Historia del Muro de Berlín

El Muro de Berlín, quizá el símbolo más representativo de la Guerra Fría, dividió a la sociedad alemana durante 28 años. Repasamos su historia

The Wall

Los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en una carrera por llegar a Berlín. Los soviéticos avanzaban desde el este con una fuerza imparable y los aliados ganaban cada vez más terreno por el oeste europeo. En abril de 1945, las fuerzas del Ejército Rojo entraban en Berlín y, apenas unos meses después, la guerra terminaba definitivamente con la rendición incondicional de Japón. El problema surgió cuando, sin un enemigo común que les uniera, los Estados Unidos de Harry S. Truman y la Unión Soviética de Iosif Stalin vieron que sus concepciones del mundo eran opuestas e incompatibles, por lo que solo podría quedar una. Daba comienzo la Guerra Fría, un conflicto de tensión política entre ambas potencias que se caracterizó por los movimientos expansionistas de ambos bandos beligerantes.

Y como no podía ser de otra forma, Alemania se había convertido en la joya de la corona de este reparto. No solo porque fuese el centro de la amenaza que ambos colosos afirmaban haber derrotado, sino por el hecho de que fue el punto de unión en el avance de ambos ejércitos. Se decidió, mediante la Declaración de Berlín, que la mitad oeste del país sería una zona de influencia (controlada) por Estados Unidos, Inglaterra y Francia y que lo mismo ocurriría con el lado este para la Unión Soviética. Berlín, que se encontraba dentro del territorio soviético, fue dividida de la misma manera.

Los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en una carrera por llegar a Berlín. Los soviéticos avanzaban desde el Este con una fuerza imparable y los aliados ganaban cada vez más terreno por el oeste europeo. En abril de 1945, las fuerzas del Ejército Rojo entraban en Berlín y, apenas unos meses después, la guerra terminaba definitivamente con la rendición incondicional de Japón. El problema surgió cuando, sin un enemigo común que les uniera, los Estados Unidos de Harry S. Truman y la Unión Soviética de Iosif Stalin vieron que sus concepciones del mundo eran opuestas e incompatibles, por lo que solo podría quedar una. Daba comienzo la Guerra Fría, un conflicto de tensión política entre ambas potencias que se caracterizó por los movimientos expansionistas de ambos bandos beligerantes.
Y como no podía ser de otra forma, Alemania se había convertido en la joya de la corona de este reparto. No solo porque fuese el centro de la amenaza que ambos colosos afirmaban haber derrotado, sino también por el hecho de que fue el punto de unión en el avance de ambos ejércitos. Se decidió, mediante la Declaración de Berlín, que la mitad oeste del país sería una zona de influencia (controlada) por Estados Unidos, Inglaterra y Francia y que lo mismo ocurriría con el lado oeste para la Unión Soviética. Berlín, que se encontraba dentro del territorio soviético, fue dividida de la misma manera.

Los primeros años de esta división estuvieron plagados de conflictos y tensiones entre ambos sectores que, por suerte, no llegaron a desembocar en un enfrentamiento abierto. Sin embargo, la recuperación económica de la Alemania y el Berlín occidental que se consiguió gracias al Plan Marshall hicieron que cerca de 3.5 millones de personas se pasaran del lado soviético al lado norteamericano a través de la capital berlinesa. Esta desbandada hizo que las autoridades decidieran crear, en apenas unas horas, una separación que rodearía el sector soviético para evitar que la gente “se viera influenciada por los contenidos fascistas y capitalistas que estaban en contra del socialismo”, o al menos eso dijeron. Mientras que la primera versión del muro fue una alambrada de espino y sacos de arpillera, pronto se convirtió en una construcción de hormigón cercada, con seguridad permanente, cables de alarma, 30 búnkeres y más de 300 torres de vigilancia armadas. Su construcción costó 16.155.000 marcos a la RDA (República Democrática Alemana).

Durante los casi 30 años que existió, desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989, el Muro de Berlín se convirtió en un centro vírico de tensiones entre los dos sectores de la ciudad. Miles de familias quedaron separadas, perdieron su trabajo o se vieron expulsados de su casa porque el muro pasaba por allí. Se estima que murieron 125 personas intentando cruzar el muro y miles fueron detenidas por las fuerzas de seguridad soviéticas que vigilaban esta cárcel a cielo abierto.

Sin embargo, conforme las bases de la Unión Soviética se tambalearon y nos acercábamos al final de la Guerra Fría, los berlineses vieron el momento de dejar atrás esa división impuesta y estallaron, de forma casi espontánea, en una rabia libertadora contra el muro. Miles de ciudadanos, armados con lo que podían, atacaron y derribaron la frontera que les separaba de sus familiares el 9 de noviembre de 1989. El derrumbe de este símbolo de opresión fue el primer paso hacia la unificación de las dos Alemanias, que se haría efectiva el 3 de octubre de 1990. Algo menos de un año después, la ciudad de Berlín se convirtió oficialmente en la capital de la Alemania reunificada.

Hoy en día, tanto tiempo después, se conservan pequeños tramos del muro, así como el conocido Checkpoint Charlie. Ambos lugares son puntos de referencia y visitas ineludibles para los visitantes que acuden a la capital alemana; pero más allá de su valor histórico y atractivo turístico, se conservan para que nadie olvide el peligro de la imposición, el radicalismo ciego y la represión. Y para que todos recuerden que las ansias de libertad de un pueblo son más fuertes que un martillo de demolición.

Caída del muro