Émile Zola, escritor comprometido y fotógrafo apasionado

El novelista francés del siglo XIX, considerado el padre y principal representante del naturalismo, se entregó al arte fotográfico en sus últimos años de vida.

Émile Zola

Émile Édouard Charles Antoine Zola nació en París el 2 de abril de 1840 y murió en la misma ciudad el 29 de septiembre de 1902. Hijo de un ingeniero veneciano y una francesa, la temprana muerte de su padre sumió a la familia en graves problemas económicos y Émile tuvo que dejar de estudiar. Mientras trabajaba como dependiente en la librería Hachette, comenzó a escribir y a colaborar en las columnas literarias de varios periódicos. Coetáneo y amigo de artistas como Cézanne, Manet, Pissarro, Flaubert, Daudet, Maupassant y los hermanos Goncourt, su obra más ambiciosa fue el conjunto de 20 novelas agrupado bajo el título Los Rougon-Macquart (1871-1893), con el que hizo triunfar el movimiento llamado "naturalismo" –por su crudeza descriptiva y objetividad documental– y al que pertenecen libros como El vientre de París, Nana, Germinal, La tierra o La bestia humana, algunos de los cuales causaron en su momento notable escándalo.

Pero, para escándalo, el del famoso caso Dreyfus, en el que la implicación de Zola ha pasado a la Historia como un ejemplo de compromiso social y de defensa de los derechos humanos contra los prejuicios raciales y la razón de Estado. El capitán del Ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío alsaciano, fue injusta y arbitrariamente acusado en 1894 de un supuesto espionaje en favor de Alemania; condenado por el delito de alta traición a cadena perpetua, fue desterrado al penal de la Isla del Diablo (Guayana francesa). Las pruebas estaban completamente prefabricadas y mediatizadas por una campaña de prensa en su contra de carácter netamente antisemita. Las protestas auspiciadas por la familia, que estaba segura de su inocencia, abrieron un encarnizado debate en la sociedad francesa entre partidarios y detractores de Dreyfus, que pasó de los medios intelectuales y periodísticos a la calle (hubo disturbios y varios muertos). Y Zola, en enero de 1898, publicó en la prensa una carta abierta al presidente de la República, el famoso manifiesto Yo acuso (J'accuse...!) en defensa del capitán, que le valió un proceso por difamación, el exilio en Londres y muchas penalidades, pero que sirvió para que el caso fuese revisado ese mismo año: primero se le conmutó la pena a Dreyfus por diez años de trabajos forzados, luego fue indultado y finalmente, en 1906 –Zola ya había muerto–, sería declarado inocente y rehabilitado.

Mucho menos conocida que la política y la literaria es la faceta íntima del escritor... y su dedicación a la fotografía en la última etapa de su vida, que está directamente ligada a dicha intimidad. Zola estaba casado con una mujer algo mayor que él, Alexandrine Meley, con quien no había tenido hijos. Pero en 1888, durante unas vacaciones de verano en Royen, tuvieron lugar dos hechos trascendentales: sus amigos lo iniciaron en el arte fotográfico, que se convirtió en su pasión, en un modo de capturar detalles de esa realidad que tanto le importaba como novelista; y se enamoró perdidamente de Jeanne Rozerot, una costurera veintisiete años más joven que él que acompañaba a su esposa. Fueron amantes hasta la muerte de Zola, tuvieron dos hijos, Denise y Jacques, y el escritor llevó una doble existencia con sus dos familias (Alexandrine lo sabía y no quiso concederle el divorcio, aunque años después tuvo un gesto de gran nobleza: tras la muerte de Jeanne, adoptó a los hijos de su difunto marido para que fuesen herederos legales de su padre). Y, en ese tiempo, hizo más de 7.000 fotografías: de diversos acontecimientos, personas, paisajes, monumentos, viajes... y de su doble vida familiar.

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