Historia de los instrumentos de escribir a mano

Hacemos un repaso a la historia de los útiles de escribir empezando por el pergamino y el papiro y acabando en el famosísimo y popular bolígrafo Bic.

A lo largo de la historia se ha escrito con distintos útiles. Para el pergamino y el papiro, en la Antigüedad se usó cáñamo, una caña hueca cortada de forma oblicua en un extremo que se mojaba en un recipiente con tinta. En Roma se escribió en capas de cera sobre tablillas con el estilo, un punzón de hierro, bronce o hueso.

Hacia el siglo VII comenzaron a usarse plumas de ave, habitualmente de ganso. Exigía algunas habilidades, como cortar correctamente la pluma. Con ellas se escribió durante siglos la documentación y la literatura.

El lápiz, una barra de grafito inserta en un cilindro de madera, se creó hacia 1760 en Italia, difundiéndose desde finales del siglo XVIII por Europa y América.

Hacia 1800 se crearon las plumillas metálicas insertas en un portaplumas de madera. Tuvieron precedentes, pero la resistencia y flexibilidad adecuadas se consiguieron con la Revolución industrial. En los años veinte del siglo XIX comenzaron a fabricarse en serie en Birmingham, donde dos décadas después esta industria ocupaba a unos 5.000 trabajadores. Se difundieron masivamente, contribuyendo a la alfabetización. Durante un siglo, fueron el principal instrumento de escribir.

De la estilográfica al bolígrafo

La pluma estilográfica permitió prescindir del tintero. La idea de incorporar el depósito de tinta al utensilio era antigua: el califa del Magreb tuvo en el siglo IX una pluma con un recipiente de tinta, y hubo otros procedimientos desde el siglo XVII, pero fue en 1826 cuando el rumano Petrache Poeranu patentó la primera pluma estilográfica. Tuvo distintas mejoras, pero de momento su uso fue reducido. Las primeras tenían un flujo de tinta desigual y solían atascarse o derramar tinta de golpe.

Los problemas los resolvió el norteamericano Waterman, que en 1883 patentó una pluma con varios canales delgados por los que la tinta fluía por capilaridad. Tuvo una rápida aceptación. Las mejores requerían una punta de oro, porque el acero no resistía bien las tintas ácidas de la época. Después de la Segunda Guerra Mundial, nuevas tintas de acidez más baja permitieron puntas de acero inoxidable, pero terminaban los días de la estilográfica como principal utensilio de escribir: había aparecido el bolígrafo.

Un primer modelo fue creado por John Loud, de Massachussets, que en 1888 patentó un dispositivo con una pequeña bola giratoria. Se usó para marcar pieles, pero resultaba tosco para el papel, por lo que no tuvo éxito comercial. Tampoco funcionaron los siguientes modelos que desarrollaron la idea.

El bolígrafo moderno fue así creado por el húngaro Ladislao José Biro, editor e inventor, que lo patentó en 1938. Se basaba en una punta con bolas y un conducto estrecho para llevar la tinta hasta la bola central, por gravedad y capilaridad. Biro –que era judío– hubo de marchar a Argentina, donde en 1943 logró ya un modelo comercial. El invento se difundió después de la guerra con extraordinaria rapidez.

Poco después, el francés Marcel Bich fabricó el bolígrafo de plástico, que, con la marca Bic, tuvo el mayor éxito imaginable. Salió al mercado en 1953 y desde entonces ha vendido más de 100.000 millones de unidades.

La difusión masiva del bolígrafo popularizó un producto fundamental en la vida cotidiana. Al alcance de los diversos grupos sociales, tiene la posibilidad además de distintas calidades y prestancias.

Continúa leyendo