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Historias de tecnología

Esta batería lleva funcionando más de 180 años

Fue creada en 1825 y se sabe que desde 1840 funciona de forma ininterrumpida

En 1825, los fabricantes de instrumentos de precisión Watkin & Hill, de Londres, se inspiraron en los hallazgos de Luigi Galvani y Alessandro Volta (básicamente sus estudios sobre la naturaleza eléctricadel impulso nervioso) para crear una batería diferente, conocida como pila seca. En 1840 el físico y profesor de Oxford, Robert Walker, se interesó por ella, la adquirió y la donó para el vestíbulo del Laboratorio Clarendon de la Universidad de Oxford. Y allí ha estado, desde entonces, funcionando de forma ininterrumpida. ¿Cómo es posible?

La pila de Clarendon o batería eléctrica de Oxford, como también es conocida, está compuesta por dos campanas de bronce o latón colocadas sobre una pila seca. Entre ella se ubica un badajo (igual al de una campana) que repica entre ambas pilas de forma alterna debido a la fuerza electrostática. Cuando el badajo toca una campana, una de las pilas lo carga y lo repele hacia la otra y el proceso se repite. Al usar fuerzas electrostáticas no es necesario una gran cantidad de energía entre una y otra batería para impulsar el badajo y esa sería la razón por la cual lleva tanto tiempo funcionando. Solo hay un problema. Debido a que se trata de un objeto histórico único, comprender su funcionamiento significa abrirlo para analizarlo y eso no es posible ya que se interrumpiría el ciclo.

"No se sabe con certeza de qué están hechas las pilas, pero está claro que el revestimiento exterior es de azufre, y esto sella las células y el electrolito – señala A J Croft, físico del Laboratorio Clarendon, en un estudio publicado en el European Journal of Physics –. Se sabe de pilas similares a esta hechas por Zamboni, cuyas baterías estaban constituidas por unos 2.000 discos de estaño pegados a papel impregnado con sulfato de zinc y recubiertos por el otro lado con dióxido de manganeso”.

Cuando A J Croft menciona a Zamboni, se refiere a Guiseppe Zamboni, el físico y religioso italiano responsable de desarrollar la pila seca, una variante de la pila voltaica. Esta es una batería eléctrica que no usa un electrolito y consiste en una serie de discos de papel recubiertos con una lámina de zinc en un lado y dióxido de manganeso. También se puede utilizar plata, zinc o azufre para generar las corrientes de electricidad. La humedad del papel sirve como conductor y la fuerza generada por los discos es suficiente para repeler un objeto pequeño (en este caso el badajo de la pila de Oxford) de un lado a otro de forma constante.

Al ritmo al que oscila el badajo los expertos del laboratorio calculan que desde 1840 ha sonado unas 10 mil millones de veces, aunque su sonido es tan bajo y los dos cristales que la aíslan evitan que se escuche y por eso aún permanece en el vestíbulo.

Pero esta campana no siempre ha sido simplemente un objeto digno de curiosidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, los sistemas de visión infrarrojos se alimentaban con baterías de pila seca similares, porque era necesaria una fuente de electricidad portátil de baja corriente. Desafortunadamente, al no poder abrirla y estudiarla, este dispositivo no ha servido de inspiración a futuras baterías más duraderas, ni se ha utiizado como modelo para nuevos avances. 

Actualmente, la pregunta del millón es sencilla: ¿Cuándo dejará de sonar la campana? O mejor dicho: ¿Cuándo se agotará esta batería? De acuerdo con el estudio antes mencionado, realizado por Croft “resulta más probable que el badajo se desgaste por el uso continuo, que la energía electroquímica se agote”. Sea lo que ocurra primero, en ese momento podremos conocer el interior de la batería más longeva de la historia.

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