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Historia de las gafas

No hubo instrumentos de este tipo en la Antigüedad, aunque Séneca mencionó que las letras se veían mejor a través de una bolsa de agua. El cristal que Nerón utilizaba en el circo servía, al parecer, para proteger los ojos.

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Más de la mitad de la población española usa hoy medios para mejorar la visión: nuestra sociedad sería muy distinta sin la invención de las gafas. No hubo instrumentos de este tipo en la Antigüedad, aunque Séneca mencionó que las letras se veían mejor a través de una bolsa de agua. El cristal que Nerón utilizaba en el circo servía, al parecer, para proteger los ojos.

Las lentes del apóstol

Las gafas son un invento medieval. Alhacén, el gran científico árabe, puso en el siglo XI las bases teóricas de “la piedra de lectura”: una semiesfera de cristal de cuarzo que actuaba como lupa. Se utilizó en los conventos, donde los monjes se dedicaban a la lectura.

Las primeras gafas como tales se crearon entre 1270 y 1290 en Italia. Consistían en dos lentes sobre soportes articulados entre sí, que había que sujetar manualmente. La primera representación pictórica es de 1352, de Tomaso de Módena. Pronto adquirieron consideración social: en 1403, Conrad von Soest pintaba al “apóstol con gafas”, un anacronismo que se repetía en la catedral de Aquisgrán hacia 1420, donde el apóstol Tomás lleva al cinto un bolso para las gafas.

Mejoraban la vista de lo más cercano y eran un artículo para las clases altas y académicas, pero seguramente las usaron también profesiones que exigían un trabajo detallado: artesanías de tejido, costura, carpintería, contabilidad... Su demanda aumentó desde mediados del siglo XV, al difundirse los libros tras la invención de la imprenta por Gutenberg. Las gafas fueron mejorando a partir de experiencias artesanales concretas, no de grandes innovaciones teóricas. Entre las novedades medievales estuvieron las gafas de hierro y de otros materiales. Un arco rígido unía las dos lentes. También debían sujetarse con la mano.

Los modelos posteriores buscaron mayor comodidad. Algunos pendían de una cinta de cuero que rodeaba la cabeza, o de un gorro bajo, sujetas por un alambre. En otras gafas el armazón incluía un asa. Tuvieron importancia los anteojos con lentes de forma circular, con una armadura que se sujetaba en la nariz; en España se llamaron quevedos, por usarlos el escritor Francisco de Quevedo.

Las gafas suscitaron distintas actitudes sociales. En muchos lugares de Europa se procuraba no exhibirlas en público, por señalar pérdida de facultades. En España, en cambio, fueron símbolo de estatus o de riqueza. Aquí nacieron las gafas sujetas por un hilo que llegaba hasta las orejas, donde las sostenían pequeños pesos de metal. Las hubo después de este tipo en Oriente, quizás llevadas por misioneros españoles.

Uso generalizado en el siglo XX

Desde fines de la Edad Media se emplearon también monóculos, aunque no se popularizaron hasta 1800, cuando se convirtieron en artículo de moda.

Las gafas de patillas sobre las orejas las creó en 1727 el óptico inglés Edward Scarlett. Después, las novedades vinieron de mejoras en la montura y de lentes para distintas necesidades. En 1784, Franklin inventó las lentes bifocales, para usarlas a distancia y de cerca. El progreso industrial del siglo XIX fue acompañado por la difusión de las gafas entre las clases medias.

El adelanto de la óptica, los materiales más ligeros y su abaratamiento generalizaron las gafas a lo largo del XX. Fueron también objeto de preocupaciones estéticas asociadas a la moda, con gran variedad de modelos que se harían consustanciales a la vida cotidiana.

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