Gaëtan Dugas, el paciente cero del sida que nunca lo fue

El canadiense Gaëtan Dugas fue bautizado como el primer paciente cero de la historia durante 30 años, pero todo fue un error.

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'Sexo seguro en vacaciones', campaña publicitaria para prevenir las infecciones por VIH. Imagen: Wikimedia Commons.

En el año 2003, la epidemia del SARS causó 774 muertos en el mundo y se estableció como paciente cero, la primera persona que muestra síntomas de una enfermedad, a Huang Xingchu. Una década después de la pandemia, explicaba al periódico South China Morning Post que rara vez volvía a su ciudad natal: “Haría lo que fuera para que el mundo se olvidase de mí”.

En muchas ocasiones, identificar con rapidez al paciente cero permite entender cómo llegó el agente patógeno a la comunidad, incluso a seguirle y establecer medidas preventivas en la población. Sin embargo, la historia nos ha dado más de un caso de personas a la que identificarlas de esta manera no les hizo ningún favor.

Uno de los más dolorosos fue el del canadiense Gaëtan Dugas (1953-1984), un ejemplo de cómo en muchas ocasiones el miedo y el desconocimiento ante un virus hace que se levanten grandes muros contra los más vulnerables: los enfermos.

 

“Un peligroso irresponsable”

Sin pruebas científicas que lo avalasen, al auxiliar de vuelo de Air Canadian Gaëtan Dugas le declararon el primer paciente cero de la historia a través de un libro.

El reportero freelance del San Francisco Chronicle, Randy Shilts, junto a su editor Michael Denneny, popularizaron el término en la sociedad norteamericana con la publicación, en 1987, de “And the Band Played On” ("Y la banda siguió tocando", en español), un libro en el que documentaban los primeros años de la epidemia del sida.

El periodista estadounidense, que planteaba además una crítica al gobierno de Ronald Reagan por su indiferencia ante la enfermedad, describía a Dugas como un depredador sexual y un peligroso irresponsable, insinuando la posibilidad de que el canadiense propagara la enfermedad a propósito.

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Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989, y su mujer Nancy Reagan en 1950. Imagen: Wikimedia Commons.

 

La falsa idea corrió como la pólvora en la sociedad a pesar de que los científicos insistían: era imposible que un solo hombre hubiera expandido la enfermedad por todo el país.

 

Una equivocación que duró 30 años

A Dugas se le consideró erróneamente durante tres décadas paciente cero de la crisis del sida, y tan solo por una equivocación en una letra.

En 1984, un estudio del Centro para el Control de Enfermedades Infecciosas de Atlanta (CDC), publicado en la revista médica American Journal of Medicine, quiso descubrir la ruta del sida rastreando muchas de las infecciones iniciales en Estados Unidos.

 

Los investigadores se entrevistaron con miles de enfermos, cuyos testimonios sirvieron para identificar por primera vez el papel de las relaciones sexuales en el contagio del virus. 

 

El sistema utilizado para trazar un patrón fue el que confundió a los medios. Los investigadores codificaban a los enfermos según su ubicación geográfica, por lo que mientras que a los de Los Ángeles los designaban como LA, a Dugas, que no era de California, lo habían registrado como paciente O, de Outside (fuera, en español).

Un misterio fue cómo llegó su nombre a los periódicos, ya que a pesar de que había salido a relucir en las entrevistas en varias ocasiones, el CDC no lo había desvelado en su investigación en ningún momento.

 

El verdadero origen del virus

A pesar de que Dugas murió por insuficiencia renal y complicaciones derivadas de su enfermedad años antes de la publicación del libro, la historia parecía haberse empeñado en ofrecerle como diana. Sin embargo, finalmente la ciencia hizo justicia.

El origen de la epidemia estaba muy lejos de California. Una investigación genómica e histórica reveló que el virus había llegado de África al Caribe, probablemente a Haití en los años 60, y que desde allí se había propagado a la ciudad de Nueva York en 1970, funcionando esta como foco central desde donde la pandemia se transmitió por el resto de países.

Además, la innovadora reconstrucción de los investigadores Michael Worobey y Richard McKay demostró que el virus de las muestra de Dugas era muy diferente de los primeros que entraron en Nueva York desde el Caribe.

Una sola letra interpretada equivocadamente provocó la confusión con la expresión que hoy se usa de manera generalizada "paciente cero", un término que en la actualidad implica origen y multiplicación: Gaëtan Dugas no había sido ni el primer paciente ni el único que había contribuido a la propagación del sida. Tan solo era otra víctima más de la enfermedad.

Emma Fernández

Emma Fernández

Periodista especializada en ciencia y tecnología y graduada en Lenguas Modernas y sus Literaturas (Italiano).

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