Josep Lladós: 'Lehman Brothers era un pozo muy profundo y por eso no se le salvó”'

Entrevistamos al Josep Lladós, profesor de Economía y Empresa de la UOC, sobre el efecto de la quiebra de Lehman Brothers en la crisis económica mundial.

La crisis económica que empezó en 2008 con el desplome del mercado de valores ha dejado una profunda brecha en todo el mundo. Entidades financieras de cualquier rincón del planeta jugaron con el mercado inmobiliario como les plació y, en sus ansias por enriquecerse, acabaron por perderlo todo y tener que pedir ayuda a los bancos centrales y los gobiernos. Probablemente, el nombre más grande que cayó fue el de Lehman Brothers, y el miedo a su desplome hizo que muchos gobiernos iniciaran una cruzada para salvar a los bancos que lo necesitaran, aunque no lo merecieran.

Un aumento de la deuda pública, políticas de austeridad, recortes, reformas laborales, desempleo, populismos… son muchas las consecuencias de esos primeros momentos de crisis que acabó por pagar la mayor parte de la población de los distintos países, aunque muchos de ellos no terminaban de entender qué había pasado. ¿Y quién es capaz de adentrarse en las filas de números y tecnicismos entre las que se mueven los economistas? Pues, naturalmente, un economista.

Josep Lladós es Doctor y Licenciado en Economía y Empresa por la Universidad Autónoma de Barcelona y trabaja como profesor en la Universitat Oberta de Catalunya desde el año 2000, aunque colabora con otras instituciones y lleva en el mundo de la economía desde incluso antes. Ha trabajado con la Cámara de Comercio de Barcelona como investigador del Servicio de Análisis Económico, en la Universidad Ramón Llul como profesor y como director del Servicio de Finanzas de la Mancomunidad de Municipios del Área Metropolitana de Barcelona. También forma parte del grupo de investigación DigBiz, reconocido como grupo consolidado por la Generalitat de Cataluña.

Además de tres libros publicados, tiene una extensa experiencia en el campo de la investigación, centrándose sus estudios en la economía internacional, la geografía económica y los procesos de innovación empresarial. Su experiencia y conocimiento del campo hacen que tenga una visión clara y definida de las causas de la ‘Gran Recesión’, la crisis que comenzó en 2008, y de la importancia que tuvo la quiebra de Lehman Brothers en este hecho.

Se suele considerar que la crisis comenzó en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers y que la causa fueron las subprime...

Bueno, no se puede decir una fecha de inicio clara pero en 2007 ya había muchos indicios y lo que de verdad fue crítico es el último cuatrimestre de 2008. Entonces es cuando estalla todo pero las raíces son anteriores. Había habido algunos episodios de rescate e indicios tanto en Estados Unidos como en Europa.

El mecanismo, en efecto, era el subprime, que se alimentó de dos vectores. Por un lado, un crecimiento desorbitado del crédito hipotecario sin garantizar la solvencia ni la capacidad de devolución de los préstamos de quienes recibían los créditos, ni atender a la valoración que se hacía de estos activos inmuebles. Y lo segundo es que estos créditos, debido a la legislación que había, se convirtieron en un activo financiero, se fragmentaron las hipotecas y fueron a parar a diferentes fondos. Para que nos entendamos, las subprime se convirtieron en activos financieros que fueron a parar a fondos de inversión que estaban comercializando productos que desconocían absolutamente. Cuando esta hipoteca no se paga, no solo sufre el banco que la ha concedido, sino que sufren todos los inversores que habían puesto sus ahorros en unos activos que no valían nada. Era un mecanismo maquiavélico, un arma financiera de destrucción masiva.

¿Nadie pensó que basar el mercado inmobiliario en productos con alto riesgo de impago no era la mejor idea?

Lo primero que pasó es que hubo un cambio legislativo que propiciaba que los bancos comerciales pudieran actuar como bancos de inversión y gestionar este tipo de activos financieros especulativos. Entonces, tanto los bancos comerciales como los bancos de inversión, aumentaron las actividades de alto riesgo con el objetivo de crecer a toda costa y competir de forma salvaje entre ellos. Ese era el panorama de regulación y liberación que había en este momento.

El segundo mecanismo igual de importante fue una ausencia de supervisión por parte del sistema bancario, porque todos deben ser vigilados por los bancos centrales y los mecanismos que se utilizaron, francamente, no funcionaron. Al conectar ambas cosas, vemos que había una total falta de transparencia en el mercado financiero.

Si la inyección de dinero fue el gran acierto de los gobiernos, ¿cuál fue su gran error?

En ese momento había un problema grave de liquidez y otro de capitalización. Cuando salta el tema de Lehman, resulta que no era el único banco, sino el más grande. Otros estaban en la misma situación pero encontraron comprador. Hubo una gran discusión sobre si no salvar a Lehman fue un error o no, pero yo creo que fue una solución a corto plazo. Se dejó funcionar al mercado y se racionalizó el sistema para que quienes se comportaron de forma irresponsable asumieran sus responsabilidades. En caso contrario, habríamos entrado en un tema de riesgo moral, que era el dilema de “vamos a financiar a quien realmente lo ha hecho mal”.

Los grandes errores son previos y posteriores a la caída de Lehman Brothers. Previo porque hubo fallos de supervisión de la Reserva Federal y la legislación previa y posteriores porque no se hizo una reforma profunda del sistema bancario para evitar que esto volviera a ocurrir a medio o largo plazo.

¿Y en Europa?

En Europa, visto el coste público que tuvo el rescate en EEUU, cuando nos situamos tres años más tarde con los seis rescates que hemos tenido, se apostó por no dejar caer las instituciones porque podía haber riesgo sistémico. Nos tomamos la responsabilidad de rescatar con inyecciones públicas a todos los bancos, pero a través de ofrecer créditos y no tanto por capitalización. En este caso sí ha habido una situación de riesgo moral y sí se debería haber dejado caer a alguna entidad financiera europea, porque el coste han sido las políticas de austeridad de las que seguimos siendo esclavos. Aunque hayamos recuperado el mercado de trabajo, date cuenta de que se ha llegado a una precariedad del empleo más elevada y con salarios más bajos.

¿Cuál es el panorama de la legislación y los organismos de supervisión tras estos años?

Diría que se han hecho cosas positivas. Sobre todo, la administración Obama empezó con un cambio legislativo en 2010 (creó los test de estrés, la supervisión periódica de los bancos…) que luego tuvo continuidad en la Unión Europea con mecanismos similares y que además se reforzaron con una unidad bancaria que ejerce mayor supervisión, controles y exigencias.

Pero sigue habiendo riesgo de crisis financiera, indudablemente. Vemos que los peligros persisten aunque haya más control, ya que estamos repitiendo los mismos mecanismos que se siguieron entonces. Las entidades capitalizadas se financian mediante el endeudamiento y los créditos del BCE (Banco Central Europe) y siguen apostando por políticas de alto riesgo. ¿Tenemos más capacidad de control? Sí. ¿Somos inmunes a una crisis financiera? No.

Entonces, ¿volveremos a caer en la misma piedra?

En la misma crisis no porque los instrumentos que la propiciaron ahora no existen; pero continuamos en un entorno de alto endeudamiento, con productos financieros tóxicos y que estaban vinculados al tema de la construcción y el negocio hipotecario y ahora se vinculan con productos derivados y precios de materias primas en países emergentes. Pero lo que más preocupa en Europa es la lentitud con la que avancemos hacia una unión bancaria real que supervise todo el sistema financiero, cosa que de momento no es una realidad.

En EEUU, por el contrario, preocupa más la obsesión de la administración Trump por desmantelar la herencia Obama y especialmente, en el sector financiero, donde ya se han hecho las primeras reformas que permiten arriesgarse más a los bancos comerciales y que limitan el número de bancos que están obligados a cumplir sistemáticamente estos controles (hasta ahora eran los 40 más grandes de EEUU pero con la nueva reforma que está en curso son solo 12 bancos).

Si la Reserva Federal hubiese salvado a Lehman Brothers, ¿la crisis hubiese sido menor u otra empresa hubiera ocupado su lugar?

Cuando hablábamos de Lehman, lo que se intentó fue buscar un inversor privado como Bank of America o la inglesa… creo que era Barclay’s, para que lo comprara y salvara. Pero, una vez visto que el problema era muy grande, dijeron que no.

La percepción de la Reserva Federal en ese momento es que no sabía de cuánto dinero estaban hablando y, cuando al final se descubre, resulta que era enorme: un agujero de 640.000 millones de dólares y que además tenía en el mercado cerca de un millón de productos derivados por parte de Lehman Brothers. Es un ejemplo perfecto de entidad financiera depredadora, colocando sus activos muy poco transparentes por todo el sistema. La ausencia de una valoración fiable hace que se tome la decisión de dejarla caer. Una vez cae la bolsa de Wall Street y se empieza a ver el efecto contagio, aparece una intervención acotada, con diferentes fases y en coordinación con la reforma federal. Tenía sentido dejarlo caer si luego llegaba la inyección de capital con el sistema.

Por lo tanto, ¿la negativa de la Reserva Federal fue el justo castigo por las malas prácticas de la entidad financiera?

Lehman Brothers era un pozo muy, muy profundo y por eso no se salvó. Al fin y al cabo, estamos hablando de entidades privadas que asumen riesgo. Por ejemplo, en la crisis de hipotecas en España, tú como persona endeudada te quedas con el riesgo de haber asumido una hipoteca que tienes que pagar y si no, pierdes el activo de la hipoteca que tienes en la casa. Pero ¿dónde está la responsabilidad de quien te da crédito? Una entidad privada que valora mal tu activo en una situación de burbuja y te otorga una hipoteca a un precio por encima del valor intrínseco del producto. ¿Dónde está la responsabilidad de la entidad privada que ha generado, creado, distribuido y comercializado productos tóxicos? Alguien debe asumir esa responsabilidad, porque si no le dejamos caer, acabamos interviniendo todos como contribuyentes y socializamos el riesgo de una entidad privada.

 

Los dirigentes de Wall Street siempre afirmaron que “no habían visto venir” el desplome de los mercados. ¿Es esto posible o fue una excusa?

Claramente, todo esto no pasó en un año, sino que llevábamos bastante tiempo con estas malas prácticas y productos tóxicos. Se produjo una connivencia entre los distintos actores del mercado financiero y los informes de auditoría les eran favorables. Pero esta situación no es posible sin un acuerdo, una connivencia también con el regulador. No podemos quitarle la responsabilidad que le toca al presidente de la Reserva Federal del periodo. Al final, los banqueros pasaron por la comisión del Senado,  oyeron lo que les tenían que decir sobre su actuación y en algunos casos, pocos, tuvieron que pagar por su responsabilidad. Pero todo esto pasó gracias a un entorno regulador muy laxo.

Precisamente, estos “paladines del libre mercado” eran los primeros que decían: “si has actuado mal, tienes que pagar las consecuencias y, por lo tanto, tienes que dejar caer el sistema financiero”. Naturalmente, el sistema financiero es clave para la economía porque es el que moviliza el ahorro y no puedes dejar caer todo el sistema, pero salvar a los bancos no quiere decir salvar a los banqueros.

A esta crisis se la llamó la Gran Recesión en referencia a la del Crac del 29, pero el alcance fue mucho mayor. ¿Esta diferencia vino por la globalización del mercado o por otros factores?

No hay duda. Esta globalización de los movimientos de capital es la que generó, primero, toda la revolución digital y la interconexión de los mercados y los intereses, que están absolutamente distribuidos. Muchos intereses de la banca irlandesa estaban en Estados Unidos, muchos bancos europeos habían invertido en subprimes, gran parte de la financiación de los bancos españoles que ofrecían hipotecas era gracias a lo que conseguían del mercado interbancario de sus colegas alemanes y franceses… Hay una interconexión muy estrecha a lo largo del mercado de capital de las principales economías.

¿Qué diferencias había entre la burbuja inmobiliaria estadounidense y la española?

La norteamericana se basó en el aumento del número de hipotecas, que se empiezan a otorgar a todo el mundo sin analizar la capacidad que tenían las personas para afrontarlas. Pero, además, esto iba combinado con el hecho de que esas hipotecas se convierten en activos financieros: se fraccionan, se hacen pequeños paquetes y se distribuyen dentro de fondos de inversión. Eso son las subprime, sabes que estás invirtiendo en un activo pero resulta que ese activo es la suma de 2.000 hipotecas de bancos distintos y no eres consciente.

En Europa, especialmente en España, hay un aumento del número de hipotecas pero sobre todo en el valor de las mismas. Se conceden hipotecas por valores elevados porque donde hay una burbuja es en el mercado inmobiliario. El precio de la vivienda se dispara y estas acompañan el aumento porque, gracias a la integración de mercados, los bancos españoles obtuvieron financiación de sus socios europeos. El problema es que, cuando cae el precio de la vivienda y se produce un ajuste económico, mucha gente pierde su puesto de trabajo y se da cuenta de que no puede pagar la hipoteca, ni siquiera vendiendo la casa.

Además de la austeridad, ¿había otras medidas que no hubieran maltratado tanto a las clases medias y bajas?

La austeridad no era la única solución. Se adoptó una serie de medidas de urgencia básicamente porque no había un mecanismo de respuesta. En Europa nos lanzamos a la unión monetaria sin que hubiese mecanismos para atender una crisis asimétrica. No se había previsto ningún sistema de reequilibrio fiscal para compensar que algunas zonas estuvieran mal, ni un fondo de contingencia para entidades financieras en situación de riesgo. Entonces se opta por rescatar el sistema financiero y promover la solidaridad basada en créditos. Pero se exige austeridad y se protegen los intereses de los acreedores, no de los deudores. Lo que se hizo para conseguir algunas garantías fue decir que los países del sur de Europa tenían que cortar gastos para reducir la deuda. ¿Era la única solución? No. Los otros países podrían haber expandido sus mercados, haberse endeudado más… Estarían peor pero habrían hecho que los países más afectados, aun teniendo que ajustarse por el exceso, hubiesen sufrido menos consecuencias.

 

¿Cuándo se puede decir que de verdad se sale de una crisis: cuando el mercado se estabiliza o cuando la población deja de sufrir las consecuencias?

Termina cuando se vuelve a la situación previa en términos de bienestar. Ahora mismo, tanto los desequilibrios económicos como los peligros sociales o los términos de igualdad son mayores, y eso demuestra que los efectos de la crisis perduran. No la hemos revertido en absoluto y mucho menos en el ámbito del trabajo.

¿Qué medidas podrían tomar los gobiernos para reducir ese tiempo de espera hasta que se vuelva a la situación de bienestar?

Hay que recuperar las inversiones que estuvimos recortando: ciencia, tecnología, educación, sanidad, calidad de vida… Hay que revertir todas esas medidas que se tomaron en un contexto de las políticas de austeridad, con especial atención a las reformas laborales. También hay que promover lugares de trabajo con valor añadido invirtiendo en i+D, en el cambio digital, la inteligencia artificial, la economía sostenible… Pero sobre todo, hay que ir hacia una estructura fiscal más equitativa en la que se garantice que quien está en la misma situación tenga el mismo trato y en la que se trate diferente a quienes están en situación distinta; así como luchar contra el fraude fiscal, asegurarse de que las entidades paguen impuestos allá donde obtienen beneficios y que las grandes empresas paguen más impuestos que las medias y pequeñas.