El potlatch, prestigio y riqueza entre los indios americanos

La práctica del potlatch entre las tribus indias horrorizó a los colonos americanos. Te explicamos el porqué.

El término potlatch deriva de la jerga chinook y significa «dar, regalar». Alude a una práctica ritual común entre algunas comunidades indígenas de los indios que ocupaban el área del Pacífico noroeste de Norteamérica. Los potlatch se celebraban durante eventos de especial relevancia para los miembros del grupo o del clan, desde transacciones comerciales a iniciaciones, pasando por matrimonios, nacimientos y funerales.

Cada tribu o grupo realizaba el potlatch siguiendo sus propias tradiciones ancestrales, de manera que la práctica solía diferir de una comunidad a otra. En términos generales, solía caracterizarse por un banquete que se acompañaba de exhibiciones de música, competiciones, historias y danzas. El punto central de la ceremonia lo ocupaba la entrega de dones. Durante la realización del potlatch, se regalaban o incluso se destruían públicamente bienes de gran valor para demostrar el propio poder y riqueza del clan que lo organizaba. Esa capacidad de disponer sin perjuicio personal y con total libertad de las propiedades servía para demostrar un poder casi ilimitado que se manifestaba en el derecho de destruir, renunciar y prescindir de bienes de prestigio. Quien dispone libremente de sus propiedades hasta el punto de destruirlas públicamente demuestra una enorme capacidad de autoridad y dominio. También suponía un modo de ganar prestigio o de recuperar la credibilidad después de haber sufrido algún tipo de deshonra.

Al mismo tiempo, el potlatch funcionaba como un regulador de la riqueza. La redistribución y la destrucción de valor evitaba la acumulación excesiva de bienes en manos de unos pocos, lo que habría subvertido el orden social a través de una diferenciación marcada entre ricos y pobres. En cuanto expresión de las prácticas de reciprocidad social, en el potlatch demuestra mayor importancia social quien más destruye o da, no quien más acumula. Además de ser un modo eficaz de sustentar a los más desfavorecidos del grupo, esta práctica también introducía una componente de competitividad entre las distintas casas para producir más y, en consecuencia, disponer de un mayor volumen de bienes que repartir.

Curtis potlatch
Imagen: Wikicommons

La distribución de bienes se realizaba en base al rango de los participantes. Los bienes incluían canoas, láminas de cobre, comida, esclavos y, tras la ocupación europea del norte de América, mantas. Durante el potlatch también se podía entregar el derecho a ocupar uno de los asientos restringidos dentro de esa jerarquía cerrada o celebrar el nombramiento de un nuevo heredero de la casa. La ceremonia implicaba, por tanto, la validación del rango y del poder dentro del clan.

El antropólogo Franz Boas fue uno de los mayores estudiosos del potlatch entre los Kwakiutl, en cuya comunidad condujo investigaciones que cristalizarían en obras como La organización social y las sociedades secretas de los indios Kwakiutl (1897). Los Kwakiutl, por lo general, celebraban el potlatch con motivo tanto de matrimonios como de la incorporación de nuevos miembros en el grupo. La ceremonia la organizaba una casa o numayn. El término numayn sintetizaba un concepto complejo: se entendía como la unidad doméstica que comprendía tanto a los miembros relacionados entre sí por parentesco de sangre como los trabajadores y esclavos que vivían y trabajaban en la casa, además de incluir tierras y propiedades.

Cada numayn tenía un origen ancestral. Sus miembros se reconocían como descendientes de un animal mítico cuya máscara se conservaba y veneraba como prueba del origen y la identidad de la casa. Esa misma máscara se utilizaba durante las celebraciones del potlatch. La casa, además, mantenía su identidad a través de la narración de historias y el cultivo de tradiciones propias que servían para mantener viva en el recuerdo la genealogía del numayn.

El potlatch se ilegalizó en los Estados Unidos y Canadá entre finales del siglo XIX y principios del XX. Desde la perspectiva europea y la ética protestante del trabajo, en el que la acumulación de riqueza y la generación de plusvalía eran consustanciales al capitalismo imperante, esta ceremonia se consideraba dispendiosa y sin sentido. La economía del don del que el potlatch forma parte se oponía a los valores económicos europeos, pues rechazaba la acumulación y la especulación en favor de la redistribución.

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Erica Couto

Erica Couto

Historiadora y aprendiz de batería. Literatura y cine de terror las 24 horas. Las ruinas me hacen feliz

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