Heinrich Himmler, el Indiana Jones del Tercer Reich, en Monserrat

El líder de las SS aprovechó su visita a España para justificar el pasado ario de los españoles y para buscar el Santo Grial.

Himmler y Franco
Heinrich Himmler y Francisco Franco. Imagen: Wikimedia Commons.

Alto, delgaducho, con cara de pocos amigos y sus pequeñas gafas y gracioso bigote siempre conjuntados. Así es como muchos conocemos a Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS y de la Gestapo y ministro de Interior del Tercer Reich; un pez gordo donde los haya. También fue un hombre que vio su sueño de convertirse en oficial de la Marina frustrado debido a los problemas de salud que acarreaba desde niño, un avicultor durante algunos años y un cobarde antisemita que supo arrimarse a quien debía y ganarse la simpatía del Führer. Además de todo esto Heinrich Himmler era un ferviente seguidor del ocultismo, y con este detalle comienza nuestra historia.

 

Misticismo en el Tercer Reich

El uso de la esvástica como símbolo inconfundible del nazismo ya nos da alguna pista de lo importante que era la magia y el simbolismo para el régimen de Adolf Hitler. Si bien parece que el Führer usaba todas estas imágenes y elementos místicos sacados de viejas leyendas como una inspiración, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán contaba con un núcleo duro de espiritistas que realmente creían que estos objetos eran de leyenda eran fuentes de poder que les ayudarían a cumplir sus planes. Entre los más destacados (debido en parte a la posición que ocupaban dentro del gobierno) estaban Rudolf Hess, Alfred Rosenberg y el propio Himmler.

En 1938, un año antes de que estallase la guerra en Europa, el líder de las SS encargó a Ernst Schaeffer, zoólogo alemán, que comandara una expedición al Tíbet con el fin de descubrir el origen de la cruz gamada (esvástica) y de la raza aria. Entre los objetos legendarios que fueron de interés para Himmler se encuentran la lanza con la que Longinos atravesó el costado a Jesucristo o el Arca de la Alianza.

Monasterio de Monserrat
Monasterio de Santa María de Monserrat. Imagen: Wikimedia Commons.

 

De visita por España

Para finales de 1940 la vida era de color de rosa para el régimen nazi: había conquistado París, tenía a Gran Bretaña contra las cuerdas, sus tropas ocupaban Europa sin apenas problemas y aún no se había abierto la veda en el frente con Rusia. En ese contexto Adolf Hitler organizó una reunión con Francisco Franco, que acababa de hacerse con el título de dictador a través de la fuerza de las armas, para negociar su entrada en la Segunda Guerra Mundial. Himmler decidió adelantarse y viajó a España unos días antes.

La visita parecía ser un mero trámite protocolario para que el líder de las SS revisara la seguridad y organización del gobierno franquista. Se bajó del tren en Irún, visitó San Sebastián y Burgos, paseó por las ruinas del Alcázar de Toledo (ciudad que le fascinaba debido a sus orígenes y su pasado templario) y vio una corrida de toros en las Ventas de Madrid, espectáculo que le pareció cruel y reprobable. España entera se había vestido con sus mejores galas y sus calles estaban cubiertas de esvásticas en un intento del régimen de sacar provecho al acto propagandístico pero el interés de Himmler estaba en otro lugar.

El líder nazi esperaba encontrar pruebas suficientes sobre el pasado visigodo del país para poder justificar que los españoles también descendían de los arios y, aparte, sus hombres de la Ahnenerbe le habían chivado que el Santo Grial podía estar en Barcelona. Un estudio pseudocientífico de esta secta ocultista afirmaba que la copa utilizada por Jesús en la Última Cena estaba escondida bajo la abadía de Monserrat, y para allá que se fue Himmler. Su avión aterrizó en el aeródromo del Prat el mismo día que Hitler y Franco se encontraban en Hendaya y Himmler llegó a la abadía acompañado por algunos de sus hombres y ante la anonadada mirada de los benedictinos. Fue el monje Andreu Ripol, el único que hablaba alemán, quien intentó explicarle a la cabeza de las SS que allí no encontraría ni el Grial ni ninguna pista de su posible ubicación. Himmler despreciaba a los religiosos y Ripol no compartía ni las ideas ni los métodos del nazismo por lo que parece ser que la conversación entre ambos fue bastante tensa y terminó con el alemán abandonando la abadía con las manos vacías.

Daniel Delgado

Daniel Delgado

Periodista en construcción. Soy de los que puede mantener una conversación solo con frases de ‘Los Simpson’ y de los que recuerda sus viajes por lo que comió en ellos. Es raro no pillarme con un libro o un cómic en la mano. Valhalla or bust.

Continúa leyendo