H. G. Wells, socialista y genio de la ciencia ficción

Novelista, historiador y filósofo británico, fue junto a Julio Verne el gran precursor de este género, además de un izquierdista crítico con la era victoriana.

H. G. Wells

Herbert George Wells, más conocido por su abreviado nombre literario, H. G. Wells, nació en Bromley, Kent (Inglaterra), el 21 de septiembre de 1866. Era el tercer hijo varón de una empobrecida familia de clase media-baja; sus padres regentaban una tienda de productos deportivos que apenas les reportaba ingresos. En 1874, el pequeño Bertie (su apelativo familiar) sufrió un accidente que tuvo una repercusión trascendental en su vida: tuvo que guardar cama con una pierna rota y, para matar el tedio, empezó a leer los libros que su padre le traía de la biblioteca local. De este modo, se aficionó a la lectura y comenzó poco a poco a escribir. No obstante, la repentina invalidez de su padre hizo que tanto él como sus hermanos tuvieran que emplearse en diversos oficios: Herbert trabajó como aprendiz en una tienda de productos textiles –experiencia reflejada más tarde en su novela Kipps (1905)– y dio clases asimismo en una escuela de gramática, donde continuó desarrollando su pasión por la lectura y la escritura literaria.

Tras pasar tres años estudiando Biología, gracias a una beca, en el Royal College of Science de Londres, fundar la revista de ciencia y literatura The Science School Journal y obtener el título de zoólogo, dio a la imprenta su primera novela, la mítica La máquina del tiempo (1895). Fue también su primera incursión en el género que le daría fama, la ciencia ficción o anticipación científica, en el que brilló como ningún otro escritor de su época –a excepción del francés Julio Verne (1828-1905)– con títulos como La isla del doctor Moreau (1896), El hombre invisible (1897), La guerra de los mundos (1898), Los primeros hombres en la Luna (1901) o El alimento de los dioses (1904), casi todos llevados al cine. Además, al igual que Verne, anticipó en estas obras numerosos aspectos científicos de gran calado, como los límites éticos de la ciencia, la posibilidad de la manipulación genética, la relatividad espaciotemporal, los peligros del maquinismo y la carrera aeroespacial.

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En dichas novelas también late su otra gran preocupación: la realidad social de su tiempo. Izquierdista convencido, fue miembro de la Sociedad Fabiana –que preconizaba el socialismo por medios pacíficos y democráticos– hasta que sus disputas con otro genio literario, George Bernard Shaw, lo apartaron de dicho grupo. Muy crítico con la hipocresía moral de la era victoriana –también en esto fue un precursor: se casó dos veces y convivió con su última pareja sin pasar por la vicaría– y aficionado a la filosofía, la historia y la sociología, esta fue la otra vertiente de su obra literaria, a la que pertenecen novelas como Las ruedas de la fortuna (1899), El amor y Mr. Lewisham (1900), la citada Kipps, En los días del cometa (1906), Tono-Bungay (1908), Ann Veronica (1909), Mr. Polly (1910) o Mr. Britling va hasta el fondo (1916) y ensayos como Una utopía moderna (1903), El perfil de la Historia (1919) o El destino del homo sapiens (1939). En ellos defendió los derechos de la mujer y de los marginados, abogó por una sociedad justa y pacífica y se opuso al imperialismo británico, ideas que Wells defendería hasta su muerte, acaecida en Londres el 13 de agosto de 1946.

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