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Historia de la bicicleta

Hoy se fabrica casi el triple de bicicletas que de automóviles –hace cincuenta años iban a la par–. Desde el siglo XIX, contribuyeron a forjar la imagen de la modernidad.

historia de la bicicleta
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La que suele considerarse primera bicicleta la construyó el alemán Drais en 1817 para paliar la escasez de caballos en el “año sin verano”, un año de anomalías climáticas derivadas de erupciones volcánicas. Era un vehículo de madera con dos ruedas, asiento y un dispositivo para la dirección. Se impulsaba con los pies y duplicaba la velocidad del desplazamiento andando.

El escocés Macmillan incorporó en 1839 pedales que activaban un mecanismo con bielas, en un movimiento que no era circular sino de vaivén. Ya no era necesario impulsarse con los pies.

Hacia 1861, Pierre Michaux y su hijo Ernest, franceses, incorporaron pedales al eje de la rueda delantera. Para lograr una mayor rotación por pedalada, los velocípedos tuvieron ruedas delanteras muy altas. El vehículo era peligroso, por la altura y las caídas hacia delante en caso de tropezar. Tras su éxito en la Exposición de París de 1867 empezó a fabricarse de forma industrial, con una producción de 200 máquinas diarias. Llegó a tener una rueda delantera de 1,5 m de diámetro. Fue esta la bicicleta con la que en 1868 tuvo lugar la primera competición. En 1877, llegaron las ruedas de caucho macizo, en vez de madera forrada con llanta de hierro. Por entonces empezaron a usarse tubos de acero para el cuadro.

En 1880 se introdujo la transmisión por cadena, pero el antecedente de la bicicleta actual lo creó Starley en 1885. Utilizaba la cadena de tracción trasera, las dos ruedas tenían tamaño similar y el asiento gravitaba sobre la rueda de atrás, lo que proporcionaba seguridad. El neumático con cámara de aire lo inventó Dunlop en 1888. Hacia 1900, la bicicleta, hasta entonces un producto caro, empezó a bajar de precio.

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Feminista y ecológica

A medida que se difundió más allá de la élite, la bicicleta mejoró las formas de vida de los grupos populares. Fue también un instrumento para la liberación femenina. “La bicicleta ha hecho más por la emancipación de las mujeres que ninguna otra cosa en el mundo”, aseguraba en 1896 la sufragista norteamericana Susan B. Anthony, aludiendo a la libertad de movimientos que otorgaba.

La identificación de la bicicleta con la modernidad se redujo cuando llegó la época dorada del automóvil, tras la Segunda Guerra Mundial. Aun así, mantuvo su progreso en todo el mundo, con un papel fundamental en los países menos desarrollados. Su uso se ha revalorizado en las últimas décadas, como vehículo ecológico y eficaz para el transporte en los pequeños trayectos diarios. Su diversificación para distintos usos y necesidades, su perfeccionamiento técnico y la construcción de carriles para bicis jalonan su presencia creciente en la vida cotidiana.

Su contribución al desarrollo técnico fue notabilísima: rodamientos, transmisión por cadena y neumáticos, después profusamente empleados, se crearon para la bicicleta. Introdujo en la industria civil la elaboración de componentes intercambiables en distintos modelos, técnica antes solo utilizada para armamentos y luego fundamental en la producción en serie de automóviles y otros productos.

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