Historia alternativa: ¿Cómo sería España si Fernando VII no hubiera derogado la Ley Sálica?

Imaginamos una realidad alternativa en la que España habría sido gobernada por Carlos María de Isidro, defensor del absolutismo.

Enfermedad de Fernando VII
Imagen: Wikimedia Commons.

El 29 de marzo de 1830 el rey Fernando VII, sabedor de que la criatura que se estaba gestando en el vientre de su mujer podía ser una niña, decidió promulgar una Pragmática Sanción por la que anulaba la Ley Sálica y restauraba así el derecho de las mujeres a acceder al trono de España en vez de seguir la línea masculina. De facto, esta decisión hizo que la corona recayera sobre la futura Isabel de Borbón, que nació ese mismo octubre, en vez de sobre Carlos María de Isidro, hermano del rey.

Mientras que el gobierno de Fernando VII se mantenía en el poder con la ayuda de absolutistas reformistas desde 1823, los llamados ultraabsolutistas que defendían el mantenimiento del Antiguo Régimen y rechazaban cualquier tipo de cambio se reunían en torno a Carlos María de Isidro y, naturalmente, no estaban dispuesto a aceptar a una mujer como monarca. En 1832 tuvieron lugar los llamados sucesos de la Granja, un engaño propiciado por los ultraabsolutistas por el que aprovecharon la grave enfermedad de Fernando VII para que anulara la Pragmática Sanción de 1830 y así devolver la sucesión a su hermano. Contra todo pronóstico, la condición del rey mejoró y anuló ese segundo decreto que no se había hecho público. Carlos María de Isidro tuvo que huir a Portugal y los ultraabsolutistas comprendieron que solo conseguirían sus objetivos por la fuerza de las armas y de las conspiraciones.

Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833. María Cristina de Borbón asumía la regencia del país hasta la mayoría de edad de su hija y Carlos María de Isidro proclamaban no reconocer a la futura reina. La llegada al trono de Isabel II tuvo grandes efectos en España: supuso el regreso al orden constitucional (bastante cambiante a lo largo de los años), la entrada definitiva de los liberales en la política, los continuos enfrentamientos de las guerras carlistas y, al final, la instauración de la Primera Repúblicay la Restauración borbónica tras su fracaso.

El momento en que Fernando VII firmó la Pragmática Sanción de 1830 marcó el desarrollo del país durante todo el siglo XIX y parte del XX pero, ¿cómo sería España de no haber sido así? ¿Y si Carlos María de Isidro hubiera sido rey?

 

Una España alternativa

29 de septiembre de 1833. Fernando VII muere en su cama y Carlos María de Isidro le sucede como rey ese mismo día. Consciente de que lo que hizo en los sucesos de la Granja puede levantar rencores en María Cristina, que ya veía a su hija sentada en el trono y a ella misma a su lado, decide tomar “bajo su protección” a la viuda y a su sobrina tanto como un gesto de conciliación hacia su apreciado hermano como para tenerlas vigiladas. Ambas acaban encerradas en la Granja, pudiendo recibir visitas previa aprobación del rey o de uno de sus hombres de confianza.

El nuevo monarca cuenta con el apoyo de los sectores más conservadores del país, de la Iglesia que teme las expropiaciones de sus bienes, de la vieja guardia del ejército, de las regiones del norte (especialmente País Vasco y Navarra, donde siempre ha defendido el mantenimiento de sus fueros) y del medio rural en general. La población cree que era deseo de Fernando VII que él le sucediera en el trono así que gran parte del populacho acepta a su nuevo rey sin rechistar. Por otro lado, los conservadores reformistas confían en poder meter mano en el gobierno y continuar la senda emprendida con Fernando VII y los liberales se llevan las manos a la cabeza, retomando con más fuerza sus conspiraciones para acabar con el Antiguo Régimen. Las persecuciones, arrestos y asesinatos que se vivieron durante los años más duros de la Década Ominosa no tardan en volver.

Carlos María de Isidro
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Carlos María de Isidro, convencido de que su hermano se había vuelto un blando con el tiempo, saca del gobierno a todos los reformistas e introduce un núcleo duro que devuelve a España a los tiempos anteriores a la Guerra de Independencia. Sus seguidores y las regiones que le han mostrado su apoyo salen beneficiadas de la situación mientras las arcas públicas siguen desangrándose en la guerra con las colonias americanas, que no avanza. Las ciudades, refugios de la burguesía liberal, empiezan a protestar por los pasos hacia atrás que se están dando. El tribunal de la Santa Inquisición vuelve a la carga para defender la “fe verdadera”, la nobleza se enriquece promoviendo leyes que les favorecen exclusivamente a ellos y los beneficiarios de los fueros ganan más peso. El campesinado sigue viviendo día a día, conforme con que le dejen trabajar y tenga para comer, pero poco a poco va despertando  y siendo consciente de que, si bien los liberales no les gustan, estos nuevos señores que recuerdan demasiado a los viejos tampoco son de su agrado.

Pasan los años. Las revueltas van apareciendo aquí y allí pero son controladas y reprimidas por los fieles súbditos del rey, al menos al principio. A Madrid llegan noticias de ciudades que se sublevan por todo el país, rechazando la autoridad del rey y viendo en la joven Isabel, próxima a la mayoría de edad, una líder mucho más deseable. Los liberales, con considerables apoyos en el ejército, han hecho causa común para deponerle del trono y la Milicia Nacional toma las calles de los principales núcleos urbanos de España. Comienza así la conocida como Guerra Isabelina, un conflicto en el que Isabel de Borbón solo fue un peón utilizado por ambos bandos.

Conforme pasan los meses, Carlos María de Isidro comprende que las tornas se están volviendo en su contra. La división de tropas y la falta de recursos provoca la pérdida total de las colonias en América, la Santa Alianza que salvó a su hermano años atrás se ha desvanecido y países como Gran Bretaña están apoyando a los sublevados para arrebatarle el trono y quitarle poder e influencia. María Cristina, de quien el rey sospechaba que estaba vinculada con los liberales rebeldes, es encarcelada por traición y muere al poco tiempo. En los últimos meses de la guerra Carlos María intenta calmar los ánimos reincorporando a algunos reformistas a su gobierno pero el gesto llega tarde y, desesperado, huye de España llevándose a Isabel con él como seguro de vida. El rey y su sobrina son capturados cerca de la frontera con Portugal y Carlos María de Isidro es ejecutado. España vive su pequeña Revolución Francesa.

Isabel II
Imagen: Wikimedia Commons.

 

Se abre una nueva etapa en el país. Los liberales comprenden que deben mantenerse unidos para permanecer en el poder y las diferencias entre moderados y progresistas se suavizan. La Constitución de 1812 sirve como base para una nueva carta magna e Isabel II se convierte en reina con un poder bastante limitado (los liberales aprendieron la lección y no terminan de fiarse de ningún rey). La purga contra los absolutistas que sigue al final de la guerra da paso a un intento de reconciliación que hace que el Antiguo Régimen quede atrás para España. Isabel gobierna hasta su muerte y su hijo Alfonso, que ha sido educado en España, ejerce el mismo papel secundario que su madre en un gobierno en el que la concordia quedó atrás y las diferencias entre moderados y progresistas traen de vuelta los fantasmas de la inestabilidad al país.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

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