Inventos reinventados en la II Guerra Mundial

Los periodos bélicos han impulsado algunos inventos, dándoles una nueva vida mucho más útil y evolucionada.

Bolígrafos

Las guerras han sido una fuente de desastres para la humanidad, pero también han supuesto un constante estímulo para numerosos inventos e innovaciones que han mejorado mucho nuestra calidad de vida. Basta pensar en nuestro modesto bolígrafo, un artilugio que nos vale para escribir, pero que siempre se ha situado en un plano muy inferior con respecto a la pluma estilográfica, una aristócrata entre los instrumentos para la escritura.

El bolígrafo había sido inventado en 1938, pero tenía poca aceptación. Los pilotos de la II Guerra Mundial, que con frecuencia debían efectuar anotaciones, vieron que sus apreciadas estilográficas solían estallar con los cambios de presión y que los lápices se despuntaban. Rápidamente, los aviadores de EE UU incluyeron los bolígrafos como parte de su equipo y, tras la guerra, se extendieron como un reguero de pólvora.

Otro objeto curioso que dispuso de una nueva vida a partir de este conflicto bélico fueron los palés de madera que, como estructura para transportar y almacenar, aunque conocidos desde principios del siglo XX, no llegaron a usarse masivamente hasta la II Guerra Mundial. Permitían cargar y descargar mercancías mucho más rápidamente y fueron uno de los éxitos logísticos que posibilitaron los desembarcos aliados. Hoy se siguen usando y, pese a haber sido reemplazadospor los contenedores para los transportes muy voluminosos, hasta se ha aprovechado su inesperada utilidad como objeto decorativo.

El cáñamo legal... un tiempo!

Durante la segunda gran guerra del siglo XX se reactivó también en EE UU el cultivo del cáñamo, planta a partir de la cual se obtiene la marihuana, y para ello tuvieron que pasar por alto una prohibición que estaba vigente desde los años veinte. Con el cáñamo obtuvieron la materia prima para todo tipo de cordaje (paracaídas, sogas para los barcos y remolques, cordones..). Por ejemplo, un acorazado precisaba 34.000 metros de soga para ser operativo, y Japón había cortado el suministro desde Oceanía. Cuando se hizo necesario, no sólo se obvió su relación con el consumo de drogas, sino que se incentivó a los plantadores con dinero y mediante la exención del servicio militar. Obviamente, cuando la guerra acabó se reactivó la prohibición, a lo que ayudó la extensión del nailon como su perfecto sustituto.

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