixen en su casa keniana

La danesa Karen Blixen llegó a Kenia en 1914, cuando tenía 28 años, y puso en marcha junto a su esposo, el barón Bror Blixen, una plantación de café que fracasó, en parte debido a la excesiva altitud del terreno para el cultivo cafetero.

Cansada de las infidelidades de su marido, se separaron tras seis años de matrimonio, quedándose ella con la plantación.

Aprendió las lenguas aborígenes, como el suajili, y se empapó de las costumbres locales. Los nativos la apodaron "la hermana leona" y se ganó su afecto por su coraje, su buena puntería y su habilidad como cazadora.

Vio en la cultura de los africanos algo muy importante para aprender y compartir. Su imaginación y dotes para la transmisión oral hicieron de África su lugar en el mundo.

Antes los nativos y otros muchos amigos, escuchaba los cuentos improvisados de ella hasta la madrugada, lo que sería el caldo de cultivo para su posterior vocación literaria, que inició casi con cincuenta años

Colmada con las experiencias de su vida africana, diecisiete años después, regresó a Europa y se encerró durante dos años para escribir. La primera obra, «Siete cuentos góticos» recibió el rechazo editorial tanto en Dinamarca como en Inglaterra (escribía en inglés), pero fue cuando mandó el libro a Estados Unidos, con el pseudónimo masculino Isak Dinesen, su suerte cambió. Se publicó en 1934 con gran éxito, y después le siguieron «Memorias de África» (1937), «Cuentos de invierno» (1942) y «Últimos cuentos» (1957).

Se convirtió en una autora de culto para creadores como Orson Welles, Truman Capote o Elisabeth Bishop y fue nominada al Premio Nobel de Literatura.

Aquejada por la sífilis, enfermedad que le había contagiado su marido, sufrió toda la vida la dureza de los tratamientos que seguía.

De hecho, según las últimas investigaciones sobre su muerte, lo que provocó el fallecimiento a la escritora no fue una fase avanzada de la sífilis, sino el envenenamiento progresivo debido a los tratamientos con mercurio que le aplicaron en África primero y en Dinamarca después para frenar aquella enfermedad venérea.

Hoy, tanto su granja, en las colinas de Ngong, cercana a Nairobi –abierta para los turistas en 1986, aprovechando el impacto del film de Sidney Pollack– como la finca familiar danesa Rungstedlund son museos que recuerdan su obra literaria y conservan los recuerdos –escudos de las tribus masái y kikuyu, por ejemplo– de esta mujer excéntrica, aventurera y distinguida.

La casa de Karen Blixen es uno de los lugares más visitados en Kenia por viajeros y viajeras que deciden pasar un día en Nairobi, antes o después realizar un safari. La casa, construida en 1912, fue comprada por el Gobierno danés en 1959 y donada a Kenia después de su independencia. En comparación con las dimensiones de las viviendas de muchos de sus coetáneos europeos residentes en Kenia, la de Karen Blixen era bastante modesta. 

En Dinamarca está Rungstedlund, también conocido como el Museo de Karen Blixen. Se trata de una casa de campo en Rungsted, en la costa de Oresund, a 25 km al norte de Copenhague. La propiedad está actualmente gestionada por la Fundación Rungstedlund como casa museo histórico.

Pero en Nairobi permanece la huella del paso de Blixen por el país africano no sólo en el museo de su casa, sino que hay un barrio entero que se llama Karen. Se trata de una zona residencial de blancos adinerados a treinta kilómetros del centro, donde Blixen tenía su finca.

Así que el nombre de Karen perdura y eso que Blixen no encajó muy bien con la sociedad británica de entonces, sobre todo por su interés hacia sus trabajadores, a los que intentó dar mejor calidad de vida a través de la educación; incluso llegó a construir una escuela para los niños kikuyus en los terrenos de la finca.

Cuando tuvo que cerrar la plantación y malvender los enseres, tuvo una única preocupación: que sus kikuyus dispusieran de una tierra donde vivir y un lugar digno donde trabajar. Removió cielo y tierra para lograrlo. En aquellas tierras donde esta danesa levantó con esfuerzo una escuela, ahora se encuentra un lujoso campo de golf.

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