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Éter, el nacimiento de la anestesia

El uso del éter como sustancia anestésica impulsó el desarrollo de la cirugía.

Recipiente éter
Imagen: Wikicommons

Antes del desarrollo de la anestesia, cualquier tipo de intervención quirúrgica, desde la punción de bultos hasta la amputación de miembros, resultaban muy dolorosas y se realizaban a costa del sufrimiento de los pacientes. En ocasiones se utilizaban sustancias como el alcohol, el opio o la mandrágora para crear ese estupor en el enfermo, tan necesario si se quería mitigar los dolores atroces provocados por la operación. Sin embargo, estos mecanismos de insensibilización no se utilizaban de manera sistemática, sino que se aplicaban a discreción del médico. Para presenciar el despegue de la anestesia médica, habrá que esperar al período decimonónico.

En la década de los 40 del siglo XIX empezó a utilizarse el éter como anestesia. Fue el doctor y farmacéutico norteamericano Crawford Williamson el primero en emplearlo durante la remoción de varios quistes en el cuello de un paciente. Corría el año 1842, pero el éter se había sintetizado por primera vez en 1540. Lo hizo Valerius Cordus, farmacéutico y doctor alemán, quien bautizó su creación como aceite de vitriolo dulce. Su uso médico fue limitado y, antes de los primeros experimentos de eterización de pacientes en el siglo XIX, la sustancia se había utilizado en el tratamiento de enfermedades como el escorbuto.

Antes de que se extendiese su uso en la cirugía y la terapia del dolor, algunas de estas sustancias narcóticas se utilizaron con fines recreativos. A partir de finales del siglo XVIII, el óxido nitroso, conocido popularmente como gas de la risa, había proporcionado horas de euforia y diversión entre las clases pudientes. Solía consumirse líquido en la medida de una onza, aunque también podía inhalarse los vapores empapando un pañuelo o una toalla en él, o respirar el gas contenido dentro de una bolsa. El gas de la risa provocaba un estado de embriaguez y entusiasmo frenético que a veces desembocaba en la pérdida de los sentidos, por lo que pasó de ser una sustancia intoxicante usada en el ocio a convertirse en una anestesia rápida y eficaz. En contextos médicos, se aplicó por primera vez durante la extracción de muelas.

Hinckley Ether
Imagen: Wikicommons

El término anestesia se acuñó en 1846, tan solo unos años después de los experimentos de Williamsom. Lo creó el doctor Oliver Wendell Holmes tras presenciar la intervención realizada por el dentista William T. Green Morton en el hospital de Boston. En esa demostración estomatológico, Morton probó que el éter permitía insensibilizar el paciente al dolor. De hecho, el vocablo anestesia significa «sin sensibilidad».

Mientras el éter ganaba terreno en la práctica médica y quirúrgica, empezaron a utilizarse otras sustancias con los mismos fines. El cloroformo se hizo todavía más popular que el éter tanto por la rapidez con la que actuaba como por resultar menos inflamable, aunque exigía buena mano a la hora de administrarlo. Podía ser fatal y causar la muerte al paralizar la función de los pulmones. La Guerra de Secesión americana (1861-1865), por otra parte, popularizó el uso del éter. Las heridas de guerra a menudo desembocaban en la necesidad de amputar las extremidades de los heridos y el éter mitigaba el dolor de forma eficaz. La guerra civil americana también contribuyó a que se desarrollasen técnicas de embalsamamiento que permitieron desplazar los cuerpos de los soldados muertos en batalla a sus lugares de origen.

Con la difusión de la anestesia también creció la adicción al éter y al cloroformo, junto a otras sustancias utilizadas, en origen, en contextos terapéuticos. Se abrieron debates sobre el grado de seguridad que ofrecían estas nuevas técnicas. Si bien los que se sometían a operaciones quirúrgicas y extracciones dentales bajo los efectos del éter admitían no haber sentido dolor alguno, no eran infrecuentes las complicaciones e incluso la muerte por la excesiva administración de estas sustancias. Esto llevó a investigar con minuciosidad nuevas técnicas de anestesia más seguras en las que incluían la aplicación de anestesia local y la administración intravenosa, así como la monitorización durante el proceso y el desarrollo de nuevas sustancias que relajasen y suprimiesen el dolor limitando los efectos secundarios.

Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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