Historia de la silla

La silla es un objeto omnipresente en nuestra vida y podemos pensar que desde siempre su uso ha sido habitual. Sin embargo, no fue así. Su evolución fue paralela a los cambios sociales y técnicos acaecidos a lo largo de la historia. Además, su uso y diseño reflejaron históricamente distintas concepciones y valores.

La omnipresencia actual de la silla puede sugerir que siempre fue de uso habitual. No es así. Su evolución ha ido paralela a los cambios sociales y técnicos. Además, su uso y diseño reflejaron históricamente distintas concepciones y valores.

Las primeras sillas, de Egipto, tienen alrededor de 5 000 años. Servían como símbolo de poder, riqueza y estatus. Eran los tronos que usaban los faraones y los miembros de las clases pudientes. A veces están construidos de ébano y marfil, con decoraciones lujosas, de oro. También fue símbolo de poder entre los asirios: algunas de sus sillas tenían tallas de garras de león. Quedaban reservadas para las personas con autoridad.

El papel de representación de poder y la función ceremonial de las sillas se reprodujo en Grecia y Roma, donde eran prerrogativa de algunos magistrados. Esa vinculación entre la autoridad y las sillas subsistió en el Medievo, de modo que las reservadas para reyes y prelados eclesiásticos presentaban una fisonomía imponente y a veces llevaban figuras religiosas. En las imágenes de fines de la Edad Media las sillas, de prestancia monumental, quedaban para el dueño de la casa. Los demás habían de conformarse con el banco o el taburete. El conjunto constituía una suerte de representación de la jerarquía social. Y cuando la sociedad cambió lo hizo también la silla en las funciones que cumplía.

Silla blanca
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De la «cathedra» griega a la silla doméstica

En el lenguaje quedan algunas secuelas de los significados históricos de la silla. «Cathedra» significaba silla en griego y designaba el lugar donde el maestro impartía su lección: ha quedado en nuestro idioma para la jerarquía académica. De él se deriva también «catedral», donde estaba la silla (cátedra) del obispo; y Santa Sede, «sede» es silla en latín y señala en este caso el asiento del Papa. En inglés «chairman» designaba al presidente de la Cámara de los Comunes, cuya silla (chair) destacaba a la autoridad con derecho a usarla.

En el siglo XVI, durante el Renacimiento, comenzó a cambiar la apariencia y el uso de la silla. Perdió su contundencia mayestática. Se fue difundiendo desde las capas altas al resto de la población. Comenzó a usarla la burguesía ascendente, al principio en sillas con cierto lujo, pues seguían simbolizando el estatus. No se convirtió en un mueble de uso cotidiano en la cultura occidental hasta el XIX. Antes, se usaban los bancos sin respaldo y los taburetes, pues la mayoría de las viviendas tenía un mobiliario pobrísimo.

Posteriormente, el triunfo de la silla entre las clases acomodadas de la Edad Moderna dio lugar a usar nuevos materiales (cuero, seda, terciopelo), en sillas más movibles y de menores dimensiones que las históricas. Asimismo, acogieron las distintas modas y estilos: clásico, rococó, barroco, art decó, art nouveau o sillas funcionales.

A mediados del XIX las nuevas técnicas permitieron la fabricación masiva de sillas duraderas y económicas. Se produjo su gran difusión social. Además, proliferaron trabajos que se realizan sentados. La silla se convirtió en un mueble de presencia cotidiana, con modelos adaptados para las distintas circunstancias, sean oficinas, establecimientos públicos, diversos usos domésticos, etc., sin que falten distintas calidades y diseños para evocar distinción social.

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