Estos esclavos sobrevivieron quince años en una isla desierta

La tripulación logró escapar en una balsa, pero dejaron en la isla a los esclavos que pretendían vender. Quince años después, volvieron para rescatarlos.

 

Vieron desde la orilla cómo se alejaba la única embarcación disponible. La pequeña vela henchida por el viento pronto se perdió por el horizonte. Al frente solo quedó el mar. Los que echaron la vista atrás solo vieron arena, matorrales y, un poco más allá, más agua infinita. Les habían prometido que vendrían a rescatarlos, pero ha pasado mucho tiempo desde aquel día. Cada vez quedan menos con vida y desde la isla nunca han visto más que arena, matorrales y agua. La inmensidad hecha agua, sin embargo, ellos mueren de sed.

Contrabando de esclavos

El 17 de noviembre de 1760 zarpó un buque desde el puerto francés de Bayona. El barco, de nombre L’Utile, y sus 150 tripulantes pusieron rumbo a Madagascar en nombre de la Compañía Francesa de las Indias Orientales. Apenas habían empezado a tomar contacto con el mar cuando hicieron una escala en Pasajes, un pueblo guipuzcoano lleno de balcones que asoman al Cantábrico. Allí se embarcaron en L’Utile varios vascos, hombres de gran tradición marinera. Unos meses más tarde, habían bordeado el continente africano y echaron el ancla en un puerto de Madagascar.

Por aquel entonces seguía siendo un negocio rentable la venta de esclavos. Tanto era así, que Francia lo tenía como un monopolio por el que se necesitaba un permiso oficial para poder formar parte de este comercio. Pero allí donde existan leyes de comercio, existirá el contrabando. El capitán del Utile, Jean de Lafargue, y su tripulación, no tenían permiso para la trata de esclavos, pero no pudieron resistirse a pasar por delante del pastel sin darle un bocado. Además de otros productos, llenaron la bodega del barco con 160 malgaches para venderlos como esclavos en la Île de France, la actual Mauricio.

Sálvese quien pueda

Pusieron rumbo a su nuevo destino. Más de uno quizás fantaseó antes de tiempo acerca de lo que iba a ser con el dinero una vez vendida la mercancía. Pero los mapas consultados no dejaban muy clara la ruta. La noche del 31 de julio de 1761, L’Utile encalló en unos arrecifes. Era pleno invierno en el hemisferio sur del planeta, la embarcación empezó a hacer aguas mientras el viento y el oleaje se aliaron para llevarla a pique. La noche tuvo que ser de lo más intensa para aquellos que lucharon por salir con vida del naufragio. No todos tuvieron las mismas opciones, pues un grupo de esclavos murieron ahogados al no poder abrir las escotillas selladas con clavos. El amanecer les permitió ver que estaban cercanos a una pequeña isla, pero el cuaderno de bitácoras dejaba un testimonio terrorífico:

“La llegada del día y el avistamiento de tierra, que disminuyeron nuestros terrores, no aminoraron la furia del mar. Estábamos aterrorizados porque la popa destrozada del barco, en la que estábamos parados, se abría y cerraba a cada rato, cortando a más de una persona en dos”.

Una veintena de tripulantes y más de setenta esclavos murieron aquella noche. Los supervivientes nadaron hasta la pequeña isla y fueron rescatando todo cuanto pudieron del navío naufragado, sobre todo agua y víveres con los que poder sobrevivir mientras ideaban algún plan.

Vista aérea de la isla de Tromelin. Actualmente cuenta con una pista de vuelo para aeroplanos y una estación meteorológica. Wikimedia.
Vista aérea de la isla de Tromelin. Actualmente cuenta con una pista de vuelo para aeroplanos y una estación meteorológica. Wikimedia.

Un trozo de arena

No tardaron en descubrir dónde se encontraban. Habían naufragado en los arrecifes de la Íle des Sables, es decir, la Isla de Arena. Fue descubierta en 1722 por el francés Jean Marie Briand, y la bautizó con ese nombre porque, efectivamente, allí solo había arena y un puñado de arbustos. Situada a unos 450 kilómetros al este de Madagascar, esta isla no tenía fuente de agua potable, apenas alcanzaba los siete metros de altura sobre el nivel del mar en su zona más alta, y es que prácticamente era un banco de arena de algo menos de dos kilómetros de largo y cuatrocientos metros de ancho, constantemente azotado por fuertes vientos.

Los esclavos tuvieron que sobrevivir como pudieron. Los pocos víveres rescatados fueron racionados únicamente entre el centenar de marinos supervivientes. Según el cuaderno de bitácora:

“Unos 20 negros murieron al no recibir agua”.

Mientras tanto, todos los que se mantenían con vida se afanaron en construir una embarcación con los restos de madera rescatados del Utile. Lograron montar una balsa lo suficientemente estable como para emprender el viaje hasta la Isla de Francia. Pero claro, el espacio era muy limitado. Seis meses después de encallar en aquella isla, los tripulantes del Utile se embarcaron en la improvisada embarcación, pero dejaron a unos 60 esclavos abandonados en la isla. Les prometieron que volverían a por ellos, pero la espera se hizo demasiado larga.

El rescate más agónico

Los marineros fueron capaces de llegar hasta la Isla de Francia y allí avisaron al gobernador de su dramática historia. El gobernador no solo se negó a enviar un navío para rescatar a los esclavos abandonados, sino que les reprendió por comerciar de contrabando y los instó a no molestar con temas menores en plena guerra con Inglaterra (la conocida como Guerra de los Siete Años).

Así fue como los esclavos de la Isla de Arena quedaron en el olvido durante mucho tiempo. Sin agua potable, ni árboles de donde sacar madera, sin más opciones de comer que cazando aves, tortugas y peces. No fue hasta 1776, cuando un último intento del oficial de marina del Utile, Castellan du Vernet, fue escuchado por fin para acudir en rescate de los esclavos. El 29 de noviembre llegó a la Isla de Arena el Dauphine, capitaneado por Bernard Boudin de Tromelin. Solo quedaban con vida siete mujeres y un bebé de ocho meses.

Entre 2006 y 2013, un equipo de investigadores encabezados por Max Guérout han realizado una investigación sobre el suceso, con expediciones arqueológicas en la Isla de Arena, que fue rebautizada como Tromelin. Allí encontraron restos de tortugas, aves y peces cocinados. Los cimientos de unas viviendas adaptadas para resistir los fuertes vientos e incluso las grandes mareas que podían cubrir de agua casi toda la isla. Había un gran horno, utensilios que habían sido reparados infinidad de veces y los restos de un fuego que mantuvieron encendido durante los quince años que pasaron en aquel trozo de arena.

Referencias:

Ariz Sarasketa, L. 2022. La increíble historia de los esclavos náufragos que sobrevivieron quince años olvidados en el Índico. publico.es

Guérout, M. 2015. Tromelin. Mémoire d’une île. CNRS Éditions.

Fran Navarro

Fran Navarro

Historiador y escritor (esto último solo lo digo yo). El destino me reservaba una carrera de ensueño en el mundo académico, pero yo soy más de divulgar, hacer vídeos y contenidos culturales para que mi madre se entere bien de lo que hablo. De entre las cosas menos importantes de la vida, los libros son lo más importante para mí. Y como no hay nada mejor que conocer bien un asunto para disfrutarlo al máximo, hice el máster de Documentos y Libros, Archivos y Bibliotecas. Para esto y todo lo demás tengo Twitter: @FNavarroBenitez.

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