El origen de Nueva York

Como dijo el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, en 2017, 'New York will always be New York', Nueva York siempre será Nueva York. Sin embargo, no siempre lo fue.

Nueva York es un icono de la cultura occidental. Infinidad de películas transcurren en esta ciudad, alberga símbolos como Broadway o el Empire State Building y es, a la vez, referente del ser estadounidense y una excepción dentro del país. Por supuesto, no podía ser de otra manera, en gran parte debido a su origen más remoto. Como dijo el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, en 2017, “New York will always be New York”, Nueva York siempre será Nueva York. Sin embargo, no siempre lo fue.

Para estudiar la América antigua, dividimos el continente en algo que llamamos “zonas culturales”, cada una con unas particularidades a nivel geológico, biológico y cultural. Nueva York se encuentra en la zona cultural de los Bosques Orientales. Nos encontramos en el área comprendida entre los Grandes Lagos, parte de los Apalaches y la mitad norte de la Costa Este estadounidense y sur de la canadiense. La combinación del océano Atlántico y de los Apalaches crea un paisaje muy rico que ofrecía muchas posibilidades a los seres humanos, con los grandes bosques predominando en el paisaje.

 

Aquí se establecieron y desarrollaron sociedades complejas, que fueron las que encontraron los europeos cuando empezaron a explorar esta zona. Muchos son los nombres de los pueblos que habitaban aquí, algunos más conocidos que otros, como mohawk, delaware, micmac, ojibwa, hurón y un largo etcétera. Estos pueblos se agrupaban en confederaciones, una entidad política en la que cada pueblo estaba representado y que se basaba en el apoyo y protección mutuos. Dentro de estas confederaciones, las tribus estaban divididas en sociedades de castas o semicastas; esto es, los individuos mantenían su puesto en la jerarquía dentro de la que habían nacido, con poca o ninguna posibilidad de cambiar su condición. Por supuesto, cada pueblo tenía sus propias formas de organizar la sociedad. Otra característica de las confederaciones es que permiten el comercio a larga distancia, conectando de esta manera recursos de regiones muy dispares y permitiendo la circulación de productos, ideas y personas.

¿Por qué Manhattan?

El siglo XVII fue uno en el que el panorama mundial estaba cambiando de eje. Durante el siglo XVI, los señores indisputados de los océanos fueron Portugal y la Monarquía Hispánica: los unos con la ruta que rodeaba África y terminó llegando hasta Japón, los otros conectando Europa con América a través del Atlántico y América con Asia a través del Pacífico. Las otras potencias europeas también querían contar con territorios ultramarinos y arrebatar el control del comercio a los ibéricos, por lo que Inglaterra y las Provincias Unidas (los actuales Países Bajos, llamados Holanda de forma popular), y Francia en menor medida, se lanzaron al mar, empezando a tener éxito a comienzos del siglo XVII. Centrémonos en los Países Bajos. Para gestionar los asuntos ultramarinos, enfocados en Asia, donde ya habían comenzado a establecerse y minar el dominio ibérico, se funda la VOC, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, en 1602, mediante la cual el gobierno de las provincias dejaba la gestión de los enclaves asiáticos en manos privadas, con gran autonomía y potestad sobre ellos. Los ingleses les llevaban algo de ventaja en ese campo; pero su principal rival no era otro que Portugal, que tenía un dominio consolidado de la zona.

Uno de los modos de conseguir ventaja sobre los demás competidores era encontrar una ruta más rápida hacia el mar de China. Hasta ese momento, las formas de llegar a China por mar desde Europa eran rodeando África o América del Sur, ambos viajes muy largos y peligrosos. Se especulaba que existía un paso por el noroeste que permitiría rodear América del Norte y llegar al Pacífico, acortando el viaje y evitando a los ibéricos, que tenían el control de África y el resto de América. La VOC le encargó la tarea de encontrar dicho paso a un inglés, Henry Hudson, que se embarcó en el Half Moon en 1609 y dedicó el resto de su vida a aquella empresa. En su primer viaje, llegó a lo que hoy día es Nueva York y exploró la zona, remontando el río que actualmente lleva su nombre. Esta región ya se había explorado hacía casi un siglo, pero había caído en el olvido, y en esta ocasión la VOC consideró que era un lugar estratégico para establecer un enclave comercial. Se bautizó al territorio entre los ríos Hudson y Delaware como Nieuw-Nederland, Nuevos Países Bajos, y su administración quedó bajo el mando de una compañía privada: la Compañía de la Nueva Holanda. De esta manera comenzaron a formarse factorías en el río Hudson centradas en el comercio de pieles, provistas por los mohawk.

En 1621, las compañías neerlandesas que gestionaban los territorios americanos se funden en una sola, la WIC, la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, al modo de su pareja, la VOC. Su fin era socavar el poder de los hispanos en América, especialmente el Caribe, atacando sus rutas marítimas a la par que aseguraban sus rutas entre América y África. Los neerlandeses no estaban solos en la Costa Este: los ingleses habían fundado Jamestown al sur en 1607, y Plymouth al norte en 1620; y los franceses habían entrado aún más al norte por el río Saint Lawrence, que nace en el lago Ontario, fundando Quebec en 1608. Por este motivo, los neerlandeses debían actuar si no querían quedarse sin su pedazo del pastel, y la WIC estableció asentamientos en las zonas fronterizas como forma de limitar la expansión de sus competidores, a la par que se iba poblando Manhattan.

En 1626, el director Peter Minuit compra la isla a los indígenas por el precio de 60 florines, que al cambio son unos 24 dólares. Por supuesto, esta cifra en su momento era mucho más significativa, por lo que no es cierto que los indígenas fueran engañados: por la cantidad de tierra que era, les pagaron poco menos de lo que se pagaba entre europeos, y parece ser que quien recibió el pago ni siquiera era el que controlaba el mayor territorio, pues varios pueblos ocupaban la isla. Fuera como fuese, los neerlandeses tenían ahora un contrato que dictaminaba que la isla era suya, por lo que Minuit fundó Fort Amsterdam en la punta meridional de Manhattan con el fin de convertirlo en el puerto que les conectase con el resto del mundo: había nacido lo que décadas después sería Nueva York.

Relaciones europeos-indígenas

Como decíamos, no es verdad que los europeos engañaran a los indígenas en este caso. Es más, quienes no obtuvieron lo que esperaban fueron los neerlandeses. Ellos pensaban que, una vez realizado el pago, los indígenas se marcharían, pues les habían comprado las tierras. Sin embargo, no fue eso lo que sucedió, ni lo que habían entendido los indígenas: según su mentalidad, los que ocupaban la tierra recibían el pago a cambio de permitir a los recién llegados quedarse en ella y compartirla, y ambos se comprometían a apoyarse en caso de ataque por un tercero. Esto confundía a algunos colonos, que denunciaban que le habían comprado un trozo de tierra a un indígena, pero este no se marchaba y entraba en sus casas. Para ellos, ese era el trato.

Por lo general, las relaciones fueron buenas. Desde luego, mucho mejores que las que mantuvieron sus vecinos franceses e ingleses. Mientras que los franceses, en un principio, les respetaron aunque no se mezclaron, y los ingleses los fueron desplazando, los neerlandeses toleraban a los indígenas. Pronto se dieron cuenta de que no eran muy diferentes a ellos, incluso los comparaban con otros pueblos europeos, y convivían en el mismo espacio. No eran raros los matrimonios mixtos, y los colonos europeos comprendieron la sabiduría de las prácticas de los indígenas en ciertos campos y aprendieron de ellos técnicas de caza, formas de cultivar la tierra e incluso sus lenguas. Un gran ejemplo de esto es Adriaen van der Donck, un joven jurista que mostró gran interés por los indígenas, especialmente los mohawk, cuya lengua aprendió y cuyos territorios recorrió.

Trágicamente, Van der Donck murió en un ataque indígena en 1655, pues no todo era paz. Como vimos, el conflicto estaba muy presente en la América pre-europea, y la llegada de un nuevo jugador al terreno, los neerlandeses en este caso, suponía una nueva fuerza a tener en cuenta. Los neerlandeses buscaban cultivar buenas relaciones, como con los mohawk y el comercio de pieles antes de la fundación de Fort Amsterdam. Otro pueblo con el que tuvieron buenos tratos fueron los mohicanos, tribu perteneciente a la Confederación Algonquina y enemiga de los mohawk, que eran parte de la Confederación Iroquesa. Estos pueblos reorganizaron su modo de vida para centrarlo en el comercio con los europeos, y los mohicanos desplazaron sus asentamientos para acercarlos a los de los neerlandeses. Las relaciones prosperaron y eventualmente les pidieron ayuda para hacer frente a sus enemigos. En la reunión en la que se decidía qué hacer, los mohawk atacaron, matando al menos a un neerlandés. La decisión de participar en ello fue del director de la colonia a título personal, pues la WIC recomendaba no interferir en los asuntos indígenas. Su política se resumía en no inmiscuirse en asuntos locales, no engañarlos y tener buenas relaciones.

La capital de la colonia era Nueva Ámsterdam, en la punta sur de Manhattan, en torno a Fort Amsterdam, del cual se conservan algunos restos a día de hoy. El perfil de los colonos era muy variopinto. Desde las Provincias Unidas se buscaba promover la emigración, pero las cosas marchaban bien en casa y la idea de irse a un lugar como Nueva Ámsterdam no era muy prometedora. Por ello se implementaron medidas y sistemas para hacer la colonia más atractiva a la inmigración. Aun así, la falta de migrantes llevó a abrir la colonia a prácticamente todo el mundo, de forma que en torno a un 20% de la inmigración que llegó no era neerlandesa. Para hacernos una idea, en 1643 se hablaban 18 lenguas en Nueva Ámsterdam. Debido a esta variedad, otro rasgo que nos puede resultar llamativo para la época es la tolerancia religiosa. Había libertad de credo y culto: se entendía la religión como un asunto individual, y por tanto cada cual era libre de ejercer la de su preferencia. Con esta idea chocó quien fue el último director de la colonia, Peter Stuyvesant. Este era un hombre veterano, que había hecho carrera en los dominios caribeños de las Provincias Unidas, donde las circunstancias eran bastante diferentes. Por ejemplo, en el Caribe los ibéricos tenían bastante presencia, por lo que la lucha entre protestantes y católicos estaba presente. Stuyvesant, militar curtido en batalla, llegó a Nueva Ámsterdam con intención de gobernar con disciplina, y para conseguir la homogeneización de la población y restaurar la buena moral perdida tras la guerra de Kieft trató de imponer la Iglesia reformada neerlandesa como única fe permitida. Al igual que le pasó a Kieft, se encontró con la oposición de colonos y de la WIC, por lo que no pudo llevar a cabo su reforma. A pesar de ello, no cejó en sus intentos y trató de conseguir la expulsión de los judíos y persiguió a los recién fundados cuáqueros.

Si nos fijamos en la planta de Nueva York, podemos apreciar cómo, en líneas generales, sigue un trazado en damero, con calles paralelas que se cruzan con calles perpendiculares. Pero a medida que nos acercamos hacia el extremo sur de Manhattan vemos cómo la orientación de las calles cambia, aunque mantengan el paralelismo, y en algunos puntos no existe. Esto se debe a que en un primer momento se hizo una división en parcelas regulares, pero las diversas condiciones del suelo llevaron a los primeros ocupantes a modificarlas; de ahí el trazado irregular en esa zona. Como parte del programa de incentivos para atraer a los colonos, en 1630 se implantó el sistema de patroons, mediante el cual se le entregaba un terreno a aquel que llevase o enviase a la colonia a 50 colonos mayores de quince años. El patroontenía la autoridad en su tierra: bajo su cargo estaban las jurisdicciones civil y criminal, la exclusividad de la caza y la pesca, la participación en el comercio peletero y la recepción de un pago anual por parte de los colonos que ocuparan su tierra, los cuales debían permanecer diez años en ella, usar el molino del patroony venderle sus productos. A cambio, este debía proveer a los colonos con materiales de construcción, herramientas, esclavos negros, un maestro de escuela y un sacerdote. Esto daba bastante autonomía a los patroons, lo que les llevó a chocar en ocasiones con la WIC. Sin embargo, este sistema no trajo los resultados esperados: la población no creció significativamente, pero sí dio a pie a una oligarquía que mantendría sus privilegios hasta 1840. Lo que sí atrajo a más gente fue la liberación del comercio de pieles y explotación del suelo, en manos de los patroonshasta 1653.

Conflicto con los ingleses

Como sabemos a posteriori , los grandes ganadores en esta región fueron los ingleses. Una vez resueltos sus problemas a nivel interno y en Europa, comenzaron a centrarse en expandir sus territorios. Hasta el momento habían tolerado la existencia de Nueva Ámsterdam, pero ya no más: en el sistema colonial inglés, los tratos que tenían los neerlandeses con los indígenas carecían de valor al ser estos inferiores. Por ello consideraban que las tierras de la colonia neerlandesa estaban sin reclamar y les pertenecían por derecho y superioridad moral. De esta manera, los ingleses invadieron y controlaron la colonia en 1664. Hay que decir que los colonos no apoyaron al gobierno, por lo que este claudicó y entregó la ciudad. Al año siguiente estalló la segunda guerra anglo-neerlandesa y en 1667, con la firma del Tratado de Breda, las Provincias Unidas renunciaron a sus pretensiones sobre los Nuevos Países Bajos a cambio de posesiones en el Caribe. Los ingleses rebautizaron la ciudad como Nueva York y permitieron que los colonos neerlandeses permanecieran en ella, manteniendo sus derechos y libertades. Entre 1673 y 1674 la ciudad volvió a ser neerlandesa, cuando fue tomada en el marco de la tercera guerra anglo-neerlandesa, pero a su fin le fue devuelta a Inglaterra, consolidando el nacimiento de Nueva York como una ciudad muy particular entre las colonias británicas, y también a día de hoy.

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