Historia del cambio de hora

El uso de un horario de verano y uno de invierno empezó a plantearse en el siglo XVIII y se estableció persiguiendo un ahorro energético.

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Gran parte de los países del hemisferio norte viven, a lo largo del año, dos cambios de hora que buscan ampliar las horas de luz para conseguir un ahorro energético y que la sociedad pueda aprovechar mejor ese tiempo extra que se gana para adaptarse a las condiciones de luz propias de cada época del año. El horario de verano adelanta una hora los relojes desde el último domingo del mes de marzo y el horario de invierno atrasa una hora el último domingo de octubre. Pero, ¿por qué y desde cuándo se produce este cambio?

 

El cambio de hora, minuto a minuto

Según David Prerau, una de las mayores autoridades a nivel mundial en el Daylight saving time (como se conoce al horario de verano en inglés, literalmente “tiempo de ahorro de luz del día”), el primero que sugirió las posibles ventajas de llevar a cabo un cambio de hora fue Benjamin Franklin, padre fundador de los Estados Unidos, en 1784. El político e inventor era muy madrugador y mientras estaba en París ejerciendo como diplomático se dio cuenta de que cuando era despertado, sobre las 6 de la mañana, ya había luz de sobra por lo que si se cambiaba la hora se ahorrarían grandes cantidades de combustible para las lamparillas. Franklin llegó a publicar esta propuesta en una carta al diario Le Journal de Paris.

En 1907, el constructor británico William Willet propuso adelantar el reloj 80 minutos en cuatro cambios de 20 minutos a lo largo de abril y lo mismo pero retrasando los relojes en septiembre. Dos años después, en 1909, la Cámara de los Comunes votó y rechazó un plan para adelantar los relojes una hora en primavera y devolverlos a la Hora Media de Greenwich (GMT) en otoño.

El primer momento de esplendor de los cambios horarios llegó con la Gran Guerra (1914-1918). Los países beligerantes aplicaron una economía de guerra en la que el funcionamiento industrial, la política y la sociedad se veían supeditados a las necesidades del conflicto. Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos y Australia entre otros aplicaron el horario de verano durante los años de guerra para que el mejor aprovechamiento de las horas de luz permitiese un ahorro significativo de combustible, un bien muy valioso que escaseaba, al reducir las horas de luz artificial. En la Segunda Guerra Mundial, algunos países mantuvieron su horario adelantado de forma continua: Estados Unidos tuvo el horario de verano entre febrero de 1942 y septiembre de 1945 y Gran Bretaña adelantó dos horas durante verano y una en invierno.

Este cambio de hora se regulariza en Europa en 1974 de acuerdo a la Directiva Comunitaria del Cambio de Hora. Ocurrió en el contexto de la Crisis del Petróleo y esta regularización promovida por los principales estados europeos como una medida para ahorrar energía y un intento por reducir su dependencia respecto a los países exportadores de petróleo. Estados Unidos también incorporó esta medida de forma muy temporal y definitivamente a partir de 2007.

Durante la segunda década del siglo XX, numerosos estudios apuntan a que el ahorro energético derivado de este cambio de hora es menor de lo esperado dadas las mejoras tecnológicas y avances energéticos que se han conseguido. Otros estudios defienden que el cambio de horario al de invierno puede afectar al cuerpo y la mente humana aumentando la predisposición a la ansiedad o la depresión, alteraciones del sueño o la menor actividad al aire libre.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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